Agosto 31, 2025 -HC-

¿Invierno demográfico?


Domingo 31 de Agosto de 2025, 10:15am






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El primer Censo llevado a cabo en Bolivia fue en 1831 y arrojó como resultado que en el país vivían 1.088.768 habitantes (sin contar con pueblos indígenas). En 1837 Dalence refiere que el país contaba con 2.133.893 habitantes (incluidos pueblos indígenas que –calculó– llegaban a unos 760.000). Así que Bolivia nació como un país bastante despoblado pues en promedio tenía una densidad de 0,8 habitantes por kilómetro cuadrado. Los países circundantes tenían una situación similar con excepción de Brasil, que en 1872 registró 9.930.478 habitantes.

Ser un país despoblado y con un territorio tan amplio le ha traído a Bolivia más de un problema: la imposibilidad de poblar espacios fronterizos, el poco acceso a mano de obra, la incapacidad de generar una industria de consumo interno, entre otros.

Para solucionar el problema, todos los gobiernos latinoamericanos impulsaron políticas migratorias atractivas para promover la llegada de “europeos industriosos”. El territorio más beneficiado fue Argentina, pero el resto de países no tuvo tanto éxito en atraer extranjeros, especialmente Bolivia.

Así que pasamos buena parte de nuestra historia con escasos habitantes, pero no porque no hubiera nacimientos sino por la alta mortandad materno-infantil. En el siglo XIX se sumaban a ello pestes y hambrunas, que eran cosa común en parte debido a la ausencia del Estado, así dice Dalence: “La tos y la viruela en las punas destruyen un gran número de los niños y las fiebres arrebatan prematuramente la vida de un número considerable de niños y adultos de los valles y yungas”.

En el mismo siglo, la inestabilidad política y los conflictos violentos por el poder también mermaban la población. Dalence advierte también que “son muy desiguales las proporciones en que la población se halla distribuida”.

El siglo XX trajo mejoras en las condiciones de vida de las personas y la población se fue elevando; las políticas migratorias hallaron una mejor respuesta con la migración de japoneses y menonita, que se asentaron en colonias ubicadas en el oriente del país. Sin embargo, no fue suficiente y para el censo de 1992 habíamos llegado a ser tan solo 6.420.792 habitantes, algo con lo que –a esas alturas– ya habíamos aprendido a tener como una característica del país.

La buena noticia es que éramos una población joven y lo seguimos siendo hasta bien entrado el siglo XXI. Ello permitió que, aunque fuéramos pocos, nuestra pirámide poblacional se encontrara equilibrada.

Las políticas públicas aplicadas por el gobierno del MAS bajaron significativamente los índices de mortandad materno infantil en el país. Mientras en el año 2000 se registraban cerca de 390 muertes por cada 10.0000 madres y 66 por cada 1.000 bebés; para 2020 esas cifras bajaron a 155 mujeres y 24 niños fallecidos bajo los mismos parámetros. Todavía un país joven, Bolivia, no se preocupaba por el envejecimiento de su sociedad.

Sin embargo, hace un par de días salieron los datos del Censo que, como todo dato proporcionado por el gobierno, ha despertado suspicacias y comentarios de todo tipo. Pero el dato que ha preocupado a algunos expertos es que, por primera vez, nuestra pirámide poblacional ya no está equilibrada, pues la cantidad de habitantes de entre 0 y 4 años es alarmantemente menor a la de otros grupos. Quiere decir que están naciendo menos niños, algo que no había pasado nunca en nuestra historia.

¿Esto debería preocuparnos? Primero, es una tendencia mundial, en países como Japón y China –que además históricamente fueron países superpoblados– ya se está sintiendo el envejecimiento de la población por la negativa a tener hijos por parte de las nuevas generaciones. En algunos casos por la cuestión económica, pues la gente de hoy se toma muy en serio la paternidad y, a diferencia de otras generaciones, que a menudo criaban a sus hijos con grandes carencias, el objetivo de los padres de hoy es proveer a sus hijos de todo lo que les haga falta e, incluso, más.

La otra variable es que muchos jóvenes prefieren un estilo de vida más despreocupado, libre de ataduras y, en el cual, sus ingresos puedan ser invertidos en sí mismos y no en niños.

El especialista Carlos Aranda advierte que, si la tendencia observada en el censo de 2024 no se revierte, en unos 30 años el país tendrá una numerosa población envejecida y una base reducida de jóvenes en edad de trabajar. No queremos eso porque afectaría directamente en nuestra economía.

Acostumbrados como estamos al inmediatismo, a muchos les parece que 30 años es mucho tiempo y que no es necesario tomar medidas… eso también dijeron en 2014, cuando nuestro déficit fiscal crecía incómodamente y miren cómo estamos ahora.

En resumidas cuentas: no deberíamos preocuparnos sino ocuparnos. Quiero aclarar, empero, que este artículo no es una crítica a quienes decidieron no tener hijos. No es su culpa y no deberían sentirse mal por estos datos; todo lo contrario, es muy respetable que la población no tenga hijos sólo por poblar el globo. Esta es una llamada de atención al Estado que no está haciendo atractivo tener hijos, quizás porque parte de sus políticas públicas han incluido que autoridades quisieran jugar a los sementales y tuvieron hijos con varias mujeres, abusando de su poder.

No señores, hemos de tomar medidas serias y positivas para que Bolivia siga siendo un país joven y quienes somos viejos ya podamos sonreír al verlos crecer y pensar que existe un futuro para ellos.

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