La reciente creación del “Centro de Gobierno para modernizar el Estado y medir resultados de gestión” ha sido presentada como un avance significativo en la administración pública boliviana. Y lo es. Introducir metodologías de gestión por resultados, fortalecer la coordinación interinstitucional y promover el uso de datos para la toma de decisiones son pasos necesarios en cualquier proceso de modernización estatal.
Sin embargo, sería un error confundir un avance administrativo con una verdadera transformación digital del Estado. Bolivia no necesita únicamente nuevas unidades de coordinación; necesita liderazgo estratégico con capacidad de decisión, visión de largo plazo y autoridad transversal. Y eso solo puede lograrse mediante la creación de un Delegado Presidencial de Innovación y Tecnología.
Hoy, la realidad es evidente: cada institución pública desarrolla sus propios sistemas, contrata sus propias soluciones tecnológicas y define sus propios estándares. El resultado es un Estado fragmentado, con plataformas que no se comunican entre sí, inversiones duplicadas y una ciudadanía que debe peregrinar entre oficinas porque la información no fluye. Ningún centro de gobierno, por bien intencionado que sea, puede corregir esta dispersión si no cuenta con poder normativo ni jerarquía suficiente para ordenar el ecosistema digital del país.
Desde FUNDETIC creemos que la transformación digital no es un proyecto técnico; es un proyecto político. Requiere autoridad para definir estándares obligatorios, impulsar la interoperabilidad, garantizar la ciberseguridad nacional, supervisar proyectos estratégicos y asegurar continuidad más allá de los ciclos gubernamentales. Requiere, además, la capacidad de articular al sector privado, la academia, la sociedad civil y la cooperación internacional en un ecosistema de innovación pública.
Por eso, la figura de un Delegado Presidencial de Innovación y Tecnología no es un capricho institucional. Es una necesidad estructural. Solo una autoridad con rango presidencial puede liderar una estrategia nacional coherente, evitar la duplicación de esfuerzos y asegurar que la modernización del Estado no dependa de voluntades aisladas, sino de una política pública sostenida y medible.
Reconocer el avance del nuevo Centro de Gobierno es justo. Pero también es indispensable señalar que, sin un liderazgo centralizado y con poder real, la modernización seguirá siendo parcial, lenta y vulnerable a los cambios políticos. Bolivia está lista para dar un salto cualitativo en su gestión pública. Lo que falta es la decisión de colocar la innovación y la tecnología en el corazón mismo del Estado.
La modernización no se decreta: se lidera. Y ese liderazgo debe nacer desde el más alto nivel.
Luis Sergio Valle, presidente de la Fundación FUNDETIC Bolivia
///



