¿Qué es lo primero que se viene a la cabeza cuando se habla de Tarija?, no son plazas ni monumentos, sino la uva bajo el sol tarijeño. Y no es casualidad, el oro de este departamento es líquido. El mapa económico de esta región ha cambiado en los últimos años. Fue uno de los tres núcleos más importantes de la explotación y exportación de gas natural, pero hoy es el centro vitivinícola del país. No hay dudas, la de la viña es una cadena productiva que involucra a miles de hogares Y se podría ejemplificar con el corazón, si este deja de latir, la economía tarijeña se paraliza.
“El sector vitivinícola para Tarija es el sector más importante después de los hidrocarburos. Genera movimiento económico, empleo y oportunidades de negocio”, sostiene Efraín Rivera, secretario de Desarrollo Productivo de la Gobernación de Tarija.
La industria vitivinícola da sustento a aproximadamente 5.000 familias tarijeñas. Por eso, la protección e incentivo a la cadena de la vid es una política de Estado y es prioridad de la gobernación del departamento. Tarija es el mayor productor de uva de Bolivia con más del 80% de las aproximadamente 5 mil hectáreas cultivadas en todo el país. El complejo industrial vitivinícola del departamento incluye a más de 57 comunidades y 15.000 trabajadores directos e indirectos.
Los datos son relevantes: desde la Gobernación, se indica que tienen registradas 54 bodegas, de las que doce bodegas son grandes y resaltan por la tecnología. “Tenemos una capacidad instalada en este momento en las bodegas para producir 25 millones de litros. Y una producción en este momento de 9,5 millones de litros”, revela Rivera.
Asimismo, la Gobernación calcula que esta cadena de cultivo de uva, producción de vinos y singanis genera alrededor de 120 millones de dólares anuales sin contar el turismo.
La producción de uvas para el consumo también es relevante. El vocero de la cadena Uva, Vino y Singani, José Luis Sánchez, informa que, cada día, se envían hasta camiones con 400 a 600 cajas de uva a mercados como Santa Cruz, Cochabamba y La Paz.
Según los reportes de la Asociación Nacional de Productores Vitivinícolas (Anavit), el valle central de Tarija posee 3.200 hectáreas de viñedos, con una capacidad de producir un total 1.214.120 quintales de uva.
La relevancia de la industria vitivinícola boliviana trasciende el mercado externo. Con el singani boliviano, destilado que goza de una Denominación de Origen, se sostiene una compleja maquinaria económica, expone Rhijanet Alba Leyton, desarrolladora Nacional de Trade Marketing.
Actualmente, Tarija abastece el mercado interno como resultado de la alianza entre empresas y pequeños productores. En ese contexto, las bodegas tienen el objetivo de expandirse más al mercado externo, con el singani boliviano y los vinos de altura.
En los últimos años, el esfuerzo de las bodegas y destilerías logró que Bolivia gane medallas de gran oro, oro y plata, reconocimientos que certifican la calidad de la producción nacional ante el mundo, subraya Fernando Galarza, gerente ejecutivo de la Asociación de Vinos y Singanis de Bolivia.
Las familias productoras
En entrevistas con las grandes empresas de vino y singani, la respuesta es unánime: todas trabajan en pequeño o gran porcentaje con familias que se dedican a la producción de uvas. Son matrimonios que aprenden el oficio como una herencia de los padres y de los abuelos.
Los productores inician su jornada antes de que el sol llegue a las plantaciones en el Valle Central y su trabajo se extiende hasta la noche, ya que hay variedades deben ser recolectadas en jornadas nocturnas.
Y el enoturismo
El futuro económico de Tarija tiene el impulso del enoturismo. Las visitas a los campos de vid, bodegas y destilerías son uno de los motores de desarrollo regional, resalta Galarza. Los sabores de los vinos y singanis bolivianos no tienen par y por eso los turistas buscan conocer de cerca los procesos de producción y descubrir la historia detrás de cada etiqueta.
La Gobernación de Tarija estima que el turismo genera un movimiento económico de aproximadamente 40 millones de dólares anuales. Y ha contabilizado una afluencia de aproximadamente 100.000 visitantes por año.
De los visitantes que el 5% son extranjeros, provienen de Argentina, de ciudades como Buenos Aires y Córdoba. Y se distingue cada vez más la afluencia masiva desde Jujuy, Salta y Tucumán, el norte del vecino país.
Los visitantes se ven favorecidos por un tipo de cambio que beneficia al turista extranjero, haciendo que casi todos los hoteles queden ocupados durante feriados. La promoción para ubicar a Tarija como un destino atractivo crece con el método de “boca en boca”.
En ese contexto, una de las prioridades de Tarija es consolidar a la “Ruta del Vino” como un destino internacional, tomando en cuenta que toda esta dinámica genera un efecto multiplicador en el hotelería, la gastronomía y los guías locales, el mercado central y hasta el servicio de transporte público y taxis.
Los visitantes extranjeros encuentran en la región una opción accesible y atractiva, especialmente en las rutas Valle de Concepción y Santa Ana, donde la cultura de la cata de vinos y singanis se ha vuelto el principal atractivo. En estas zonas, también participan pequeños productores, quienes invitan a degustaciones artesanales.
Dos enormes desafíos en el camino
Ahora bien, el motor económico de Tarija hoy enfrenta desafíos importantes, como el hacer frente al cambio climático y competir en desigualdad de condiciones en el mercado internacional.
Aparte de la crisis climática, que se manifiesta con heladas, granizadas y sequías, se suma a la aparición de nuevas plagas que amenazan el rendimiento de los viñedos. Ante esta situación, la Gobernación de Tarija ha desplegado a los técnicos del Centro Vitivinícola Tarija (CEVITA) para dotar al productor de herramientas preventivas.
La Gobernación de Tarija, bajo la gestión de Adrián Oliva, trabaja con los diferentes productores para hacer una nítida realidad el reto de trabajar en la exportación, consolidando los mercados y descubriendo otros.
A pesar de la alta calidad y los reconocimientos internacionales, el sector vitivinícola boliviano enfrenta un escenario complejo para la exportación de sus productos. Galarza menciona que las condiciones actuales para la exportación son difíciles y costosas, debido principalmente a la ausencia de marcos legales que por ejemplo reduzcan los aranceles de otros países.
"No tenemos acuerdos comerciales con los países a los que queremos llegar. Nos gustaría exportar a Estados Unidos, Europa o Asia, pero al no contar con estos tratados, nuestra competitividad se ve seriamente afectada frente a vecinos como Argentina y Chile, que sí los tienen", explica.
Al final, lo que sostiene a Tarija no son solo las grandes bodegas o las cifras de exportación, sino el esfuerzo de cada familia que cuida sus parras día a día. Aunque todavía quedan retos por resolver y mercados que conquistar, el camino está ahí. Tarija ha decidido cambiar su destino y apostar por lo que sabe hacer mejor: producir calidad desde la tierra.
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