Junio 22, 2026 -HC-

El ángel amateur


Lunes 22 de Junio de 2026, 8:30am




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El Indio Solari está cantandolé a Lionel Messi desde el cielo y el infierno su premonitorio “ángel amateur”: “Empiezo por el final, terminaré en el principio” para continuar con el augurio “yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí, sólo seguir cantando”.

Cada vez que repasamos lo que hace Messi para no dejar de ser amateur, ese que ama vocacionalmente lo que hace, me convenzo más que con su esencia ha logrado ponerle una frontera a su cerebro para separar la fama y el dinero del espíritu con el que el genio nacido en Rosario se desplaza en los tapetes verdes en los que el juego de once contra once se hace prosa y poesía (Pier Paolo Pasolini) gracias a esa capacidad que tiene de honrar al más grande título de un libro futbolero: “La dinámica de lo impensado”(1967) de Dante Panzeri.

¿A alguno de nosotros, seguidores persistentes del juego, se nos pasó por la cabeza que Messi empezaría por el final anotando un triplete en el debut contra Argelia en su sexto mundial para terminar en el principio como cuando debutaba el 16 de noviembre de 2003 con la camiseta del Barcelona a los 16 años? Creo que a nadie, y menos a esa caterva de detractores que siguen esperando vanamente que se produzca el tropezón que le ponga fin a su carrera, ahora que tiene 38 años jugando su sexto mundial.

Los que le llaman extraterrestre o ángel caído del cielo, se equivocan. Messi, desde su inalterable cotidianidad de hombre normal, con la sencillez del que rehúye la ostentación, ha sido tan terrícola durante toda su carrera que primero se hizo especialista en fracasos con la celeste y blanca, como alguna vez se autodefiniera el ahora seleccionador de Uruguay, Marcelo Bielsa, masticando las amarguras de la derrota, claudicando y renunciando a continuar en la selección argentina en 2016 y retornando desde la tristeza para reactivar el incierto desafío de intentarlo otra vez.

Ya lo había ganado todo con los blaugranas y como siempre recuerdo, cristalizando esa santísima trinidad junto a Xavi e Iniesta con los que no se cansaba de dibujar triangulaciones y hacer de cada juego una fiesta en la que la calidad desembocaba en goles y trofeos levantados.  

Cuando Lionel Scaloni se hizo cargo de la albiceleste, acompañado por ese puñado de talentosos que conforman su cuerpo técnico –Pablo Aimar, Wálter Samuel, Roberto Ayala—provenientes de la generación formada por José Pekerman, estaba arribando un desconocido al que gran parte del periodismo argentino le cantó el réquiem de la subestimación y el menosprecio.

Les tapó la boca a los pájaros de mal agüero –desde entonces a la selección muchos le llaman la escaloneta--, aplicando el “uno para todos y todos para uno” de Los tres mosqueteros. Ningún otro predecesor parecía haber asumido plena conciencia de que la fórmula consistía en una dinámica de dar-recibir con Messi jugando para el equipo y simultáneamente los compañeros jugando para Messi, esto es, produciendo la circularidad de lo colectivo y lo personal, con trabajo táctico y autorización de libertad para las expresiones de talento individual, no sólo del 10, sino de todos sus compañeros como sucedió con esa obra de arte que es el segundo gol anotado por Angel Di Maria frente a Francia en la final de Qatar 2022 luego de una secuencia de precisión en velocidad producida por Nahuel Molina, Lionel Messi, Julián Alvarez, y Alexis MacAllister

La perfección futbolística alcanzada por Messi, la única perfección hoy verificable por quienes se ufanan de apreciar el juego en profundidad, pasa por su ausencia del partido jugado frente a Brasil (4-1) por eliminatorias (25 de marzo de 2025). Argentina ofreció entonces una exhibición de solidez táctica notable, pero sobre todo un repertorio de exquisiteces técnicas de sus intérpretes. Fue en ese partido que se confirmó que la “Messi dependencia” era cosa del pasado amargo, produciéndose otro hecho inusual: Messi, inspirando a sus compañeros desde afuera de la cancha, demostró que también se puede ser el mejor en esa aparente contradicción de ser sin estar.

En su debut en este mundial 2026 frente a Argelia, el úlitmo campeón del mundo, obligado por el buen manejo de pelota de la selección africana intentando imponer superioridad en el medio terreno, tuvo que emplear recursos de repliegue y disciplina defensiva que le dieron apariencia de lentitud, ensayando de manera inusual, salidas de balón saltando líneas con largos envíos a cargo del guardameta Emiliano Martínez a contracorriente de una Argentina acostumbrada al control casi absoluto de las acciones en el desarrollo de un partido, que habitualmente sale del fondo con el primer pase a cargo de alguno de los centrales, en este caso Cristian “Cuti” Romero o Lisandro Martínez.

Con la madurez acumulada ejerciendo su condición de gran ganadora en Qatar, Argentina hizo de la perfecta combinación entre pausa y repentización, el expediente de cómo jugar sin ansiedad igual de bien con la posesión de la pelota así como con la pérdida y la búsqueda de recuperación que permitieron las fantasmales irrupciones del ángel amateur para batir la portería del hijo del gran Zinedine Zidane (Luca), ahora más argelino que francés.

Así Argentina inició su andadura en esta Copa del Mundo, como si su tercera final ganada hubiera sucedido hace quince días: La mayor parte de los futbolistas de hace cuatro años estaba en la cancha del Kansas City Stadium repleta de argentinos y argentinas de todas las edades delirando con ese elenco que por si fuera poco, se ha tomado tiempo para contener a su líder histórico, afectado por una enfermedad comprometedora que está padeciendo su padre, internado en una clínica.

Cuando se pensaba que en este torneo tendríamos a un Messi otoñal, sucedió lo  contrario porque como bien dice Aimar, “con el nos acostumbramos a lo extraordinario”.

Ahora toca Austria (lunes 22 de junio 13:00 HB), contra la que podría jugar otro partido memorable, pero no se descarta que en algún momento no brille como todos lo esperamos. No tiene importancia. Ya lo hizo todo por el fútbol en todas sus dimensiones. Lo único seguro es que saltará al campo de juego para decirnos, otra vez, que quiere seguir compitiendo como nadie, hasta cuando quiera y es que como   lo dijera el delantero británico Jack Grealish (Everton) “Messi les recuerda a todos la diferencia entre la fama y la grandeza.”

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