“Trágico accidente” fue el calificativo del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, al bombardeo de su ejército a un hospital en el sur de la Franja de Gaza, donde por consecuencia fueron asesinadas 21 personas, entre ellos cinco periodistas, además de médicos y socorristas.
Mohammad Salama, camarógrafo de Al Jazeera; Hussam al-Masri, colaborador de Reuters; Mariam Abu Dagga, colaboradora de AP y otros medios durante toda la guerra; Moaz Abu Taha, periodista independiente; y Ahmed Abu Aziz, también periodista independiente de Middle East Eye; son los nombres que manchan, una vez más, el genocidio propiciado por Israel en contra de Palestina.
Marian Abu Daga era la única mujer de esta lista, que con tan solo 33 años ya había escrito su testamento, dejando un mensaje para su pequeño hijo de 13 años: "hazme sentir orgullosa... alcanza el éxito y brilla”.
¿Pero realmente fue un accidente? Cuando el Primer Ministro israelí hablaba de un “accidente”, me vinieron a la mente las trágicas historias de periodistas asesinados a manos del narcotráfico en varias regiones del mundo, donde en efecto ninguno de esos hechos se trata de un accidente.
Entonces, ¿a quiénes incomodaban los textos, las historias, los reportes, las imágenes y las fotografías de estos periodistas? Pues únicamente a sus victimarios. Y, ¿quién investigará estos hechos?, pues la triste respuesta es Israel.
Indignante por donde se lo vea, pues no olvidemos que hace dos semanas también fueron asesinados tres trabajadores de la prensa, quienes se encontraban en una carpa que fue bombardeada también por Israel, pese a tener en letras gigantes la palabra “PRESS”.
La condena a estos hechos ha copado los titulares de la prensa mundial, pero tristemente en Bolivia no ha repercutido del todo, quizás por el clima extremadamente politizado por el que atravesamos. Y tampoco se ha escuchado a los gremios periodísticos bolivianos, que en otras circunstancias quizás menos relevantes no dudaron en alzar la voz.
Y mientras las grandes potencias no hagan absolutamente nada, por lo pronto solo nos queda condenar y denunciar este genocidio, desde los espacios en los que nos encontremos, solo así podremos rendir un pequeño homenaje a Marian Abu Daga, a los otros periodistas y a las miles de vidas perdidas en cada ataque israelí en contra de Palestina, porque quienes viven en esa parte del mundo también tienen el derecho de alcanzar el éxito y brillar, tal cual era el deseo de la periodista para su hijo.
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