En días recientes, se ha publicado un nuevo artículo bajo el título sugestivo de "Potosí, el exportador silencioso". En él, se redescubre el hallazgo descrito en un artículo mío publicado hace más de medio año, de que desde 2024, Potosí habría desplazado a Santa Cruz como generador de divisas para el país (https://www.urgente.bo/noticia/potos%C3%AD-nuevo-l%C3%ADder-exportador-y-generador-de-divisas-de-bolivia). Por cierto, los últimos datos a los que hace referencia el autor del citado artículo, como supuesto resultado de su investigación y como reveladores, los di a conocer hace pocos días en mi cuenta de Facebook (https://www.facebook.com/content/insights/?content_id=UzpfSTExMDQxMTQxNTY6MTAyMzk0NjgwNDkxMzUwOTE6MTAyMzk0NjgwNDkxMzUwOTE%3D&entry_point=CometFeedStoryProfilePlusViewInsightsButton), habiendo generado varios miles de vistas.
Por lo demás, el artículo repite varios argumentos míos respecto al rol protagónico de Potosí y la necesidad de diseñar nuevas políticas públicas para coadyuvar a la transformación de nuestras materias primas mineras en bienes industriales diferentes, pero se queda corto en sus respuestas a la principal pregunta que se plantea: ¿Estamos ante un cambio de modelo o frente a un rebote coyuntural impulsado por precios extraordinarios de la plata y el oro? Aquí la pregunta salta al vacío porque coloca al oro como el otro gran actor de la trama, sin tener en cuenta que Potosí prácticamente no produce oro, y pasa por alto el rol fundamental del zinc, que Potosí sí produce. De hecho, en 2025, el zinc habría contribuido $us.136 millones más que el oro a la generación de dólares en Bolivia.
Su escaso conocimiento de los llamados minerales críticos no le permite al autor del artículo en cuestión entender el carácter estructural del cambio que se ha empezado a visualizar en nuestra economía. No sospecha, por ejemplo, que el precio de la plata aumentó en la segunda mitad del año pasado, no porque la gente empezó a buscar un refugio en una mercancía de valor ante una posible crisis en el orden monetario mundial, sino porque, de un tiempo a esta parte, la plata se constituye como un mineral crítico por sus aplicaciones industriales, en general, y por sus usos vinculados a la generación de energía solar, en particular, que, en los años recientes, ha tenido un crecimiento inusitado en el mundo entero, de la mano de los sistemas avanzados de almacenamiento energético, en los que el litio juega un papel central.
No pretendo ahora reiterar los argumentos respecto al posicionamiento tan auspicioso de Potosí, de cara a los próximos 20 o 30 años, en materia de minerales críticos, cuya lista mínima ya fue compartida en mi aporte de agosto de 2025. Sólo quisiera cerrar estos apuntes poniendo de manifiesto la importancia y urgencia de emprender cuanto antes un proyecto clave en el campo de la metalurgia nacional, como la refinería de zinc, a tiempo de corregir su ubicación geográfica, que podría cambiar la suerte de la economía del país. Es que con la producción de zinc metálico en Potosí no sólo se generará mayor valor agregado en el sector minero-metalúrgico, sino que se podrán recuperar otros biproductos contenidos en nuestros concentrados minerales, tales como el indio, el germanio y el galio, hoy en día convertidos en los materiales de elección para la fabricación de los semiconductores más avanzados.
En la próxima conferencia sobre la materia convocada por el Presidente Trump para el mes de marzo, Bolivia debería presentar una Estrategia de Desarrollo, Aprovechamiento e Industrialización de Minerales Críticos poniendo énfasis en el enorme potencial de Potosí y nuestro país no sólo para abastecer al mercado estadounidense de las materias primas que requiere para seguir compitiendo con China, sino también para establecer sinergias entre ambas economías, a tiempo de desarrollar proyectos de diversificación industrial de mutuo beneficio.
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