Febrero 11, 2026 -HC-

Sabia decisión: menos gasolina importada, más etanol nacional


Miércoles 11 de Febrero de 2026, 10:30am




¿No le parece curioso, que en vez de pensar estratégicamente y con visión de futuro los grandes temas que hacen al desarrollo de Bolivia se los encare solo cuando se produce un conflicto? Este es el caso de la energía, p. ej., ya que cuando falta el combustible y hay que hacer colas en los surtidores, entonces se aborda el tema y un montón de gente sale a opinar, creyendo ser dueña de la verdad, para, junto a los políticos, criticar inmisericordemente a las autoridades sin proponer soluciones sensatas ni medir las consecuencias de sus actos.

Ahora mismo, la genuina preocupación ciudadana por la calidad de la gasolina es caldo de cultivo donde proliferan los rumores de que el etanol provoca turbidez, daños mecánicos, deterioro de la calidad de la gasolina, etc., y, como el miedo se propaga más rápido que los datos, se pone en vilo un gran esfuerzo productivo que tiene que ver con un “combustible verde” que puede ayudar a cambiar la historia energética de Bolivia, fortaleciendo su autosuficiencia con producción nacional.

Pero, como de lo malo siempre puede salir algo bueno, que esta situación sirva para informar a la ciudadanía debidamente sobre la trascendencia que tiene para el país el etanol, bioetanol o alcohol anhidro, que no es una ocurrencia actual ni un experimento, sino, un aditivo natural altamente utilizado en todo el mundo para mejorar el octanaje de la gasolina, lo que beneficia al consumidor y, al mismo tiempo, al disminuir el uso de combustibles fósiles, un enorme beneficio para el medio ambiente, ya que el etanol es un biocombustible “verde” obtenido a partir de la agricultura, en Bolivia, de la caña de azúcar.

Para entender bien de qué se trata este asunto hay que recordar que cuando el octanaje de la gasolina es bajo, se produce el temido “cascabeleo” del vehículo, que no es otra cosa que la falta de fuerza para avanzar, de ahí que, como el etanol tiene un octano alto, se lo utiliza para mejorar la gasolina y, con ello, la potencia del motor.

Dos importantes pronunciamientos emitidos por la Comisión Nacional de Productores Cañeros de Bolivia (CONCABOL) y el sector agroenergético del país han servido para aclarar los hechos: Desde hace 7 años se mezcla en Bolivia el etanol de producción nacional, con la gasolina, nunca por encima del 12%, como está normado, de ahí que no exista un solo caso comprobado de fallas mecánicas atribuibles a dicho producto.

La ciudadanía merece estar informada que, a la luz de la evidencia, el etanol boliviano es un producto de alta calidad: anhidro, ultra destilado, traslúcido, libre de agua, de octanaje superior a 108 RON; no genera sedimentos, no oscurece el combustible y no daña el motor, al contario, mejora la combustión y eleva el octanaje al ser 99,5% puro.

Es bueno conocer también que la experiencia internacional es contundente: Más de 60 países utilizan etanol en mezclas que van del 5% al 30%; Brasil es el gran referente mundial, usando altas mezclas por más de 50 años sin ningún problema; y, si 8 de 12 países en Sudamérica lo están consumiendo, por algo será.

Eso, en lo técnico, veamos ahora la connotación económica, social y estratégica del etanol: ¿Sabía Ud. que el 60% de la gasolina que consume Bolivia es importado, con una dolorosa sangría de divisas, una alta vulnerabilidad externa y una gran carga fiscal? Cada litro importado, es un dólar que se va, mientras que cada litro de gasolina sustituido con etanol nacional es un dólar que se queda, circula y genera empleo e inversión en el país.

Y, aquí es donde la visión del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) hace sentido: Si queremos que el país crezca con estabilidad, debemos producir más de lo que importamos y el etanol puede ser una pieza clave dentro de esta estrategia. Sustituir parte del gran volumen importado, con un componente renovable hecho en el país a partir del trabajo de decenas de miles de familias que labran la tierra con esfuerzo diario, activa una cadena virtuosa: Inversión agrícola e industrial, empleos dignos, ingresos, tributos para el Estado y, sobre todo, el ahorro de dólares, con un combustible de menor “huella ambiental”, además.

Hay quienes insisten en ver en el etanol una amenaza, cuando en verdad, es una oportunidad para coadyuvar a que Bolivia crezca sostenida y sosteniblemente, combatiendo la pobreza, no con promesas ni discursos, sino, con producción, empleo y valor agregado; una oportunidad enorme para demostrar que el desarrollo económicamente viable, ambientalmente sostenible y socialmente responsable es posible.

La producción de etanol -dejando atrás los mitos y temores- puede proyectarnos a un mejor futuro, a gastar menos divisas en gasolina importada, a producir más energía hecha en casa y a generar más empleos y dólares, que tanta falta nos hacen. Un trabajo público-privado serio, confiando en la capacidad del sector cañero y agroenergético, puede cambiar la historia. ¡Dios quiera que prime la sabia decisión de importar menos gasolina y producir más etanol nacional!

(*) Economista y Magíster en Comercio Internacional

 

Santa Cruz, 11 de febrero de 2026

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