Febrero 22, 2024

La irreverencia ciudadana en redes sociales frente al poder político


Domingo 23 de Enero de 2022, 2:30pm






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Desde que Internet llegó a nuestras vidas –para quedarse–, ha cambiado nuestra forma de interrelacionarnos. Gran parte de la ciudadanía la adoptó para ejercer su derecho a la libre expresión, muchas veces con enojo y destacada creatividad e irreverencia frente al poder, dominado aún por la vieja práctica política que le cuesta interactuar con los nuevos códigos de la Comunicación Política.

La lluvia de tik toks que circularon en los últimos días en tono de ironía al enojo y reacción, porque la municipalidad cruceña notificó a un restaurante donde se filmó una sátira sobre el alcalde Jhonny Fernández, demostró el poder ciudadano en la sociedad digital. Aquello se leyó como represalia, intento de censura o búsqueda de control.

A lo largo de la historia el poder se ha basado en el control de la información y la comunicación. Estamos frente a una nueva realidad, con ciudadanos informados, divulgadores, irreverentes y empoderados por la fuerza de la opinión pública de la mano del Internet.

La dinámica de ese poder ciudadano en nuestra reciente realidad se percibió con la respuesta a las aseveraciones que pronunció el Procurador General del Estado, Wilfredo Chávez, cuando dijo que los contagios elevados por covid-19 en Santa Cruz eran una "conspiración" en contra del Gobierno nacional. “En Cochabamba se están contagiando a propósito, Sr. Procurador”, la respuesta de @gonchi64, que etiqueto a la cuenta de la procuraduría porque estaría entre los “bloqueados” por el destinatario.

A los políticos aún les cuesta convivir con la nueva forma de comunicación de la sociedad digital, donde el ciudadano empoderado –sin necesidad de líderes, partidos o sindicatos–, genera tendencias, interpelando permanentemente al poder de manera espontánea.

Bajo esta percepción es que podemos afirmar que hemos pasado de un mundo dominado por la "comunicación de masas", a aquel que coexiste con la "autocomunicación de masas", en el ejercicio permanente de su derecho a la libre expresión, que si se lo sabe aprovechar genera sinergias para una mejor gobernanza.

El debate en línea sobre la corrupción en el manejo de la "cosa pública", en el caso de los "ítems fantasmas" en el municipio de Santa Cruz o las "ambulancias fantasmas" en Potosí, devela que la vigilancia digital es omnipresente y que la privacidad ha desaparecido en el mundo de Internet. Tal pareciera que el ciberespacio fue diseñado deliberadamente como una tecnología de libertad.

El pasado 14 de enero, en plena alza de contagios por covid en la Alcaldía de El Alto, a través de un comunicado en redes sociales, se anunciaba la suspensión de actividades por una "desinfección profunda" del edificio edil y que se aplicaba la modalidad de teletrabajo para los funcionarios municipales. Inmediatamente los seguidores de las redes municipales –en tono de interpelación–, respondieron: “plantean el teletrabajo, aunque en los hechos NO existe ninguna plataforma virtual para su ejecución”.

El poder de la comunicación se está centrando cada vez más en manos de la población. La reciente suspensión de la exigencia del carnet de vacunación ante la movilización de los denominados "antivacunas" reflejó otra tendencia crítica en nuestro contexto, que surge emocionalmente a partir de una chispa de indignación.

Los políticos ya no pueden gobernar como antes, sin fiscalización ciudadana, no se pueden enojar ni buscar reprimir o censurar la reacción social. Lo mejor para el político es entender esta realidad, estudiar las reacciones, escuchar y atenderlas; en definitiva, mejorar los conocimientos que se tiene sobre ella y buscar las mejores herramientas para la toma de decisiones, de negociación de prioridades, de utilización del poder, y a los valores expresados en el proceso mismo.

 

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