La noche de este domingo 31 será la última oportunidad para rendirle una ofrenda a la Pachamama. La costumbre de rendirle tributo a la madre tierra, como lo hacen los pueblos indígenas, se extiende y es tradición que en el octavo mes se le presente agradecimientos, en formas de mesas andinas, para que sus frutos continúen siendo buenos.
En ese sentido, aún es tiempo de saber cómo se debe preparar una ofrenda a la Pachamama, a partir de nuestras propias necesidades, aspiraciones y emociones. Los expertos recomiendan que nada se puede hacer si no hay una lectura de la coca. “Depende de la hoja de coca antes de empezar con el armado de mesas, tengo que ver primero que la coca me va a aceptar. Ella me tiene que autorizar si dice sí o no”, explica David Ticona Balboa, un amauta paceño.
Carlos Mamani, historiador aymara, afirma que la tradición de la ofrenda a la Pachamama consiste en que una vez concluida la etapa de cosecha en el altiplano boliviano, viene el reconocimiento a la madre porque la tierra “también tiene que comer”, y es por ello, que en el área rural, los campesinos y comunarios acostumbran a cavar un hoyo donde se depositan coca, chicha, alcohol y fruto secos. Luego se tapa el pozo con tierra, botellas de alcohol y vino. En el área urbana se acostumbra a agradecer a la Madre Tierra con las tradicionales mesas, que tienen figuras hechas de azúcar, llevan frutos y hasta el feto de la alpaca o de la llama (el sullo). Y en todo este ritual, la coca cumple un papel determinante.
¿Por qué la hoja de coca define una ofrenda? Según Ticona, la hoja milenaria marca el centro con el que estará armada esta mesa, si es sullu (feto) de cerdo, de vicuña, etc., además de los elementos que debe tener la mesa.
“(…) empezamos a ver qué tipo de mesa vas a hacer, quieres con sullu de chancho, vicuña, pero la coca te dice, te conectas con la Pachamama y ella te va a decir cómo quiere tu mesa, no es arbitrario del yatiri o del cliente, es lo que dice la coca”, sostiene Ticona.
Cada mesa es única y refleja la región, la tradición del yatiri y la consulta a la coca para darle alimento a la madre tierra, que es la diosa femenina de la tierra y la fertilidad. Fieles a esa visión, los amautas consultan a la hoja verde dónde, cuándo y cómo se debe hacer la ofrenda. Insisten en que no es una cuestión del parecer de las personas, sino de la Pachamama, quien, al final, responderá si recibió con agrado o no la ofrenda.
El Semanario El Compadre habló con el secretario general del Consejo Nacional de Amautas y Yatiris y Guías Espirituales, Juan Carlos Ballón Rojas, él cuenta que es muy importante agradecer a la madre tierra porque da beneficios como los “alimentos, cosecha, agua, aire, vida” y en honor a esto se debe preparar una mesa para que “también pueda alimentarse”.
“En agosto, la Madre Tierra abre su boca para que sus hijos la alimenten,” dice Bayón. “La Pachamama no come físicamente, sino a través del olor. Ese olor es energía cuántica, lo que nosotros llamamos ajayu.”
¿Qué es el ajayu?
El ajayu es considerado una entidad espiritual que habita en el cuerpo humano y en todo ser que existe en la Tierra, dándole vida y energía y anima a todos los elementos del universo. Además, Bayón y Ticona, ambos yatiris, coinciden en que el ajayu es el “principio filosófico fundamental en la cosmovisión andina”.
“Para nosotros, todo tiene ajayu: el dinero, el agua, las piedras, los animales, las plantas,” señala Ticona. “La Pachamama también tiene ajayu, y todo es par como las plantas machos y hembras, cerros machos y hembras, piedras, mayos y hembras.”
Bayón añadió que "el ajayu es la fuerza vital que sostiene todo. Cuando preparamos la mesa, estamos entregando ajayu para que la Madre Tierra nos responda con bienestar”.
“No hay un patrón único,” dice Ticona. “Al lado del lago, la mesa se arma con elementos blancos, lana de llama, hierbas aromáticas. En otros lugares se usa mixtura, frutas, coca... cada mesa es un mundo.”
Los dulces grabados con símbolos de autos, casas o dinero, llamados ilas, son consagrados por el yatiri para manifestar deseos específicos de quien ofrenda a la Pachamama.
“Los elementos en la mesa no son objetos inertes, tienen ajayu y dialogan con la Pachamama. Por eso, hay que prepararla con cuidado y respeto”, añade Ballón.
¿Sincretismo?
Con el pasar del tiempo, el armado de mesas ha cambiado porque posee diferentes características, procedimientos y componentes, dependiendo lo que el solicitante pida, Ambos yatiris señalan que la mesa actual es el resultado de un proceso de sincretismo cultural que se inició tras la conquista con la colonia y que se ha extendido hasta ahora en pleno siglo XXI.
A pesar del sincretismo cultural que existe en el país, uno de los amautas explica que, las creencias religiosas y culturales propias de la región no deben mezclarse.
“Antes no había dulces ni papel. Se usaba miel, chancaca y canastas. Ahora vemos cruces, vírgenes y santos en las mesas, pero eso no pertenece a nuestra espiritualidad ancestral (…) La Pachamama no tiene que ver con Dios ni con el diablo. Nuestra espiritualidad es cósmica y telúrica, no cristiana ni católica”, plantea Ticona.
Bayón coincide: "No debemos mezclar santos ni vírgenes con nuestros ritos y resalta que, a pesar de la colonización, los pueblos indígenas mantuvieron sus rituales y la fe sus dioses tutelares. La Virgen de Urkupiña, por ejemplo, es una huaca ancestral que la iglesia quiso cambiar para imponernos su religión”.
¿Quién presenta la mesa?
La conexión entre la Pachamama y la cosmovisión andina requiere de armonía interior y de principios éticos de quien entrega la ofrenda. Los expertos enfatizan la importancia de vivir de manera responsable y respetuosa con la naturaleza y los demás seres vivos.
“No puedes vivir en promiscuidad, ni con culpas, si abortaste no puedes realizar la mesa y si lo haces no vas a recibir respuesta o si robaste, mataste, hiciste llorar a alguien, engañas a tu pareja o hacer daño a otros,”, advierte Ticona.
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