Enero 22, 2026 -HC-

El propósito de educar no es transmitir, sino desarrollar las capacidades del estudiante


Jueves 22 de Enero de 2026, 10:15am




La educación transmisiva instauró la idea de que enseñar es el proceso por el cual el sujeto (estudiantes) adquiere los contenidos racionales como un receptáculo. Desde esta postura, la educación, construyo dos versiones. La más optimista se vio vinculada a la idea de que el aprendizaje racional se sostiene en el desarrollo de habilidades mentales que preceden al aprendizaje. Instaurando un modelo de enseñanza y aprendizaje que suponía que el sujeto en el proceso de conocer precisaba ser apartado de sus emociones, experiencias, afectos y creencias, y que esta adquisición de conocimientos ocurriría por el desarrollo de herramientas de pensamiento innatas como son la lógica y la reflexión.

Esto, que literalmente es una despersonalización del sujeto, no solo anuló la participación activa del sujeto en la construcción del conocimiento que se percibía como externo y objetivo, sino que exigió el arreglo del proceso educativo a moldes rígidos que ignoraban la naturaleza del pensamiento humano. En consecuencia, el aprendizaje se redujo a la ejecución de formas racionales preestablecidas, omitiendo la relación dialéctica existente entre el aprender y el madurar (desarrollo de capacidades) y prescindiendo, fundamentalmente, de la dimensión subjetiva y el contexto vital en el que se sitúa el estudiante.

No obstante, la versión más difundida y propalada de la enseñanza se estableció más bien en la adquisición del contenido como una mera reproducción de los mismos, y una despreocupación y enajenación del proceso con relación al desarrollo mental. Lo que conllevó que los docentes hagan uso de metodologías de enseñanza basadas en la abstracción, repetición y memorización; en torno a procesos que normalmente no dan cuenta del vínculo o las conexiones existentes que se producen entre el desarrollo o maduración de capacidades mentales y el aprendizaje. 

La transmisión en educación no es otra cosa que un ejercicio de abstracción, por el cual la enseñanza se produce desde contenidos abstractos, que son, además, transmitidos de modo abstracto; es decir, desde el uso de técnicas y estrategias de enseñanza que presentan los contenidos disociándolos de las experiencias, el contexto y la participación activa del sujeto, y del rol que cumple este vínculo en su desarrollo.

El aprendizaje consustancial ocurre en cuanto el sujeto consolida el conocimiento como una herramienta que le permite alcanzar un nuevo nivel de maduración intelectual, que se concretiza como una capacidad. Este nivel no solo refiere a un logro por el que el sujeto es capaz de realizar de modo independiente una determinada tarea, sino a su asociación a situaciones en que se desenvuelve cotidianamente.  La enseñanza, por tanto, debe situarse en la relación existente entre el sujeto y su desarrollo, orientarse al desarrollo de capacidades, con la mediación de los conocimientos y los contenidos. 

Entonces, ¿qué exactamente es una capacidad? Es la interrogante que responderemos en el siguiente artículo.

*Estas reflexiones son fragmentos de la obra “Pedagogía del Sujeto. Transitar de la transmisión al desarrollo de capacidades”.

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