Mayo 31, 2026 -HC-

Hoy por fin, Bolivia le ganó al olvido


Viernes 27 de Marzo de 2026, 7:45am




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Fueron los diez minutos más largos de mi vida; diez minutos donde el tiempo se detuvo para castigarnos el alma. ¡Qué manera de sufrir, WTF! Ese tiempo de alargue entre Surinam y Bolivia no fue un simple descuento; fue un viaje en el tiempo, un eco angustiante como aquel último minuto frente a Ecuador (aquel 19 de septiembre de 1993) que nos abrió las puertas del cielo al Mundial del 94.

Festejar hoy el pitido final no fue solo celebrar un 2-1; fue sentir cómo un nudo en la garganta se desataba después de tres décadas de silencio. Y dolió, y vibró, y caló hondo, porque esta vez me encontró rodeado de la algarabía de decenas de muchachos de Unifranz. En sus ojos no solo había fútbol; había una inspiración pura. Esa fe inquebrantable de quienes quizás no vieron al Diablo Etcheverry o Platiní, Melgar, Trucco o a Rimba y Baldivieso, pero, a pesar de eso, aún se atreven a fabricar sueños en un mundo que a veces parece olvidarlos.

Sentir el galope desbocado del corazón junto a ellos le dio un matiz sagrado a esta victoria. Estamos dando pasos hacia un anhelo postergado por años, una herida que finalmente empieza a sanar.

Es el peso de todo lo que nos pasó. Es el recuerdo de todas las clasificaciones que se escaparon por poco, de todas las noches en que Bolivia estuvo cerca y terminó lejos. Es cargar con eso durante años y, de repente, sentir que el viento al fin sopla a favor.

Podrá haber mil paros del transporte, mil ruidos de Lara, Loza o María Galindo, mil miserias de la política y la calle. Pero esta alegría no nos la quita nadie. A nosotros, los que adoramos este deporte de caballeros de verde, como Miguelito, Vizcarra, Paniagua, Matheus, Vaca, Fernández, Haquín, Nava, Morales, Medina, Cuéllar y toda la tropa de muchachotes. El fútbol nos devuelve la vida. Nos la devuelve a los que lo seguimos cuando gana y cuando duele, los que volvemos siempre porque no podemos no volver.

Es que el fútbol —queramos o no— inspira. Sana. Hace olvidar por un rato que el mundo a veces aprieta demasiado. Incluso borra, aunque sea por noventa minutos más alargue, la resaca amarga de las subnacionales

Bolivia jugó. Gustó. Ganó.

Y esos 10 minutos de miércoles, esos 10 minutos de purgatorio puro, de agonía, parecidos a la espera de un veredicto de vida o muerte, valieron cada latido, cada uña mordida, cada rezo a medias —valieron cada segundo de angustia.

¡Respira, Bolivia! ¡Grita, Bolivia! Porque hoy, por fin, Bolivia le ganó al olvido.

¡Vamos, carajo! Que venga Irak