Enero 19, 2026 -HC-

Irán, un país que grita por libertad y mujeres que no quieren más velos


Lunes 19 de Enero de 2026, 9:00am


Pensar que un pedazo de tela pueda ser capaz de anular los derechos fundamentales de las mujeres parece —visto desde este lado del mundo— algo improbable. Sin embargo, en algunos países de mayoría musulmana, autoconstituidos como gobiernos teocráticos y amparados en preceptos religiosos, el Estado obliga a las mujeres a cubrirse con un velo, transformando lo que podría ser una elección personal en un instrumento de control y sometimiento.

Irán es, sin duda, el país que ha llevado esta práctica al extremo de lo impensable. Allí, el uso del velo no es una costumbre ni una tradición cultural que motive a las mujeres a utilizarlo, sino una ley cuya inobservancia es severamente sancionada. El cumplimiento de esta normativa es fiscalizado por la Gasht-e Ershad, conocida como la “Patrulla de Orientación Moral”, una unidad de las fuerzas de seguridad encargada de hacer cumplir un código de conducta y vestimenta basado en la interpretación estatal de la ley islámica (sharía). Este organismo no solo regula la forma de vestir, sino que también vigila y castiga otros comportamientos públicos que el régimen considera “inmorales” o impropios, según sus estrictas normas religiosas y sociales.

En lo que respecta al velo femenino, la vigilancia no se limita a su uso obligatorio, sino también a lo que las autoridades consideran su “correcta” utilización. Basta recordar el caso de Mahsa Amini, una joven kurda de apenas 22 años, cuya muerte brutal expuso ante el mundo el grado de violencia y arbitrariedad con que el régimen somete a las mujeres. Su fallecimiento, ocurrido en 2022 tras ser detenida por la policía moral, desató una de las oleadas de protestas más significativas de los últimos años, y una indignación aún mayor cuando las autoridades intentaron justificar lo sucedido alegando que su pañuelo “no estaba correctamente ajustado”. Decían que parte de su cabello estaba expuesto.

Toda esta barbarie del régimen iraní no comenzó con la muerte de la joven Mahsa Amini. La Revolución Islámica de 1979 marcó un antes y un después en un país que fue transformado radicalmente en todos los aspectos de la vida social. El Irán bajo la autoridad del Shá era completamente distinto al Irán gobernado por los clérigos musulmanes. Pese al desgaste que presentaba la monarquía antes de la revolución, no se puede negar que los ciudadanos gozaban de libertades que hoy en día no es posible siquiera considerar.

En la era del Shá, los ciudadanos podían elegir su religión libremente. Con la Revolución Islámica, esto dejó de ser posible y personas de otras confesiones comenzaron a ser perseguidas y asesinadas. Una religión que hasta la fecha es víctima de una persecución brutal es la Fe Bahá’í. Sus seguidores no pueden ejercer actividades propias de su fe, tienen prohibido el acceso a cualquier sistema educativo formal, sus cementerios son profanados y los jubilados no tienen derecho a percibir pensiones. Muchos bahá’ís se encuentran en prisión. Estas y otras atrocidades son denunciadas año tras año ante Naciones Unidas y expuestas por distintos organismos internacionales en reportes anuales; sin embargo, no se observa mejora alguna.

En relación con el movimiento feminista, la escritora iraní Nazanin Armanian señala que durante el gobierno del Shá se alcanzaron importantes logros. En 1931 se permitió el voto femenino, el uso del velo no era obligatorio, se autorizó el ingreso de las mujeres a las universidades e incluso varias ocuparon cargos relevantes, como ministras. Aunque Armanian reconoce que la dinámica patriarcal era evidente, esta resultaba tolerable, ya que no se trataba de un Estado teocrático cuyo poder político se ejerce en nombre de una divinidad y donde la ley religiosa se impone como ley civil, como ocurre hoy bajo el dominio de los clérigos y el presidente de turno.

Aunque las noticias de Irán en Bolivia no suelen despertar mayor interés, es necesario saber que en los últimos 22 días se han registrado protestas masivas en todas las ciudades del país, las cuales han provocado una respuesta estatal de una brutalidad inédita. No existen cifras exactas, pero se habla de más de 16 mil asesinatos.

Lo cierto es que Irán no resiste más. El pueblo clama por un cambio y las mujeres —el ícono más visible de la opresión— están hartas de ser obligadas a usar un pedazo de tela convertido en un método de dominación y control absoluto sobre sus libertades corporales y de pensamiento.

Creo que es urgente mirar hacia Irán y escuchar su voz.

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