Septiembre 11, 2026 -HC-

Un laberinto y Rodrigo Paz: un gobierno que vive al día


Viernes 11 de Septiembre de 2026, 7:30am




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0. Introito

Poco puede hacer el gobierno para salir del laberinto en el que se encuentra porque ni siquiera sabe que está en él. El régimen de Paz vive al día, como un comerciante informal, y lo peor, no es eso, es que su improvisación hace que todos los bolivianos vivan al día…

El boliviano promedio se levanta sin saber cuánto costará el dólar, cuánto costará el combustible, cuánto tiempo más se quedará el gobierno, cuándo saldrá el siguiente escándalo, cuándo renunciará Paz, etc.

La incertidumbre no decrece con el gobierno, se incrementa, incluso, en muchos aspectos, es el gobierno el causante de la incertidumbre.

1. Jorge Luis Borges y el laberinto

Borges, en el Aleph (1949) tiene dos cuentos en los que habla de laberintos, y aunque es un tema recurrente en toda su literatura, en este texto existen dos textos clásicos, el primero se llama “La Casa de Asterión”, donde enfoca el concepto del laberinto desde el inédito punto de vista del minotauro en la mitología griega, es decir, desde la “soledad del monstruo que habita en el laberinto” y que su salida del mismo puede significar la muerte del monstruo, sea como redención o como perdición. El otro cuento es “los dos reyes y los dos laberintos”, donde Borges expone uno de sus conceptos más importantes que lo usa constantemente en otros textos, el laberinto no solo como un lugar lleno de paredes y puertas que confunden al visitante, sino el laberinto más fatal, que es el que no tiene paredes ni límites como un desierto. Precisamente en el cuento uno de los reyes muere en el desierto que era el laberinto del otro rey. Un desierto, por paradójico que parezca, es también un laberinto.

2. Paz en el laberinto

Rodrigo Paz no es un minotauro en la soledad de un laberinto lleno de puertas y paredes sin saber a dónde ir ni cómo salir, es un ser humano en el desierto, sin límites, sin puertas, agotándose cada vez más, no tiene narrativas que le den un horizonte para sobrevivir al desierto, ni tampoco una forma de salir de ahí, simplemente está ahí, y no sabe por dónde salir ni a dónde ir, porque no sabe cómo llegó ahí y no sabe, paradójicamente, que está ahí, como el rey en el desierto en el cuento borgesiano: su fin es la muerte, o en términos menos fatales, su salida del gobierno, tarde o temprano.

Paz camina diariamente distintos rincones de Bolivia presentando obras de otras gestiones o hablando de proyectos en un futuro muy lejano en el que él no estará, o rezando a los dioses de todas las religiones posibles o besando la bandera boliviana rodeado de militares o policías, es similar a un laberinto sin paredes ni puertas, es un desierto, el cual Paz puede recorrer todos los rincones con la facilidad de un presidente, usando aviones y vehículos oficiales, pero un desierto al fin.

Para Paz, Bolivia se ha convertido en un laberinto, y no sabe cómo salir de él, o al menos darle algún significado para que la gente sienta que tiene sentido estar en ese laberinto, pero no, Paz no da una mínima señal de que sabe lo que hace, porque realmente anda ofuscado en el poder, recorriendo pasillos del Palacio de Gobierno como quién dice quizás no vuelva nunca así que tomarme fotos haciendo algo no está mal.

3. El laberinto

En los diez meses de gobierno, Paz ha enfrentado diversas movilizaciones y protestas en las que el régimen ha tenido que retroceder, al punto que estas protestas han concluido por pedir su renuncia. Paz abrogó, retrocedió, negoció, se rindió y también mintió.

Ante este panorama, es que, desde la Asamblea Legislativa Plurinacional se han propuesto cambios sustanciales a la Constitución Política de Estado a la cabeza del expresidente Jorge Quiroga, los cuáles buscan acabar con “la constitución masista” y adaptarla a “las nuevas condiciones del país”. Fuera del significado de las reformas planteadas, el problema radica en que, si estas reformas son aprobadas en el parlamento, pasarán a un referéndum convocado por el mismo presidente Rodrigo Paz, lo que, como están las cosas, se convertiría en un plebiscito de su gestión donde probablemente, el gobierno de Paz pierda el referéndum y con ello hundiendo a sus aliados coyunturales, como Jorge Quiroga o Samuel Doria Medina, quiénes, aún estando lejos del gobierno de Paz ahora, cerrarían filas junto al gobierno para buscar los cambios constitucionales. La factura de la derrota la cobraría no solo Paz, sino sus aliados en el plebiscito.

De todas maneras, ese referéndum, serviría para darle más tiempo al gobierno de Paz para seguir siendo gobierno, es decir, se perdería la posibilidad de modificar la constitución desde la derecha, y Paz permanecería en el poder unos meses más, en otras palabras, Paz, sin importar el resultado del referéndum llegaría a cumplir dos años de gestión o quizás más, suponiendo que el referéndum para modificar la constitución se realizaría en el primer semestre del año 2027, pero los cambios constitucionales se postergarían. Para la derecha boliviana esto significaría, defender a Paz, pero sacrificar su modelo de país ¿vale la pena?

A esta paradoja se añade otra, para hacer dichos cambios, la Asamblea Legislativa y el Ejecutivo no deben alargar el estado de excepción, lo que significa una nueva disyuntiva: cambios constitucionales o estado de excepción. Si el gobierno sigue postergando los cambios constitucionales por alargar el estado de excepción, pierde aún más fortaleza, si se anima a los cambios constitucionales, nada asegura que los sectores movilizados no salgan pidiendo su renuncia. Paz, de cualquier manera, puede usar ambos pretextos para seguir postergando su salida, aunque eliminando la posibilidad de cambiar la constitución.

En pocas, cualquier cambio constitucional parte de la posibilidad de que Paz no sea quién convoque a los cambios constitucionales.

No obstante, hay otra disyuntiva, ¿y qué si se convoca a elecciones para que sea otro presidente que convoque a realizar cambios constitucionales? Pues, nada asegura que en el siguiente gobierno haya una asamblea afín a realizar dichos cambios, lo que elimina cualquier posibilidad de hacer dichos cambios.

En este laberinto, hay otros problemas que se acoplan, la crisis económica y posiblemente energética o inflacionaria. Estos problemas no permiten que el gobierno y quiénes impulsan las reformas constitucionales tengan un camino prístino, al contrario, la crisis hace más evidente la incapacidad gubernamental lo que inutiliza al gobierno como vocero de los cambios constitucionales.

4. ¿Hay salida?

A simple vista no, al menos no con el gobierno de Paz, es el mismo gobierno el obstáculo para cualquier cambio constitucional, paradójicamente, aún siendo el gobierno uno de los impulsores de ésto.

5. Post Scriptum: Candidatura de Evo Morales y el conflicto que se avecina

El problema de la candidatura presidencial de Evo Morales no es un tema jurídico, es un tema político, o se ha convertido en un tema político. En el caso, de que el expresidente logre su habilitación utilizando algún recurso legal, sea el que sea, es poco probable que las fuerzas anti-evistas en el país, que son mayores a las que había antes, vayan a esperar pacientemente que su nombre aparezca en la papeleta, al contrario, es posible evidenciar un posible escenario de enfrentamiento en que varios sectores movilizados en los años 2019 o antes incluso, 2008, salgan a las calles evitando ir a elecciones, o en su defecto boicoteando la posibilidad de ir a elecciones, ingresando a una espiral de enfrentamiento en el que el gobierno de Paz tendría que tomar un rol en los bandos enfrentados, decantándose probablemente por el bando anti-evista.

6. Conclusiones

Sea el escenario que sea, el conflicto parece ser el horizonte del país.