El 29 de julio de 2026 se presentó el libro Rugir de las multitudes. La Bolivia de otro tiempo (2026), del sociólogo aymara Pablo Mamani Ramírez, en el espacio Waliki. Posteriormente, el 1 de agosto, la obra fue presentada en la Feria Internacional del Libro de La Paz.
El libro "Rugir de las multitudes" es un aporte apasionante de leer, por el compromiso e involucramiento del autor con las luchas indias del Kollasuyu. Sin duda, busca explicar los movimientos sociales indios entre febrero, septiembre-octubre de 2000, junio y julio de 2001, y septiembre-octubre de 2003, desde una mirada crítica y microsociológica, basada en una metodología cualitativa con entrevistas, observación participante e historias de vida. La obra del profesor Pablo Mamani muestra un período histórico intenso y vivo de los actores sociales organizados en movimientos sociales aymaras y quechuas, que buscaban interpelar al Estado q'ara, cuestionar el orden republicano boliviano y, fundamentalmente, provocar un quiebre histórico y pulverizar el modelo neoliberal multicultural.
Un tema apasionante de estudio, tanto para la generación del profesor Pablo como para mi generación, han sido los movimientos sociales.
Los movimientos sociales son formas de acción colectiva que plantean demandas reivindicativas orientadas a reformas o cambios estructurales, mediante las cuales los grupos y organizaciones sociales presentan demandas públicas ante el Estado o buscan acceder al poder, utilizando diversos repertorios de movilización (García Linera, 2006; Tilly, 2000). Asimismo, la identidad cultural da sentido y cohesión a los movilizados, pues puede comprometer a miembros dispersos en una acción colectiva unificada (Mamani, 2026, p. 64).
En Bolivia se había inaugurado una escuela de la teoría de la acción colectiva (García Linera, Zabaleta, Prada y Tapia). Sin embargo, desde mi perspectiva, el sociólogo Pablo Mamani ha inaugurado una teoría de la acción colectiva identitaria desde una perspectiva indianista-katarista, apoyada en la escuela de movilización de recursos de Tilly (2000) y en el enfoque de la identidad de Alberto Melucci. Por ello, Mamani afirma:
"La identidad en los movimientos sociales tiene su particular importancia al igual que la movilización de recursos. La identidad es esa capacidad de definirse a sí mismos y definir a los otros. Y la movilización de recursos es un mecanismo estratégico de disponer recursos para lograr un determinado fin, mediado por la memoria y los lugares que la encarnan" (Mamani, 2026, p. 71).
Pérdida de la memoria colectiva larga y corta
El libro "Rugir de las multitudes” constituye un recordatorio de la memoria histórica larga y corta. Nos hace comprender el poder de la palabra escrita para las luchas sociales, los proyectos políticos, sus victorias, sus derrotas, sus errores, sus proyecciones y la lucha por la identidad y el poder. Es algo que, sin duda, no debemos olvidar: de dónde venimos y cuáles son nuestras luchas.
En el movimiento social de 2026, muchos han olvidado esas luchas sociales y a la generación de 2000, 2001 y 2003, una generación gloriosa. Muchos jóvenes, en la actualidad, olvidan su identidad y se creen jailones alteños de las zonas céntricas de El Alto.
Esto me hace recordar la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, particularmente el episodio de la peste del insomnio, donde los habitantes de Macondo dejan de dormir y comienzan a olvidar el nombre de las cosas y los objetos. Sin duda, si olvidamos y no aprendemos de nuestro pasado, estamos condenados a repetirlo. Por ello, debemos mantener viva la memoria larga y corta en las nuevas generaciones. Porque quienes hoy discriminan son, muchas veces, nuestros propios hijos e hijas morenos, que ya no se autoidentifican como aymaras, ni como hijos de migrantes de provincias.
Ya no somos El Alto de 2003, unido y movilizado como un solo cuerpo. Era un cuerpo unido porque el modelo neoliberal, junto con la pobreza y la crisis económica, nos cohesionaba frente a ese monstruo denominado modelo Nepliberal. Quya Reyna Suñagua (2022) tiene razón cuando escribe en su libro “Los hijos de Goni”:
"Papá vio esos restos e inmediatamente gritó: ¡Pero qué se creen ustedes para dejar sobrar la comida! ¿Se creen hijos de Goni? ¡Váyanse a vivir con Goni!" (p. 13).
Esta transformación existe por diferentes razones. Una de ellas es la conformación de un centro y una periferia en la ciudad de El Alto, donde las zonas centrales poseen mejores condiciones de vida y acceso a servicios básicos. Asimismo, el ascenso social y económico de determinados grupos, como profesionales y qamiris, ha llevado a muchos a considerarse una clase media emergente y blanqueada.
La revolución truncada
El profesor Pablo Mamani hace referencia, tanto en la introducción como en las conclusiones, a temas de gran importancia y a profundos contrasentidos, como la corrupción y la falta de liderazgo popular indígena. Señala que una nueva generación se ha corrompido, como sucede en diferentes carreras de la Universidad Pública de El Alto (UPEA), donde continúan reproduciéndose lógicas coloniales y clientelares.
Muchos de nuestros compañeros aymaras que ocupan espacios de decisión reproducen prácticas clientelares, de corrupción y de dominación. Esto me hace recordar nuevamente a esa gran obra Cien años de soledad, donde liberales y conservadores terminan reproduciendo las mismas lógicas de dominación, olvidando sus ideales e ideologías y disputándose el poder sin límites para reproducir el mismo sistema.
Algo similar puede observarse con la llegada al poder del Movimiento Al Socialismo (MAS), donde dirigentes de organizaciones terminaron corrompiéndose como fue el caso del FONDIOC, mientras la realidad de la población permanecía prácticamente igual. Es decir, ¿de qué sirve cambiar de gobernante si se continúan reproduciendo las mismas lógicas coloniales de dominación? De igual manera, en la actualidad, durante el gobierno de Rodrigo Paz, con el caso Cerimedo, se están destapando varios casos de corrupción y enriquecimiento ilícito.
Su relevancia y vigencia
Sin duda, el libro, después de 22 años, no ha perdido su relevancia y vigencia, porque refleja cómo los discursos de los gobiernos de esos años, entre 2000 y 2003, fueron construyendo discursos dominantes de “criminalización e irracionalidad de los bloqueos” y de “demencia de los dirigentes”, alineándose con un discurso darwinista social de finales del siglo XIX y principios del siglo XX según el cual los indios son salvajes y representan el retraso del país.
Este mismo discurso se está reproduciendo en el gobierno de Rodrigo Paz, quizá mejorando el método mediante la persecución, encarcelamiento, coimas a dirigentes y la criminalización de los símbolos andinos, como el poncho, la pollera y la indumentaria de las autoridades originarias.
Esto es, sin duda, importante de analizar: cómo, en la actualidad, durante el gobierno de Rodrigo Paz, se reproducen discursos dominantes de criminalización del indio y de los movilizados, y cómo, además, se ha empezado a realizar la persecución y el encarcelamiento de dirigentes sociales.
Nuevos horizontes
Para finalizar, debo señalar que el libro del profesor Pablo Mamani nos motiva a realizar nuevos estudios sobre la rearticulación de los movimientos sociales aymaras y quechuas, y sobre la tensión entre estos y el Estado boliviano en el contexto actual. Se trata, sin duda, de un tema apasionante para estudiar y reflexionar.
De igual manera, un aprendizaje que debe rescatarse de las luchas aymaras y quechuas de 2000, 2001 y 2003 es la necesidad de formar y consolidar un círculo intelectual y político que cuente con un proyecto y un programa político para implementar en el Estado. Asimismo, debe tener la claridad necesaria para impulsar cambios estructurales, una profunda descolonización y una transformación radical del Estado Plurinacional.
También resulta fundamental articular a las organizaciones sociales con los profesionales aymaras y quechuas para consolidar proyectos políticos, sociales, productivos y educativos en beneficio de las bases y de las mayorías nacionales, tal como ocurre con la Confederación de Nacionalidad Indígenas del Ecuador (CONAIE).
Finalmente, el proyecto político de los movimientos sociales aymaras y quechuas de 2000, 2001 y 2003 fue el Pachakuti andino o Pacha Tierra, entendido por Mamani como un proceso que se manifiesta en las prácticas cotidianas y que significa la revuelta del tiempo, el develamiento de la dominación, el retorno de lo propio y el advenimiento de un nuevo orden social (Mamani, 2026, p. 82).
El proyecto político del Pachakuti debe contar con propuestas concretas. En el plano político, imagino al ayllu como forma de organización social y política; y, en el plano económico, una visión más abierta al mundo, es decir, "cazar ratones sin importar el color del gato", como lo hizo China durante las reformas impulsadas por Deng Xiaoping.
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