Varios consutores políticos, estrategas de campañas electorales –limpias y sucias--, asesores de comunicación estratégica, fundamentalistas de encuestas y demás asesores externos desactualizados, han estado durante el primer tramo del errático gobierno de Rodrigo Paz Pereira, rendidos a los pies del granjero Fernando Cerimedo, que de vendedor de viandas, taxista de arrabal y estafador con la venta en simultáneo a dos personas distintas de un apartamento en Mar del Plata, se convirtió de la noche a la mañana en fabricante de mentiras a escala ciberespacial al que le abrieron las puertas los Bannon boys, Brad Parscale y Javier Negre, el mentiroso y manipulador serial de La Derecha Diario.
Por los servicios de Cerimedo , se puede preguntar a los Bolsonaro en Brasil, Asfura en Honduras, Kast en Chile, a los hermanos Milei en Argentina, y a sus conmilitantes de Maga en el fascistoide gobierno de los Estados Unidos, y cómo no, tiene que ser posible averiguar sus nexos con el sionismo genocida de Benjamín Netanyahu.
Sandra Russo, periodista y escritora argentina, ha subrayado en los últimos días, que las billeteras virtuales que manejaba el profesor de Catalina, son ahora objeto de desinformación de un tráfico financiero: “Insisto porque es inexplicable que ningún medio argentino dé a conocer que a Cerimedo en Bolivia le encontraron una wallet que estaba encriptada, por la que pasaron 200 millones de dólares que venían del norte. Tengo la sensación de una gigantesca operación de ocultamiento.” (Facebook, 29 de agosto).
La información referida por Russo, ha sido explicada y difundida por medios de comunicación en Bolivia que no se adscribieron al fantasioso relato remunerado con pauta publicitaria, del “autoatentado” de Nadia Beller, y tiene como portavoz –amenazado-- al senador de Libre, Leonardo Roca, asunto que ha puesto en evidencia, producto de este remezón desatado desde el piso exclusivo de la Casa Grande, ahora ya no del pueblo, que en materia de veracidad periodística, basada en capacidades investigativas y en convicciones por el desentrañamiento de la verdad, Bolivia está en crisis desde el día en que los autonombrados “independientes” se dedicaron a perseguir “paraestatales”, persecución practicada durante el evismo, y derivada en colaboracionismo durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez, aunque algunos-algunas, quieran ahora desmarcarse del régimen imperante, queriendo presentarse como impolutos y ecuánimes, cuando se dedicaron a mentir y a falsear noticias durante estos “malditos” veinte años, especialidad con la que Cerimedo, se ha granjeado la confianza de sus clientes de la extrema derecha latinoamericana.
Al periodismo le llega información filtrada por distintos poros. En esa medida, lo de Cerimedo con sala de reuniones adaptada para oficina personal en el piso presidencial, era un secreto a voces. Sabemos con qué ministro se peleaba, quién fue el único que tuvo el atrevimiento de intentar pararle el coche. Sabemos con qué funcionaria de segunda línea tuvo encontronazos de inicio. Y sabemos también cómo, de discípulo de los maestros de la desinformación al servicio de las oligarquías tecnológicas que saltaron de grandes transnacionales a los despachos gubernamentales (otra vez, Bannon, Parscale, Negre), el consultor de absoluta confianza del presidente Paz Pereira, empezó a desplegar unos tentáculos hasta ese momento escondidos, para gravitar en decisiones sobre los hidrocarburos, la minería y según una nueva acusación formalizada, en la otorgación de permisos bien remunerados de despegue de narcoavionetas que operan desde pistas clandestinas situadas en el departamento del Beni.
Si algún ministro persiste en hacer el ridículo, queriendo marear la perdiz diciendo que el granjero era un asesor marginal, allá el, aunque la foto registrada en una reunión del Escudo de las Américas en Miami lo exponga a la derecha del Presidente y al argentino sentado del otro lado de Paz Pereira, en diagonal frente al Secretario de Estado del gobierno de Trump, Marco Rubio.
Hay que ser muy desprevenido e improvisado para ni siquiera intentar averiguar con sentido de anticipación, los antecedentes de quién se convertiría en el hombre de más confianza de un Presidente, producto del mérito de haber sido docente de su primogénita.
Cerimedo dejó de ser necesario para mover los hilos comunicacionales del gobierno porque en nuestro muy incomparable contexto, no hay batalla cultural en juego, no hay lucha encarnizada entre izquierdas y derechas, simple y llanamente, porque lo que quedaba de un proyecto al que se tipifica como nacional popular (nacionalista de izquierda), jugó a un desquiciado autoaniquilamiento, y en esta medida, el propietario de Numen, el esposo de Natalia Basil, el amigo íntimo de Nadia Beller, pero sobre todo, la uña y mugre del Presidente de Bolivia, pasó a acompañar a la Primera Dama a reuniones denunciadas por Beller, después de que dejara organizada la pauta publicitaria que expone obscenamente a varios-varias que juegan a tapar el sol con un dedo, como si el país estuviera poblado de legiones de idiotas.
Cerimedo concluyó su carrera como consultor externo de campañas, para convertirse en operador interno y de absoluta confianza de este gobierno Frankenstein que en estos diez meses de gestión, se ha estrellado de la manera más disparatada contra su propio espejo. Queda claro, a estas alturas, que para gran parte de las bolivianas y los bolivianos no habrá una segunda oportunidad para una primera buena impresión. Cuando el capital de credibilidad de un gobernante queda severamente lesionado, parece no haber manera de interrumpir su caída libre. Cerimedo está ahora en la cárcel. Paz Pereira ha dejado de tener quién le haga compañía en el piso 23.



