Marzo 11, 2026 -HC-

Rebelde a los 40


Miércoles 11 de Marzo de 2026, 7:45am




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La semana anterior, el “vice”, que ya nos tiene requeté-acostumbrados a sus suigéneris protestas contra el gobierno del que es parte, dijo en la ciudad de El Alto que él es rebelde como ellos. ¿Qué es ser rebelde?

Es que, a los 40 años de edad, la rebeldía ya no grita; susurra desde la comodidad de una butaca con reposapiés, mientras el café recorta las ideas como una nítida fotocopia. Bienvenido al manifiesto del “sí, pero…” Estos maduros rebeldes, no son muchos, pero que los hay, los hay (hasta vices); son pues maestros en posponer el drama y, cuando lo hacen, lo llevan a cabo con una playlist de vinilos que ya no caben en la mochila pero que siguen sonando “yo, soy rebelde porque el mundo me hizo así, porque nadie me ha tratado con amor…” (Caramba, debe ser difícil tratar “con amor” a un rebelde de 40 años…).

La nueva rebeldía, aquella que proviene de la improvisación, viene con un manual de estilo: cero contenido, pero con ruido en las redes sociales, mejor si es en tik tok, con una agenda que promete “críticas constructivas” y termina siendo una queja nada elegante y que no sabe de pausas.

La rebelión a los 40 años cumplidos, defiende la etiqueta de “adulto responsable” con una sonrisa que dice: “responsable, sí; pero con un guiño para que la consecuencia no se mida… o se calcule mal; o tal vez se exprese pretendiendo organizar el caos.

Pero ya seriamente, un pensador anónimo dijo alguna vez que "La rebeldía, cuando se exhibe sin tapujos, se presenta como un estandarte de inmadurez en lugar de un juego de independencia; y es también tratada con desdén, como si la capacidad de cuestionar fuera solo una falta de criterio, no una señal de pensamiento autónomo."

Y esto solo desnuda la posición inmadura del cuarentón que pregona a los cuatro vientos su “rebeldía” como una cualidad digna de imitación o merecedora del aplauso de la plebe (ojo: sin ofender). ¿Y como repercute esta rebeldía tardía en el común de la gente? No con aplausos, ni siquiera con signos de aprobación, sino con carcajadas en dolby estéreo o, los menos, con sonrisas que duran lo que dura el manifiesto aquí y allá, mejor: en todas partes.

Y aunque no lo crean, esas manifestaciones de “rebeldía”, no llaman la atención ni provocan asombro. Ya el público sabe cómo y de dónde vienen, porque la rebeldía, cuando se la reivindica de forma seria, se reduce a ridiculez que oculta la falta de argumentos y convierte el cuestionamiento en espectáculo. Así nomás.

Ser rebelde a los cuarenta no es valentía: A los 40 años, la verdadera rebeldía ya no desafía estructuras; deshilacha excusas para no admitir que lo que parece independencia es, en realidad, miedo a la madurez.

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