Vivió apenas 56 años, pero nos dejó una poderosa filosofía, que la historia se encargó de sintetizar en arengas filosóficas y religiosas: Dios ha muerto, Vive el superhombre, el eterno retorno, el padre del nihilismo, transmutación de los valores, la tragedia griega, etc.
Friedrich Nietzsche (1844-1900), filósofo alemán, que no se consideraba “un hombre, soy dinamita”, a 126 años de fallecimiento, hoy más que nunca está vigente en el ejercicio del poder, de la forma de hacer política, de la convivencia de los seres humanos, de las crisis existenciales, de las creencias religiosas, de las luchas encarnizadas que los pueblos vienen protagonizando entre ellos, más aún, con la poderosa presencia y accionar de las redes sociales que nos han reducido a múltiples soledades.
Cuando lanzó su sentencia más famosa. Dios ha muerto, vive el superhombre, de forma inmediata algunos intelectuales pretendieron acomodar la misma a las intenciones del discurso de dominación del mundo de Adolf Hitler; pero así como decía “soy el más encubierto de todos los encubiertos”, su filosofía siempre marchó con máscaras, para interpelar al mundo de todas las épocas y a sus gobernantes.
¿Por qué es tan actual el filósofo que a pocos días de morir evitó que un hombre maltrata a un caballo y lo abrazara al animal con lágrimas en los ojos? Por dos vías, por el ejercicio del poder, que viene encarando un hombre que se cree el emperador, el superhombre, el rey de reyes y que amenaza y actúa con sus misiles y aviones para imponer su orden: Donald Trump, presidente de Estados Unidos, que hasta advierte que podría destruir a una civilización sino acatan sus órdenes. “Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león” y el león está ahí actuando y pretendiendo llevar al mundo y sus naciones hacia una sola dirección.
Cuanta actualidad y vigencia del filósofo del martillo, que vale la pena leer o reeleer: Así habló Zaratustra, Ecce homo, La voluntad de poder, El anticristo, Más allá del bien y del mal, y otros textos, que nos sumergen a repensarnos y provocarnos caminar por los senderos del nihilismo, no para suicidarte ni emborracharte, sino para levantarte de las cenizas y de la náusea.
La otra vía de la vigencia del filosofo del martillo nos corresponde a nosotros, a la sociedad que nos hemos envuelto en lo que Nietzsche ya lo teorizó: el nihilismo, en principio entendido como la negación de todo valor, vivir en la nada, navegar con nausea y no tener sentido para nada en la vida.
El nihilismo es algo más que eso, mas perturbador, más profundo, es una erosión permanente de sentirnos vacíos, horadados por la locura y sentir que nada nos sostiene ahora, de dejar de creer en lo podríamos tener esperanzas; solo nos movemos por pretender llenarnos con algo material y que los otros decidan por nosotros. Claro que la humanidad sigue en pie, sigue batallando, pero sus cimientos están vacíos y nosotros los individuos pretendemos estar en un equilibrio precario y si no existe tal estamos propensos a cometer cualquier locura vía las drogas, el alcohol, el suicidio, la psicosis, el miedo, pretendiendo liberarte, pero entras a un laberinto peligroso.
Una sociedad enferma y nihilista que ha encontrado en el consumismo una forma de escape a sus necesidades y en las redes sociales una puerta salvadora a su soledad, anonimato, que pretende ser alguien o que le den importancia mientras mas se muestre, mas dialoga con otro vía celular u otro método virtual, quiere reafirmarse como persona, pero no para encontrarse consigo misma, sino para extenderse hacia los otros y proyectarse. Quiere llenar su vacío existencial acudiendo a fuentes externas, cuando su alma está desesperada de un abrazo, de un alimento propio.
“La ansiedad, el vacío o la depresión son, en muchos casos, señales de que algo en la vida no está siendo afirmado. De que estamos adaptándonos a una forma de existencia empobrecida. De que hemos aprendido a sobrevivir, pero no a vivir”, señala el filósofo español, Eduardo Infante.
A estas alturas cuando otra vez la humanidad da señales de su fortaleza y hacernos pasear por la Luna; cuando los misiles siguen explotando en varias partes del mundo y cuando en Bolivia batallamos contra la gasolina basura, asumiendo los retos de la democracia y el gobierno de Paz, nos queda no dejarnos engullir por el nihilismo, y así como nos impulsa Nietzsche con esta frase: “Esos escalones eran para mí; los he subido. Para hacerlo tuve que pasar por ellos. Pero muchos creyeron que yo iba a sentarme en los mismos a descansar”, entonces a subir peldaño a peldaño para superarnos y trascender.
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