Con profunda preocupación observé cómo cualquier frase, error de forma o decisión personal se convierte de inmediato en un arma arrojadiza para descalificar la idoneidad profesional de las mujeres que se encuentran en un cargo público o un espacio de poder, independientemente de su color político. Este fenómeno no es casual ni aislado; es la manifestación de una violencia simbólica y mediática que opera bajo una lógica de disciplinamiento.
A las mujeres, en el espacio público, se nos suele exigir una perfección casi divina y un nivel de sacrificio que a los hombres generalmente no se les menciona. Mientras que a un varón se le juzga por sus resultados técnicos, a la mujer se la escruta por su vida privada, sus gestos o su capacidad de encajar en el molde de la "madre abnegada". La ferocidad de los ataques digitales busca, en última instancia, asfixiarnos y expulsarnos para que el poder siga teniendo un solo rostro. Es una barrera invisible pero contundente que pretende recordarnos que ese espacio "no nos pertenece".
En este escenario, la reproducción es usada como excusa o no suele entenderse como lo que es: una elección libre, consciente y deseada, no un trámite social ni un destino biológico inevitable. Así, insinuar que todas las mujeres "tienen que" ser madres para sentirse completas es ignorar la cruda realidad de miles de niñas y niños que llegan al mundo bajo la presión de una obligación social. Defender la autonomía reproductiva no es un ataque a la institución familiar; al contrario, es defender la dignidad de la vida humana y el derecho de cada mujer a decidir sobre su propio cuerpo y futuro. Nadie debería embarazarse para cumplir una "misión" impuesta por terceros o por el Estado. Todo embarazo debe ser una decisión, nunca una sentencia.
Por otro lado, honrar la memoria de nuestras abuelas y madres no debería ser sinónimo de aplaudir su cansancio crónico o su explotación silenciosa. Ellas sostuvieron el tejido social de este país, pero lo hicieron a costa de renuncias personales forzadas y de una carga desproporcionada de trabajo no remunerado. Las brechas de género persistirán mientras el cuidado siga recayendo exclusivamente en los hombros de las mujeres. No podemos seguir romantizando el sacrificio como si fuera una virtud natural femenina.
Creo que, los hombres, aquellos que no han sido devorados por estereotipos machistas que los sitúan como instrumentos de procreación, control, ataque o consumo deben dar un paso al frente. Es urgente que dejen de ser simples espectadores o "ayudantes" ocasionales y participen activamente en la defensa de derechos equitativos de todas las personas. La corresponsabilidad no se agota en cambiar un pañal o lavar un plato; implica que los hombres asuman su rol político y social en la estructura del cuidado. Necesitamos un pacto social profundo donde el Estado compuesto por la población, el aparato gubernamental, las empresas y, sobre todo, los varones se comprometan con un sistema justo. Un sistema que valore económicamente el trabajo de cuidados y que ofrezca servicios institucionales (guarderías y centros de día) de calidad que funcionen de verdad.
No permitamos que el conservadurismo use nuestras palabras para dividirnos o para generar falsas dicotomías entre mujeres y hombres, o, peor aún entre mujeres. Una mujer es poderosa por sí misma, por su intelecto y su voluntad, no por su cargo, su estado civil o su capacidad reproductiva. Construir un país justo implica defender el derecho a trazar el propio camino, siendo cada mujer: niña, adolescente, joven, adulta o anciana, sin ser blanco de ataques digitales o institucionales por no encajar en estereotipos obsoletos. Solo cuando el cuidado sea compartido y la maternidad sea una opción protegida, podremos decir que estamos construyendo una verdadera democracia.
"Unamos nuestras mentes, afecto y acciones para construir una sociedad donde maternar sea un deseo protegido y no una renuncia obligada; y donde no maternar sea un derecho respetado y no un estigma político."
*Marynés Salazar Gutiérrez es Investigadora, educadora, filósofa, política, forense, sexóloga y psicóloga / Directora de Psinergia / Docente UCB, UMSA, UPEA / Yt. Fb. TikTok: Psinergia Bolivia / Consultas al 69786000)
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