La política boliviana es un teatro de cinismo sin fin. Hace apenas unos meses, teníamos a los “movimientos sociales” como los dueños absolutos de la taquilla, los que dictaban la Ley, los coautores orgullosos de un modelo de dos décadas, los que aplaudían y enlazaban guirnaldas a los ministros que la ALP no lograba que rindan cuentas. Es más, los alzaban en andas. Hoy, con el cambio de gobierno, los vemos parados en la acera o amontonados en las plazas, alzando la voz contra el gobierno de Rodrigo Paz, clamando a los cuatro vientos: “Discriminación”, “exclusión”. Duele el despojo, ¿verdad? Pero hay que preguntarse: ¿el dolor es por la injusticia social o por la tajada que dejó de llegar a fin de mes?
Esta amnesia es, permítame la palabra, un insulto a la inteligencia y al sentimiento del pueblo. ¿Quiénes sino estos mismos sectores, hoy “discriminados” fueron los que avalaron, con un silencio cómplice o un puño alzado, la construcción del Estado Plurinacional clientelar que nos tiene sumidos en esta multicrisis económica, social y moral? Ahora, cuando el grifo del cuoteo se ha cerrado para ellos, se visten de mártires. Y casi lloran. Pero acá, el problema no es la ideología, es la llave del Tesoro. Es la farsa de quien gobernó por dos décadas y ahora se sorprende de que no le dejen seguir mordiendo o pescando en el río revuelto que ayudó a contaminar. Es el Estado ‘cloaca’ que hoy apesta.
Historia torcida
Es innegable que los movimientos sociales tienen una historia gloriosa en nuestro país, siendo el motor de revoluciones y cambios profundos. Pero en el camino se torcieron. Se convirtieron en brazos operativos del poder, donde la ideología se permutó por la prebenda. Durante veinte años gobernaron. Veinte años en los que el Estado no fue del pueblo sino de ellos que supieron gritar más fuerte, bloquear más tiempo, negociar mejor su tajada.
En esta coyuntura, la reflexión que deben hacer no es sobre Paz, sino sobre sí mismos: ¿recuperamos el espíritu original que luchaba por el pueblo o seguimos siendo una maquinaria para conseguir cargos? La ley del péndulo les exige una purga moral y práctica, profunda y urgente.
Y aquí es donde la ética se pone brava. Si se detecta corrupción en sus dirigentes, que caiga el peso de la Ley con toda su fuerza. Porque estos hombres no le robaron unos cuantos millones al “Gobierno”, le robaron el futuro de los jóvenes talentosos que se vieron forzados a emigrar porque aquí no había oportunidad. Les robaron la salud a nuestros ancianos por insumos adquiridos con irregularidades y la educación a nuestros niños por canchitas en lugar de escuelas, y mal construidas. Su crimen fue contra el tejido humano de esta Patria llamada Bolivia.
Que no nos engañen con el llanto de la exclusión. El verdadero patriota es el que asume su responsabilidad histórica. Es hora de que estos movimientos decidan si quieren volver a ser la conciencia moral de Bolivia o seguir siendo los cómplices frustrados de un poder que ya se fue. La Patria necesita líderes con dignidad, no con amnesia oportunista.
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