Oh, claro, qué maravilla los bloqueos. Porque nada impulsa más la economía del país que impedir que los alimentos, combustibles y medicamentos lleguen a su destino. Es simplemente brillante destruir el sustento de los bolivianos: campesinos, transportistas, comerciantes y trabajadores informales que viven al día, para demostrar "fuerza" política. Muy coherente.
Y hablemos de derechos humanos. Nada como el derecho a no poder comprar una garrafa de gas, a quedarse varado sin poder llegar al trabajo o a ver cómo los precios del pan, del tomate y la cebolla se disparan al cielo. Por supuesto, el derecho a cortar la libre circulación de unos pocos aparentemente pesa más que el derecho a la salud, la alimentación y el trabajo de doce millones de personas. Además, según el Defensor del Pueblo, el gobierno “tiene que cuidar el lenguaje que utiliza” para dirigirse a los pobrecitos bloqueadores, porque probablemente se pueden ofender. ¿Ellos? No. Ellos no tienen por qué cuidar su lenguaje. Ellos hasta le mentan la madre a cualquiera y todos contentos. Su principio estratégico es “meterle nomás”, nada más importa.
Pero tranquilos, que los bloqueos son una "medida de presión legítima y pacífica". Sí, tan legítima y pacífica como ahogar a tu propio vecino para llamar la atención. La próxima vez, en lugar de cortar carreteras, podrían intentar algo más radical: sentarse a dialogar. Aunque claro, eso no genera titulares ni fotos dramáticas. Los bloqueos, en cambio, llaman mucho la atención, nacional e internacional, especialmente por los pacíficos chicotazos a los transeúntes, los pacíficos dinamitazos, pacíficas apedreadas, pacífica destrucción de la propiedad pública y privada, pacíficos vandalismos, pacificas agresiones a los policías (hasta torturas) y sus pacíficos insultos a gil y mil. No hay como los bloqueos. Total, ¿a quién le importa la gente que está perdiendo sus ahorros, sus empleos o su acceso a oxígeno en los hospitales? ¿Los niños? ¡Ah! Los niños no protestan. Si, total, "la lucha sigue".
¿Y se acuerdan que el promotor de los pacíficos bloqueos quería el premio Nobel de La Paz? El cocalero, digo. Como sus bloqueos son pacíficos, claro que se merece el premio. Me acuerdo que hasta Pérez Esquivel lo nominó. Pero obviamente, la Academia Sueca no se lo dio, ni siquiera lo nombró, porque debe estar manejada por el imperialismo yanqui, por la derecha o por los ricachones suecos a los que no les importa la pobreza y el sacrificio de los bloqueadores que reciben un mísero estipendio por pasar las noches en vela en el inclemente altiplano boliviano (¿de dónde saldrá tanta plata no?). No pues señores suecos, la próxima, denle nomás el premio. Se los va a agradecer el zurderío internacional en todos los países e instituciones tomados por ellos.
Para los patriotas bloqueadores "Pensar en el país" es una actividad sospechosa, subversiva y probablemente financiada por agentes externos. Se recomienda no hacerlo. En cambio "Bloquear todas las vías del país" es una acción pacífica, legítima, democrática, sagrada, protegida por la Constitución, el derecho internacional, los Derechos Humanos y la impotencia de doce millones de bolivianos secuestrados por grupículos que se atribuyen representación nacional y cualidades divinas.
Pero no, no, no vayan a pensar mal, porque los bloqueadores no son los provocadores, quienes provocan son los que quieren desbloquear y claro, nunca tienen la culpa. La culpa la tiene el gobierno, la derecha, el imperialismo… y como el bloqueo es una expresión democrática y espontánea de aquellos que se creen “pueblo”, gana el país. Así que ya sabe, ciudadano, habitante de nuestra martirizada Bolivia: si está atrapado en un bloqueo “indefinido hasta las últimas consecuencias”, no se queje. Está siendo parte de un hermoso ejercicio de "presión política con efectos secundarios". Léase: usted es el efecto secundario.
Pero, hablando en serio, los bloqueos y “marchas por la vida” (¿será para tomarlas?). “El gobierno llama al diálogo, y están masacrando al pueblo” dicen, pero olvidan que ellos masacran a 12 millones de bolivianos. El cocalero trata de “traidores” a quienes dialogan con el gobierno; entonces uno advierte que los bloqueos tienen varias virtudes, entre ellas, las que despiertan finalmente al pueblo que se da cuenta que con los bloqueos solo vamos para atrás, y, con bloqueos y marchas, siempre se perjudica al verdadero pueblo. Pierde el bloqueado, el que bloquea, el que protesta y el que negocia también, al final todos pierden y si de algo sirven, es para desenmascarar al político cínico que, al promoverlo y ejecutarlo, grita ser el único que puede remediarlo; pero la Patria estaría y sería muchísimo mejor sin bloqueos ni bloqueadores. Y, finalmente, hoy por hoy, hay varios “dirigentes”, acostumbrados al prebendalismo de los llamados “movimientos sociales”, que quieren voltear a un presidente elegido democráticamente, pero, entre ellos, aparentemente, el cocalero se juega el todo por el todo.
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