España vivió, en pasados días, una masiva ola migratoria con la entrada más numerosa de personas en forma irregular a la ciudad autónoma de Ceuta, que limita con Marruecos en el estrecho de Gibraltar.
Medios de comunicación españoles referían cerca a 50.000 migrantes que ingresaron masivamente y de forma descontrolada en una crisis migratoria sin precedentes para el Reino de España.
Los vecinos del país ibérico, alarmados por la situación, hablaron de activar mayores controles en sus fronteras colindantes. Italia, la más preocupada, pero no la única dispuso la reintroducción de controles en puertos y aeropuertos con España, medida que también implica la suspensión temporal del tratado Schegen de libre circulación en la Unión Europea.
El presidente de gobierno, Pedro Sánchez, calificó la situación como “un ataque, una violación de la integridad territorial de España”.
Hasta el momento de escribir estas líneas, el Ministerio del Interior español declaraba que más de cuarenta mil de los migrantes habían retornado de manera voluntaria a Marruecos.
La politóloga Cristina Monge, al ser preguntada por lo sucedido en Ceuta, decía: todavía no se tiene claro el motivo que desencadenó la ola migratoria pero lo evidente fue observar a miles de marroquíes lanzándose al mar para cruzar la frontera el mismo día. Esto no sucede de manera espontánea si detrás no hay algo por acción o por omisión.
La migración en sí no es un problema; está acción se da desde los orígenes de la humanidad. La preocupación radica en las razones, condiciones y formas que se produce la migración y las respuestas limitadas que los Estados dan a esta situación. Por ello, la etiqueta de “crisis migratoria” no debería causar sorpresa en estos tiempos; en todo caso la novedad seria conocer si las políticas migratorias han mejorado: ¿es más importante las políticas de control en las fronteras o el trato digno que merece el migrante? ¿los Estados responden con planes de cooperación a largo plazo o solo medidas de contención? ¿y, parafraseando al papa León XIV, qué políticas están impulsando los países para ofrecer a sus ciudadanos razones para permanecer y construir su futuro en su propia tierra?
Lo sucedido en Ceuta es una evidencia más que engrosa el desafío de la crisis migratoria mundial, que dista mucho de ser solo un problema más a resolver. Es necesario abordarlo desde diversos ángulos, comenzando por el reconocimiento de la dignidad del migrante, la emergencia humanitaria, desafíos políticos, acuerdos diplomáticos, la cooperación internacional, la lucha contra las redes de trata y tráfico de personas, el desarrollo de políticas que atiendan las causas estructurales de la migración y la construcción de oportunidades que permitan a las personas permanecer en sus países con esperanza, seguridad y condiciones de vida dignas.
El papa León XIV fue muy claro en su posición en esto: los Estados tienen el derecho de poner reglas en sus fronteras; es lógico porque no necesariamente todos los migrantes llegan con las mejores intenciones a un país. El Estado tiene la obligación de garantizar la el orden y la protección de sus ciudadanos pero esto no puede ser razón para maltratar o discriminar al migrante, el equilibrio entre la protección de fronteras y el respeto a los derechos humanos tiene todavía una línea delgada que no siempre se sabe reconocer.
Otro punto que menciona León es que una migración masiva y desordenada, especialmente cuando ocurre en condiciones extremas, puede generar nuevas situaciones de injusticia tanto para las comunidades que reciben a los migrantes como para quienes se ven obligados a abandonar su país. Por ello, insiste en que este fenómeno debe ser gestionado con responsabilidad, solidaridad y políticas que protejan la dignidad de todas las personas involucradas.
Y terminaba su intervención con la siguiente pregunta ¿qué hacen los países ricos para cambiar la situación en los países pobres….?, la respuesta sigue haciéndose esperar. Son décadas que esta situación va creciendo, sin que se logre comprender las causas profundas, quizás porque los problema sociales y económicos de los mal llamados “países pobres” lo ocasionaron y ocasionan lo “países ricos” por decisiones y dinámicas de conveniencia. Resulta paradójico en especial en este tiempo donde los avances en tecnología y la inteligencia artificial está transformando al mundo de manera veloz y todavía no se puedan resolver asignaturas pendientes como esta.
Me queda una pregunta en el tintero sobre el porqué los países no pueden retener a sus ciudadanos, no tengo la respuesta, para muchos puede ser una pregunta incomoda, inútil o por el contrario que motive a continuar mas debates sobre esta situación, pero mientras se encuentra la o las respuestas seguramente seremos testigos de mas situaciones como la sucedida en Ceuta.
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