Septiembre 18, 2026 -HC-

Cuando los departamentos abren sus propias puertas internacionales


Jueves 17 de Septiembre de 2026, 10:30am




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En política exterior, los vacíos no se congelan: se llenan. Y cuando un Estado renuncia a ocuparlos, otros actores —regiones o gobiernos subnacionales— lo tienen que hacer. Bolivia vive hoy ese momento.

A casi un año del relevo presidencial y bajo la conducción diplomática, sin rumbo, de Héctor Huanca, la Cancillería atraviesa una parálisis que ya no es solo preocupante: es costosa. Sin embajadores en varias capitales clave, sin cuadros técnicos desplegados y sin una estrategia tangible de inserción internacional, el país ha quedado, en la práctica, sin capacidad para atraer inversiones, negociar acceso a mercados o promocionar el turismo.

Todo ello ocurre en un contexto de escasez de dólares y carburantes, además de una creciente espiral de sicariato narcoterrorista. Y el Gobierno central, sumido en escándalo tras escándalo, se define, según el presidente Paz, como ni de izquierda ni de derecha. El resultado es una Bolivia con una proyección ambivalente, sin norte claro ni una orientación internacional coherente. Hoy estamos con Estados Unidos y mañana con el BRICS.

Septiembre, mes de efemérides departamentales, expone con crudeza esta contradicción. Mientras Santa Cruz, Cochabamba y Pando celebran su vocación productiva, el centralismo ofrece discursos vacíos y promesas que nunca llegan. La verdadera celebración no está en los actos protocolares ni en fotos de social media, sino en el ejercicio real de las libertades autonómicas.

Las regiones no tienen por qué aceptar el aislamiento. La respuesta estratégica requiere voluntad e institucionalidad: el Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz debe crear la Secretaría de Promoción Internacional como parte del Gabinete del Gobernador.

Esta instancia ejecutiva tendría el mandato de liderar e implementar la instalación de oficinas de promoción comercial en los principales nodos financieros, políticos y logísticos del mundo: Washington, Nueva York, Miami, Houston, São Paulo, Buenos Aires, Madrid, París, Londres y Bruselas. A diferencia del aparato burocrático de Cancillería, estas representaciones no pueden convertirse en agencias de empleo político o de exilio dorado. Deben estar integradas por personal idóneo, altamente capacitado y con dominio fluido del inglés y de los idiomas correspondientes a los países de destino. Deben ser cuadros técnicos capaces de posicionar la marca Santa Cruz, atraer capitales, promocionar el turismo, abrir mercados para la oferta exportable y articular financiamiento para los proyectos comerciales y de infraestructura más relevantes del departamento.

Esta Secretaría debe operar en alianza estratégica con la CAO, CAINCO, la FEPSC, entre otras instituciones. Un departamento que sostiene la economía nacional no puede seguir siendo rehén de un Estado tranca, inoperante y corroído por una devastadora cercanía a mafias de toda índole que perpetúan la corrupción y la cleptocracia institucionalizada.

El sustento constitucional y legal de esta propuesta existe. La Constitución Política del Estado y la Ley Marco de Autonomías y Descentralización establecen un espacio suficiente para que los Gobiernos Autónomos Departamentales impulsen políticas de desarrollo económico, promoción productiva y atracción de inversiones dentro de sus competencias. El nivel central conserva las atribuciones soberanas en materia de política exterior y comercio exterior, pero ello no impide que las regiones desarrollen mecanismos propios de promoción internacional de sus inversiones, producción, turismo y oferta exportable. La forma institucional, el alcance específico y los mecanismos de coordinación pueden ser ajustados y viabilizados dentro del marco legal vigente. Lo importante es entender que la autonomía no obliga a las regiones a permanecer pasivas cuando existen oportunidades económicas que pueden ser promovidas desde el ámbito departamental.

La CPE distingue con claridad entre política exterior soberana y competencias económicas autonómicas. La paradiplomacia económica, práctica consolidada en Canadá, España, Brasil, Argentina y Estados Unidos, demuestra que las regiones pueden operar internacionalmente sin vulnerar la soberanía del Gobierno central.

Bolivia no puede seguir esperando a que un Estado central naufragante decida abrir los ojos. Cuando la Cancillería se convierte en un muro y el Gobierno nacional en un obstáculo, las regiones tienen no solo el derecho, sino la obligación moral y económica de actuar. Santa Cruz, Cochabamba y Pando, y los otros seis departamentos, no pueden seguir pagando el precio de una burocracia que ha renunciado a conectar al país con el mundo. La autonomía no es un adorno constitucional: es la herramienta que permitirá que Bolivia vuelva a respirar económicamente.

El pragmatismo confirma esta urgencia. Santa Cruz ya demostró que puede actuar cuando el Estado centralista falla: exploró la importación autónoma de carburantes para evitar el colapso productivo. La misma lógica debe guiar su inserción internacional. Si el Estado no abre mercados ni busca inversiones, la Gobernación, a través de su nueva Secretaría y junto a los gremios, tiene la legitimidad de hacerlo por sí misma.

Los datos recientes lo respaldan. Según el boletín Santa Cruz Estadístico 2026 del ICE, el departamento aporta alrededor del 30% del PIB nacional, supera los 17.000 millones de bolivianos en actividad económica y concentra cerca del 75% de la producción agropecuaria del país. En comercio exterior, Santa Cruz registró 1.308 millones de dólares en exportaciones a julio de 2026, lideradas por aceite de soya, gas natural y tortas de oleaginosas, con destinos principales como Colombia, Brasil y Perú. Esto refleja una economía que produce, exporta y mantiene una presencia creciente en los mercados internacionales.

Incluso bajo 53 días de bloqueos prolongados, con pérdidas estimadas en 3.000 millones de dólares a nivel nacional, el aparato productivo cruceño siguió funcionando. Esa resiliencia contrasta con el estancamiento del nivel central. Además, potencialmente Santa Cruz posee la vía más clara de soberanía logística hacia el Atlántico: Puerto Busch y la Hidrovía Paraguay-Paraná, complementados por Viru Viru como hub aeronáutico regional.

Este modelo institucional es replicable. Cochabamba, con su agroindustria y su naciente sector tecnológico; Pando, con su riqueza forestal y de frontera; y los departamentos mineros del altiplano pueden crear sus propias estructuras ejecutivas de promoción exterior para atraer capitales y abrir mercados.

Para viabilizar estos capitales desde el exterior, es imprescindible disipar el mito del riesgo jurídico. La Secretaría de Promoción Internacional, junto a CAINCO, CAO y las cámaras especializadas, puede estructurar Alianzas Público-Privadas (APPs). Estos son mecanismos contractuales de coinversión en los que el sector privado aporta capital y gestión eficiente, mientras el Gobierno subnacional respalda el marco institucional. Pueden utilizarse para desarrollar proyectos con seguridad jurídica, cláusulas claras de resolución de controversias y arbitraje comercial internacional, siempre dentro del marco legal vigente. La soberanía estatal no se vulnera: se complementa con inversión técnica y transparente.

Por ello, mientras Bolivia discute una nueva Ley de Inversiones y eventuales reformas constitucionales, Santa Cruz y el liderazgo empresarial deben vigilar el proceso con atención. Las regiones deben blindar su libertad de promoción comercial autonómica y frenar cualquier intento centralista de restringir la atracción de capitales.

Con esta propuesta no estamos descubriendo la pólvora ni vendiendo humo al estilo Cerimedo. Se trata de copiar y adecuar lo que funciona. Las regiones serias del mundo llevan décadas haciéndolo con un éxito rotundo. Agencias como ACCIÓ (Cataluña), InvestSP (São Paulo), ProMendoza (Argentina), las Délégations du Québec y la red VEDP (Virginia) operan bajo esquemas de promoción económica subnacional, internacionalización empresarial y alianzas público-privadas enfocadas estrictamente en resultados cuantitativos. Los departamentos bolivianos pueden y deben hacer lo mismo: construir verdaderas estrategias de marketing exterior.

Esperar a que la burocracia central reaccione es un lujo que el país no puede costear. La creación de la Secretaría de Promoción Internacional y el despliegue de sus oficinas comerciales puede desarrollarse dentro del marco legal vigente y constituye el ejercicio pleno de la autonomía económica. En este mes de efemérides regionales, cuando el Estado falla en abrir puertas, las regiones tienen la legitimidad, la competencia y el deber de liderar la reconexión de Bolivia con el mundo. Quizá así se podría decir: Santa Cruz al mundo y el mundo a Santa Cruz, pero en serio.

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