Mayo 27, 2026 -HC-

La historia de Mayra: Cuatro generaciones y una misma forma de amar


Miércoles 27 de Mayo de 2026, 11:45am




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A mi mamá le faltaba pecho para tanto corazón”. Así es como Mayra Arauco, empresaria y mujer trabajadora, habla de su madre al recordarla.

Mayra viene de una familia de mujeres fuertes, su abuela Gladys aun la acompaña. Actualmente tiene una pequeña de un año y medio que, como pocas niñas, tiene la dicha de disfrutar de su bisabuela con vida.

Ellas son cuatro generaciones de mujeres que expresan su amor y gratitud por la alegría que su presencia representa en sus vidas.

Cuando piensa en la mujer que marcó su infancia no recuerda grandes regalos. Lo que viene a su memoria son escenas cotidianas: una madre despertando antes del amanecer, preparando desayunos, organizando el día con sus tres hijas y encontrando tiempo para atenderlas aun después de jornadas laborales.

La señora Charo, madre de Mayra, siempre fue una muy trabajadora, pero eso nunca significó distancia emocional. Pese a sus responsabilidades fuera del hogar, contaba con el apoyo de sus propios padres y hoy Mayra destaca cómo ella retribuye ese cuidado acompañándolos en la vejez.

Mayra, ya siendo una mujer adulta, reconoce que ni siquiera ahora, pese al paso de los años, esa forma de amar ha cambiado.

Su madre sigue despertando en la madrugada para cocinar, ahora no solo para sus hijos, sino también para sus nietos.

“Mi mamá trabajaba, pero ni bien llegaba a la casa era inmediata para atendernos. Nos hacía el almuerzo, estaba pendiente de todo y hasta ahora sigue siendo igual. Muchas veces se despierta a las cinco de la mañana para cocinar, ya no solo para sus hijos, sino también para sus nietos. Nosotros le decimos: ‘Mamá, ya no lo hagas’, pero ella dice que quiere hacerlo. Ese es su amor y esa es su forma de expresarlo”, cuenta.

A pesar de todo el amor, siempre tuvo una madre enfocada y estricta; esperaba buenas notas, compromiso y disciplina. Las llamadas de atención existían, aunque nunca disminuían el afecto.

Por eso, Mayra combina de manera similar su propia forma de ejercer la maternidad.

“Mi mamá siempre ha sido muy cariñosa, pero también exigente. Nos pedía responsabilidad, buenas notas y obviamente cuando una hacía algo mal, llegaba la retada. Como dicen: en una mano la miel y en la otra la hiel. Tenía las dos cosas”, recuerda.

Hoy, siendo mamá de Matilde, Mayra se dio cuenta de que muchas cosas que admiraba de niña terminaron convirtiéndose en parte de su personalidad. La necesidad de abrazar, besar y preparar las cosas con sus propias manos permanece, porque asegura que las formas de amar también se heredan.

“Yo intento hacer con mi hijita muchas cosas que mi mamá hacía conmigo. Podría delegar algunas cosas, pedir ayuda o hacerlas más rápido, pero trato de hacerlas yo. Abrazarla, besarla, prepararle cosas, expresarle amor. Mi mamá hasta ahora me dice ‘mi hijita’, ‘mi pequeña’, y todo eso una lo aprende. Aprendes a amar viendo cómo te amaron”, afirma.

Hoy combina su restaurante y la odontología con la crianza, organizando su jornada alrededor de Matilde. Aprovecha las horas de guardería para trabajar y dedica las tardes enteras a estar con su hija.

Agradece que esas posibilidades son parte de sus condiciones personales y del apoyo que tiene dentro de su hogar, algo que muchas mujeres no pueden permitirse.

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