Mayo 24, 2026 -HC-

Bolivia más allá de las etiquetas: ciudadanía, identidad y realidad social


Domingo 24 de Mayo de 2026, 12:15pm




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La Paz, 24 de mayo (Texto de Ramiro Aranda, comunario de Zongo).- En Bolivia, muchas veces el debate sobre identidad se ha reducido a etiquetas: indígena, originario, campesino, mestizo, criollo o blanco. Sin embargo, la realidad social y cultural del país es mucho más compleja que una simple clasificación política o racial.

Ni tú ni yo necesariamente somos “indígena originario campesino” en el sentido estricto del término. Muchos somos descendientes de colonos, mestizos o familias con apellidos españoles. Nuestros propios apellidos reflejan procesos históricos de mestizaje, migración y transformación social. Pero eso no nos quita ciudadanía, derechos ni pertenencia a Bolivia.

También existen muchas personas con apellidos españoles que se identifican plenamente como indígenas y mantienen vínculos culturales, comunitarios y territoriales profundos. La identidad no puede reducirse únicamente al apellido, al color de piel o a una definición política impuesta desde arriba.

En Bolivia no debería existir ciudadanos de primera, segunda o tercera categoría. Todos somos bolivianos: cambas, collas, chapacos, mojeños, potosinos, mestizos, indígenas, criollos y afrobolivianos. Tanto en la República como en el actual Estado Plurinacional, la Constitución reconoce igualdad de derechos para todos.

El racismo y la discriminación existen en múltiples direcciones. Puede ir del blanco hacia el moreno, pero también del moreno hacia el blanco; del rico hacia el pobre y del pobre hacia el rico. Incluso dentro de los propios sectores indígenas y populares existen jerarquías sociales, económicas y culturales.

Un ejemplo visible está en ciertas expresiones sociales y culturales urbanas, como las fiestas del Gran Poder, donde algunos sectores económicamente ascendidos buscan prestigio, estatus y reconocimiento social. Allí también aparecen contradicciones sobre identidad, apariencia física y aspiraciones sociales. Muchas veces el ascenso económico viene acompañado de una búsqueda de aceptación en espacios históricamente elitistas.

Por eso, el discurso del indigenismo no puede manejarse de manera superficial o solamente política. No basta con proclamarse “indígena originario campesino” si en la práctica no existe una conexión real con el idioma, la comunidad, el territorio o las formas de vida ancestrales.

En mi caso, por ejemplo, soy comunario afiliado a una organización social sindical. Vivo en Zongo, produzco y trabajo en actividades agropecuarias, participo de usos y costumbres y convivo dentro de normas comunitarias. Eso me otorga pertenencia social y derechos colectivos. Pero también reconozco honestamente mis limitaciones culturales: apenas puedo hablar aymara, y hacerlo muchas veces me genera inseguridad porque no crecí plenamente dentro de ese idioma.

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