Agosto 03, 2026 -HC-

La guerra de Tarija


Domingo 2 de Agosto de 2026, 9:15am




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En la primera mitad del siglo XIX se produjo un conflicto bélico entre Bolivia y Argentina. La conflagración fue denominada la “Guerra de Tarija”. En realidad, ¿fue una guerra internacional o simplemente fue una invasión argentina y una réplica boliviana? Para responder a esta pregunta recurriremos a dos grandes figuras tarijeñas como fueron Eduardo Trigo y Edgar Ávila, quienes investigaron a profundidad este hecho histórico.

Eduardo Trigo O´Connor d´Arlarch en su libro “Crónicas de Tarija” (2018) escribió lo siguiente: “Bolivia durante el gobierno del mariscal Andrés de Santa Cruz se constituyó en un ejemplo de estabilidad y prosperidad para los demás países de la América del Sur. Su política estaba basada, principalmente, en un nuevo ordenamiento jurídico, una fuerte y disciplinada organización militar, una sólida economía, con un estable comercio”.

En cambio, la Argentina se debatía en un caótico periodo de su historia. Rosas, tenía el cargo de Gobernador de Buenos Aires, y Encargado de las Relaciones Exteriores de la República Argentina, desde 1829, y desde entonces mantuvo relaciones cordiales, ambiguas y de distanciamientos momentáneos con los caudillos provinciales y ejercía la representación de todas las provincias en las relaciones internacionales y la guerra.

El dictador argentino tenía una manifiesta animadversión hacia Santa Cruz, no solamente porque era la cabeza de un fuerte poderío militar que le hacía temer la expansión de su sistema político y posibles anexiones territoriales, sino también porque había acogido a políticos unitarios argentinos que emigraron de su patria víctimas de persecuciones partidistas a quienes brindó apoyo con la concesión de importantes posiciones.

El historiador tarijeño Edgar Ávila Echazú, en su libro “Historia de Tarija” (2002) sostiene: “Aquello, entre otros antecedentes, le brindó a Rosas la razón para romper relaciones con Bolivia; más que todo con el gobierno de Santa Cruz. Cerró las fronteras con Tarija y prohibió toda comunicación epistolar con Bolivia, en febrero de 1837. La otra razón aducida para la posterior invasión defensiva fue la de recuperar la Provincia de Tarija”.

Rosas tenía la obsesión por conseguir la devolución de Tarija que, desde 1826, por decisión de los propios tarijeños, habían dejado de formar parte de la provincia de Salta y se había incorporado a la nueva República de Bolivia. Los argentinos temían que la provincia de Jujuy fuese incorporada a Bolivia. Además, había surgido la idea de auspiciar la creación de un nuevo estado que estaría formado por las cuatro provincias norteñas del vecino país.

Por todos estos antecedentes, el dictador Juan Manuel de Rosas puso en marcha un plan militar. El dictador de Buenos Aires nombra al Gobernador de Tucumán, Alejandro Heredia, general en jefe del Ejército de Operaciones y protector de Salta, Jujuy y Catamarca. Le instruyó ir a la guerra contra la Confederación Perú-boliviana y que se apoderase de Tarija y Chichas. El 19 de febrero de 1837 Argentina declaraba la guerra a Bolivia.

Andrés de Santa Cruz ordenó al general Otto Felipe Braun, la defensa de la integridad territorial. Braun traslado su centro de operaciones de Tupiza hacia Tarija donde solicitó el apoyo del general Francisco Burdett O´Connor. Braun incorporó a los coroneles tarijeños Eustaquio Méndez, Fernando Campero, Timoteo Raña, Tomás Ruiz y Sebastián Estenssoro, al prefecto Manuel Dorado, Mariano Vásquez, Bernardo Trigo y Aniceto Arce.

Las tropas bolivianas ingresaron a territorio argentino por La Quiaca; se establecieron en Cochinoca y Puna en territorio jujeño. Fueron acciones previas de hostigamiento y control en la Quebrada de Humahuaca que sirvieron de antesala y línea de fricción en los límites de ambos ejércitos. Una columna dirigida por Braun ocupó Humahuaca el 13 de septiembre de 1837 donde derrotó a los argentinos; luego se retiró hacia Chorrillos (Jujuy).

Heredia destacó dos columnas que avanzaron con rumbo a Iruya y ordenó que una división de mil hombres al mando del general Gregorio Paz tomara la frontera de Tarija con dirección al Pilcomayo para amenazar la frontera de Chuquisaca. El 11 de junio de 1838, las fuerzas bolivianas dirigidas por el coronel Timoteo Raña vencieron en Iruya (Salta) a las tropas argentinas del coronel Manuel Virto, frenando su avance hacia Tupiza.

Por su parte el general Paz, el 29 de mayo de 1838, se dirigió a Caraparí. El día 31 de mayo de ese año, en la madrugada ocupó ese pueblo chaqueño desde donde se dirigió a Zapatera, lugar del cual se habían retirado los bolivianos. El 6 de junio de 1838 el general argentino reinició su marcha hacia territorio boliviano, hasta inmediaciones de Sereré, siguió a San Diego y retrocedió a El Pajonal. Llegó a colocarse a 15 kilómetros de Tarija.

O´Connor se incorporó a las fuerzas combatientes, las que dirigió en ausencia de Braun que estaba en Tupiza. Al retorno de Braun, ambos jefes se dirigieron hacía San Luis (hoy Entre Ríos) pero al conocer los movimientos del enemigo decidieron marchar hacía Tarija. Braun y O´Connor siguieron a los argentinos hasta llegar a las alturas del cerro Montenegro sobre el río Bermejo en el actual territorio de Bolivia.

Braun ordenó que el irlandés O´Connor, a la cabeza de los Granaderos, ascendiera la cuesta de El Espinillo; Braun comandaría a los Cazadores y demás tropa. El combate de Montenegro, llamado también combate de la Cuesta de Coyambuyo, sería el escenario de la gran victoria boliviana. El 24 de junio de 1838 el mariscal Braun derrotó de manera categórica al ejército argentino del general Gregorio Paz, colapsando la ofensiva del vecino país.

El Dr. Eduardo Trigo, termina su breve crónica sobre la guerra de Tarija indicando lo siguiente: “La victoria de Bolivia sobre la Argentina, única guerra internacional ganada por nuestro país, constituye una página de gloria en la historia boliviana; sin embargo, es lacerante verificar que los investigadores nacionales no se han ocupado mayormente de ella, sin que exista justificación alguna sobre esta omisión”.

Edgar Ávila Echazú concluye diciendo: “Lamentamos, una vez más, la falta de documentos que atestigüen qué ocurrió después de Montenegro. En los libros de historia (…) no se dice nada al respecto. Hasta encontrar algún informe (…) no nos queda sino suponer que los contingentes al mando del mariscal Braun retornaron a Tarija (…). El resto del ejercito debió dirigirse hacia el sur peruano a engrosar las filas del Mariscal Santa Cruz”.

El 22 de agosto de 1838, el argentino Heredia ordenó la retirada hacia Jujuy y luego a Tucumán al haber fracasado las dos columnas. Después de su derrota, las tropas argentinas no volvieron a enfrentar a las fuerzas bolivianas, ni reaccionaron para defender sus territorios invadidos. La ocupación por parte de los bolivianos en el norte argentino se mantuvo hasta la caída de Santa Cruz en 1839, año en que el nuevo presidente José Manuel de Velasco, ordenó la desocupación del territorio argentino.

Los historiadores argentinos, sostienen que esta guerra terminó sin vencedores ni vencidos, aducen que, si bien las tropas argentinas lograron liberar Jujuy y Salta invadidas por los bolivianos, no pudieron reincorporar la provincia de Tarija a la Argentina. Los historiadores bolivianos, por su parte, sostienen que se trató de una gran victoria militar y un triunfo estratégico de la Confederación Perú-boliviana, dado el fracaso de los argentinos en su ofensiva sobre territorio boliviano.

Conclusión: La “Guerra de Tarija” fue una guerra internacional y fue el resultado de una acumulación de decisiones políticas, tensiones diplomáticas, disputas territoriales, competencia militar y percepciones de amenazas entre todos los protagonistas de este conflicto. Los argentinos querían recuperar Tarija porque la creían suya y los bolivianos estaban defendiendo una decisión de los propios tarijeños de pertenecer a Bolivia.

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