Julio 01, 2026 -HC-

La ética del cuidado: el camino para reconciliar a Bolivia


Miércoles 1 de Julio de 2026, 11:00am




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En los últimos meses, Bolivia ha transitado y discutido sobre bloqueos, estados de excepción, combustibles, inflación, enfrentamientos, reformas legales y disputas políticas. Sin embargo, detrás de todos estos conflictos parece existir una crisis aún más profunda y silenciosa: la pérdida de la empatía y de la ética del cuidado como principios de convivencia.

La ética del cuidado, teoría desarrollada por autoras como Carol Gilligan y Joan Tronto, plantean que una sociedad democrática se fortalece cuando coloca el cuidado de las personas, las comunidades y la vida en el centro de las decisiones públicas.

Vivimos tiempos en los que resulta cada vez más fácil descalificar al otro u otra que intentar comprenderla. El adversario político, hombre o mujer, deja de ser un ciudadano con quien se discrepa para convertirse en una enemiga o enemigo al que se debe derrotar. Las redes sociales amplifican esa lógica, premiando el insulto, la violencia, la desinformación y la confrontación por encima del diálogo y la reflexión. En este contexto, todos y todas terminamos perdiendo.

Cuando un campesino o campesina no puede sacar su cosecha por un bloqueo; cuando un transportista permanece semanas detenido en una carretera; cuando una madre no encuentra medicamentos para su hijo; cuando un comerciante pierde su capital; cuando una o un productor siente que nadie escucha sus demandas o cuando una comunidad considera que el Estado ha dejado de responder a sus necesidades, el problema deja de ser únicamente político. Se convierte en un problema humano.

La empatía no significa compartir todas las posiciones ni renunciar a las propias convicciones. Significa reconocer que detrás de cada protesta, de cada decisión gubernamental y de cada crítica existen personas con historias, preocupaciones y derechos. Una democracia madura no elimina los conflictos; aprende a gestionarlos sin perder de vista la dignidad del otro u otra.

En los últimos años, la filósofa estadounidense Joan Tronto ha desarrollado el concepto de la ética del cuidado, entendida como una responsabilidad compartida para sostener la vida y el bienestar colectivo. Cuidar no es solamente atender a quienes amamos; es también construir instituciones que protejan a las y los más vulnerables, diseñar políticas públicas que reduzcan las desigualdades y actuar con responsabilidad frente a las consecuencias que nuestras decisiones tienen sobre los demás.

Quizás ese sea uno de los grandes desafíos de Bolivia. Hemos convertido la confrontación en una forma habitual de hacer política, mientras el cuidado parece haber quedado relegado al ámbito privado. Nos acostumbramos a medir el éxito de una movilización por su capacidad de paralizar el país y el éxito de un gobierno por su capacidad de imponer decisiones. En ambos casos, pocas veces nos detenemos a pensar en quienes quedan atrapados en medio del conflicto.

La ética del cuidado nos invita precisamente a cambiar esa mirada. Nos recuerda que gobernar también es cuidar. Que hacer oposición también implica cuidar la democracia. Que ejercer el periodismo supone cuidar el derecho ciudadano a una información veraz. Que administrar justicia significa cuidar la igualdad ante la ley. Que educar es cuidar el futuro. Que proteger el medio ambiente, rescatar animales abandonados o acompañar a las personas mayores son expresiones de una misma cultura: la cultura del cuidado.

No se trata de una idea ingenua. Diversos países han comenzado a incorporar el cuidado como eje de sus políticas públicas, reconociendo que el desarrollo no puede medirse únicamente por el crecimiento económico, sino también por la capacidad de una sociedad para proteger la vida, reducir las vulnerabilidades y fortalecer la cohesión social.

Bolivia necesita recuperar esa mirada. Necesita instituciones que escuchen antes de reaccionar, dirigentes capaces de dialogar antes que confrontar y ciudadanos/as dispuestos/as a reconocer que nadie posee toda la verdad. La empatía no debilita las convicciones; las humaniza. El cuidado no sustituye a la justicia; la hace más completa.

Tal vez por eso la verdadera reconstrucción del país no comenzará cuando desaparezcan los bloqueos o mejore la economía. Comenzará el día en que volvamos a mirarnos como compatriotas antes que como adversarios permanentes.

La ética del cuidado comienza cuando dejamos de preguntarnos quién tiene la razón y empezamos a preguntarnos quién está pagando el costo de nuestros desacuerdos.

Porque ninguna democracia puede sostenerse únicamente sobre leyes, elecciones o indicadores económicos. También necesita confianza, respeto y una profunda voluntad de cuidar la vida en común. Y quizá esa sea hoy la tarea más urgente de Bolivia.

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