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La casta de los intocables y el banco de la ira


Miércoles 3 de Diciembre de 2025, 7:15am




La casta es un concepto que los políticos antisistema han puesto de moda y, su contrario la ira de la masa, de los sentimientos anticasta, antipartidistas e impolíticos (la decepción) es la energía inmarcesible que se libera en ambientes de policrisis y se encargan de poner en entredicho la legitimidad del establishment. Para el siglo del populismo, nuestro siglo, los sentimientos anticasta son una de las formas de lucha más intensas que enarbola la causa de los populistas contra el sistema y la autoridad estatal.

La crisis de legitimidad y de autoridad es una manera convencional de explicar la caída de los regímenes políticos; todo sistema de autoridad y de casta es desafiado tarde o temprano por aquellos que se sienten subprivilegiados, subordinados, marginados, cuando la indignación se traduce en protesta mayoritaria de la sociedad las normas impuestas por el Estado se rechazan, se desmoronan y cobran la forma de crisis de legitimidad.  Pero la crisis de legitimidad y de autoridad tiene desenlaces de ira incontenibles, la acumulación de indignación y furia de los de abajo en bancos de ira es una manera menos conocida de cómo la gente común depone gobiernos de casta y/o de élites; el filósofo alemán Peter Sloterdijk publicó el año 2006 el libro “Ira y tiempo” en el cual expone la ira política, vista por él como un sentimiento irreprimible de aquellos que en toda sociedad se sienten excluidos y discriminados siempre por castas o elites en el poder sean de derechas o de izquierdas, la rabia acumulada en la modernidad tardía ha sido capitalizada por partidos de izquierda o por populismos variopintos liderizados por jefes extravagantes, qué según Sloterdijk cumplen la función de organizar “bancos de indignación” que acumulan energías en proyectos políticos inflamatorios.

Los “bancos de indignación” sientan las bases organizativas de la política del resentimiento y sentimientos de rabia acumulada contra la casta endogámica que usualmente se codifica como populismos.  Tanto el profesor de ciencia política Giuliano Bobba como el escritor Giuliano da Empoli se encargan de hacer conocer a la opinión pública que dos periodistas del diario moderado Corriere della Sera (Sergio Rizzo y Gian Antonio Sella) publican el año 2007 un libro de gran éxito [La casta. Así los políticos italianos se volvieron intocables] que vende más de un millón de ejemplares y se convierte en el manifiesto de rebelión del pueblo contra las elites. De ahí en adelante la lucha anticasta no solo se dará en Italia con el Movimiento 5 Stelle liderado por Beppe Grillo, sino que también se amplificará en muchos sistemas políticos como en la Argentina con el discurso anticasta y anti-establishment de Javier Milei.

El populismo se alimenta de la ira, o si se quiere, de resentimientos de los de abajo que acusan a los de arriba de sus desgracias, penurias, injusticias y vida miserable, la masa acusa a la casta de ser excluidos, discriminados, perjudicados despreciados y nunca escuchados; el populismo a la izquierda o a la derecha es un grito desesperado de indignación. Giuliano da Empoli en su libro “Los ingenieros del caos” y publicado como un extracto en la Revista Nueva Sociedad (Julio-Agosto 2024) bajo el titulo “Waldo a la conquista del planeta. Rabia, política y algoritmos” considera la nueva bestia del poder como una bestia que merece la pena estudiarla en términos de rabia de la gente contra la casta promiscua, pues las características “de esta extraña bestia...se alimenta fundamentalmente de rabia, paranoia y frustración”

La casta de los intocables y la ira de la masa se balancean en un equilibrio catastrófico que amenaza con tirar abajo las instituciones de la democracia y del Estado Constitucional de Derecho para dar la bienvenida a las nuevas autocracias (lo que he caracterizado como una democracia fuera de equilibrio). El castigo a la insensibilidad de la casta, a la falta de respeto a las expectativas de cambio de los de abajo, a los acuerdos entre bastidores de la rosca termina siendo el apoyo a la emergencia disruptiva de los demagogos que obtienen el voto de la ira que termina degenerando el populismo en demagogia y, la repetición de las promesas incumplidas o imposibles de cumplir que motorizan un nuevo ciclo de decepción e ira ciudadana. Los bancos de ira no se aplacan  y tampoco el mundo gobernado por castas entre bastidores, como dirá la novela de Disraeli Coningsby con la frase del Judío Sidonia: “Podéis ver, mi querido Coningsby, que el mundo está gobernado por personajes muy distintos a los que se imaginan aquellos que no están entre bastidores”.

¿Cómo no sentir ira después de cuatro décadas de neoliberalismo salvaje y socialismo de cátedra que han dejado un yermo de país?. La izquierda tradicional se encargo de denunciar el saqueo de Bolivia, Evo Morales represento la ira popular antisistema con una votación mayoritaria en diciembre de 2005, pero instalados en el poder reprodujeron el sistema de corrupción, el narcotráfico, el contrabando el tráfico de tierras, la destrucción del bosque, la cleptocracia, el abuso de las clientelas y las parentelas. El desgobierno de Jeanine Añez alimento la furia de las clases medias, hasta esposas ofreció su Ministro de Gobierno para los corruptos del gobierno que acababa de caer. La furia y el resentimiento están otra vez inflamados, son veinte años en los que se despilfarraron 40 mil millones de dólares por un lado y se robaron 60 mil millones por el otro como viene diciendo el Presidente recientemente electo; se organizó una cleptocracia dominante que iba desde las universidades hasta los Órganos del Estado, se enriqueció a pocos mediante ingresos ocultos, a redes de parentelas, amigotes y dirigencias sindicales y se perfecciono el relato de la persecución política y el exilio como arma cínica de los corruptos de izquierdas y de derechas. Lo cierto es que no hay juicios ni cárcel para la cleptocracia coludida ayer, hoy y mañana.

 La ira se contuvo provisionalmente en las urnas en agosto de 2025 para dar lugar a la formación de un gobierno con espectros de la vieja política, con los mismos actores políticos reciclándose con ropajes de meritocracia. En el imaginario político de la gente común está instalada la convicción de que nada cambiara, de que son las mismas roscas que se reacomodan en el poder del Estado para continuar cometiendo sus fechorías; lo que un día fue la ira antisistema hoy se normaliza como la absorción del sistema. La casta eterna de los intocables, de los coludidos, de los pactos detrás de bastidores prosiguen dejando una huella profunda de injusticia, de abuso de poder, de corruptelas reiterativas que alimentan el capital popular de la ira, de la indignación y de una energía subversiva que se llevara todo por delante más temprano que tarde.

Nada ha cambiado, pervive un régimen férreo de oligarquismo de camarillas y timocracia (les recuerdo que la timocracia es un sistema por el cual uno ocupa un lugar en la jerarquía en función de la propiedad y cantidad de riqueza, ambas oligarquía y timocracia, determinan el grado de influencia política y el modo de ejercicio del poder), tampoco es de extrañar que proliferen las creencias conspiracionistas en torno al gobierno de los “humildes” antes y, ahora al gobierno de los ricos y, naturalmente se incremente una adicción al odio y la ira, en ambos casos, manipulada por los políticos doble cara que unas veces son nacionalizadores y otras privatizadores de conveniencia. Si seguimos los argumentos del filosofo Sloterdijk ya se detectan nuevos “bancos de indignación” cuya función, no cabe duda, será reactivar el club de la pelea, acumular energías para movilizar la protesta social, las marchas, los disturbios, la ingobernabilidad y la desestabilización.

La pregunta es ¿Quiénes en esta oportunidad serán los provocadores que dirijan los sentimientos de injusticia, indignación, furia e ira contra los privilegios injustificados de la casta impune? ¿Una izquierda renovada dispuesta a dar pelea por la igualdad “verdadera”? ¿Una nueva derecha dispuesta a profundizar la represión y las desigualdades?. Quizás ni lo uno ni lo otro, sino la canalización espontanea apartidista de emociones fuertes hacia un plan general que encuentre salida política al Estado de la casta, sin ganadores absolutos ni perdedores extremos.

La perspectiva política de conflicto entre la casta de los intocables y el banco de ira de la turba tiene que ver con que esa casta y sus privilegios obtenidos de manera ilícita siempre quedan en la impunidad, nunca se les aplica a ellos la ley; contrariamente la masa subprivilegiada siempre paga las consecuencias de un trato injusto e irrespetuoso que termina condenándolos a una vida mediocre y de dictadura sobre sus necesidades. Los bancos de ira estallan cuando la gente al fin cree que abrió los ojos, que finalmente sabe quienes son los malos y los buenos que llegaron para cambiar sus vidas miserables; sin embargo, ese abrir de los ojos dura poco pues el antisistema se convierte rápidamente en un defensor del sistema, en esas condiciones de perpetuación de la casta es inevitable la activación de las voces de protesta, de los bancos de ira, pues no puede haber adecuada prevención de la violencia política y contención de la ira de la gente si el cínico realismo subsiste en el relato del retorno de unos corruptos como héroes y la partida de otros corruptos como perseguidos.

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Politólogo y abogado, Docente UMSA.

 

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