Octubre 15, 2026 -HC-

Freddy Valle y la política en tiempos de funa


Jueves 15 de Octubre de 2026, 7:30am






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Durante años vi, de cuando en cuando, a Freddy Valle en QD Show. Nunca me pareció un gran entrevistador, pero tenía una cualidad que funciona muy bien frente a cámaras: era amable, sonriente, con una mirada casi enamorada hacia cada entrevistado y una permanente disposición a hacerlo sentir cómodo, a veces incluso exageradamente cómodo.

Una de las entrevistas que más recuerdo fue la que hizo a Adolfo Paco, cuando este habló de Carlos Palenque, RTP y CONDEPA. La entrevista fue brutal por Paco y por todo lo que tenía para contar, no porque Valle lo hubiera sometido a preguntas particularmente acuciosas.

Freddy preguntaba lo evidente, acompañaba la respuesta, sonreía y avanzaba. No era un entrevistador incómodo. Probablemente nunca imaginó que, después de tantos años frente a una cámara, la entrevista que más podía comprometer su carrera sería aquella en la que le tocaría sentarse del otro lado.

Todo comenzó el 3 de octubre, en instalaciones de la Facultad de Ingeniería de la UMSA. Un funcionario de seguridad ingresó a su oficina e interpeló a Valle por encontrarse allí, a puerta cerrada, con una funcionaria. El episodio fue grabado y parte de esa grabación se conocería posteriormente, dando lugar a la versión de que ambos habrían sido sorprendidos en una situación íntima dentro de instalaciones universitarias. En ese momento, sin embargo, aquello todavía no era un escándalo público. Era un problema dentro de la Universidad.

Pero Freddy Valle ya no era solamente docente, autoridad universitaria y presentador de televisión. Era también un precandidato haciendo campaña para unas elecciones previstas recién para abril de 2027. Venía consolidando su presencia entre los estudiantes, recorriendo actividades universitarias, acercándose a fraternidades de la Entrada Universitaria, organizando concursos y explotando una ventaja que ningún adversario podía fabricar de la noche a la mañana: Freddy ya era conocido. Durante años había construido un personaje público en televisión y en las redes sociales.

Cuando días después recibió una citación de la Universidad, decidió hacerla pública y comenzó a instalar en sus redes la idea de que existía una acción política en su contra. Tal vez creyó que adelantándose podía controlar el relato. El problema era que todavía no se había difundido aquello sobre lo que intentaba adelantarse.

Después de asistir a la citación, Valle volvió a las redes. Denunció una acción política en su contra y contó que durante la reunión le habían mostrado un video. Esa publicación posteriormente fue eliminada. Para entonces, la grabación del incidente comenzaba a circular desde la cuenta de TikTok @chismes.la.paz.20, que también terminaría desapareciendo. Y desde ese momento Freddy dejó de conducir la historia.

Primero habló de edición y manipulación; después, de persecución e intereses universitarios. Luego llegaron las entrevistas y, con ellas, las explicaciones sobre qué hacía allí un sábado, cuánto tiempo permaneció en la oficina, qué hacía allí la otra persona y, finalmente, los detalles que las redes convirtieron en memes: la camisa desabrochada, el ruido del mueble, el supuesto desorden de la oficina y una creciente necesidad de explicar incluso aquello que nadie le estaba preguntando, como señalar que otras oficinas tenían baños privados o sofá camas.

Puede haber existido una operación destinada a destruir políticamente a Freddy Valle. Sería ingenuo analizar la aparición de semejante material ignorando que la UMSA ya había entrado en un escenario preelectoral y que Valle era uno de sus aspirantes más visibles. Pero precisamente por eso sorprende todavía más su manejo de la crisis. Lo que todavía era un problema institucional terminó convertido en un espectáculo de redes.

Su error probablemente comenzó cuando creyó que podía enfrentar una crisis utilizando las mismas herramientas con las que había construido su popularidad: exposición, videos, redes sociales y una necesidad permanente de contarle a su audiencia lo que estaba ocurriendo. Intentó adelantarse al relato sin saber cuánto conocían los otros ni qué estaban dispuestos a hacer público. Cuando apareció la grabación, quedó obligado a explicar cada detalle y cada nueva explicación terminó complicándolo más.

Con todo esto, es difícil no acordarse de Waldo Albarracín. En 2021, cuando intentaba llegar a la Alcaldía de La Paz, enfrentó un escándalo por la denuncia de una mujer, docente de la UMSA, que afirmaba haber mantenido una relación con él y le atribuía la paternidad de su hija. Albarracín desapareció, cerró sus redes y dejó que el escándalo se agotara. Freddy hizo exactamente lo contrario.

En 2026, Albarracín volvió a presentarse a las elecciones municipales cuando ya parecía bastante alejado del centro de la escena pública. Y no le fue mal. Paradójicamente, sus promesas incumplidas como rector, entre ellas el tantas veces anunciado Congreso Universitario y los buses universitarios, terminaron importando menos que su enfrentamiento con María Galindo. La mandó a la mierda, la frase se hizo viral y terminó capitalizando un voto anti María que le permitió conseguir representación en el Concejo Municipal. Otra vez, las emociones y el escándalo por encima de la gestión y las propuestas.

La política universitaria no es muy diferente de la que se practica afuera. Muchos de sus actores, de hecho, han saltado de la política universitaria a la política nacional o municipal. Y a varios meses de las elecciones para Rectorado, la UMSA ya vive una campaña anticipada en la que se disputan poder, presupuesto, cargos e influencia. Sin embargo, la discusión difícilmente está concentrada en el cogobierno, la investigación, la calidad académica, el presupuesto o las propuestas de quienes quieren conducir la Universidad. La campaña ya había encontrado un terreno mucho más rentable en tiempos de redes: la vida privada, el escándalo y el morbo.

Antes de que el caso Freddy Valle copara las redes, buena parte de esa ofensiva digital estaba dirigida contra la actual rectora, María Eugenia García. Las publicaciones hablaban de una supuesta relación con un exuniversitario y vinculaban esa relación con su reciente acceso a un cargo dentro de la propia Universidad. Son dos asuntos distintos: uno pertenece a su vida privada; el otro, si existieron beneficios o privilegios, es de interés público. Pero en las redes esa frontera importa poco. Todo termina metido en el mismo saco: fotografías, insinuaciones, moralidad, indignación y funa.

Ese era el escenario cuando apareció el video de Freddy Valle. Y el morbo desplazó al morbo.

Hay, sin embargo, una frase del propio video que quizá sea la más importante de toda esta historia. En medio del incidente, Valle parecía entender perfectamente lo que estaba en juego. Repetía que aquello podía arruinar su carrera y su trayectoria. Y probablemente tenía razón.

Actuó como influencer cuando necesitaba actuar como político. Pensó más en mantenerse como candidato que en medir todo lo que estaba poniendo en juego. Al final, no solo comprometió su aspiración al Rectorado, sino buena parte del prestigio que había construido durante años como académico y figura pública. Y las mismas redes que ayudaron a construir esa imagen terminaron triturándola en cuestión de horas..

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