Con la oración y la cercanía de las personas que se acercaron hasta el policlínico universitario Gemelli de Roma, el papa León XIV se internaba la tarde del pasado lunes 12 de octubre para un procedimiento quirúrgico anunciado por el mismo al finalizar el rezo del Angelus.
La serenidad con la que quiso comunicar personalmente su situación, sin intermediarios, a los fieles congregados en la plaza de San Pedro y a los miles que seguían la transmisión, demuestra una vez más su actitud de cercanía y transparencia. En ese gesto se refleja también su sensibilidad agustiniana, vinculada a la distentio animi: la capacidad de ensanchar el alma ante las dificultades, sin dejarse dominar por la angustia frente al futuro, sino afrontándolo con serenidad, confianza y esperanza.
Históricamente la situación de salud de los pontífices era tema que el Vaticano trataba con una reserva institucional, por ejemplo, con el papa Juan XXIII fallecido en 1963 a causa de un cáncer en el estómago, la información oficial fue revelada después de su muerte. Sin embargo, con Juan Pablo II y su prolongada enfermedad del Parkinson y afección respiratoria la manera de comunicar la situación de enfermedad del pontífice se fue modificando. Con Francisco la manera de comunicar este tipo de información fue mas transparente, publico y centrado en la persona.
Las noticias post operatorias del papa León indican que el tumor cancerígeno fue retirado por completo sin embargo el comportamiento y la perspectiva de evolución se irá conociendo al transcurrir de los días mientras los médicos continuaran realizando los estudios necesarios.
Algo que he destacado en pasados escritos del papa León ha sido su serenidad, tengo en el recuerdo esa imagen serena apareciendo en la logia de la basílica luego de su elección como sucesor de Pedro, ahora destaco esa serenidad con la que ingresaba al policlínico para su intervención, esto es una lección muy actual.
La serenidad ante sucesos inesperados, ante un giro de los acontecimientos, la serenidad ante las malas noticias. Leon XIV ha aceptado su realidad, ha reconocido su problema de salud, ha escuchado las recomendaciones médicas y aceptado la intervención, ha compartido su situación personalmente y ha pedido oraciones confiando en la providencia de Dios.
El cardenal Parolín en sus declaraciones recientes recordaba la situación del papa como “las sorpresas de Dios”, porque hay momentos que no escogemos, situaciones que no buscamos y capaz nunca se pasó por la mente atravesar; situaciones que no podemos controlar y entonces solo queda confiar en Dios.
Esta mañana escuchaba varias transmisiones de medios argentinos y peruanos que se preguntaban si el viaje pastoral del Papa a estos países seguiría en pie o sería cancelado. Me pareció oportuna la respuesta de Juan José Dioses, vocero del Arzobispado de Lima, en declaraciones a RPP: «Hasta el momento el viaje apostólico está confirmado», aunque precisó que la evolución de la recuperación y los resultados de los estudios médicos serán determinantes para las decisiones que se tomen. Mientras tanto, las coordinaciones logísticas continúan con normalidad porque lo esperan y lo seguirán esperando como a un hermano y amigo.
Oremos por la salud de nuestro querido papa León XIV.
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