Febrero 28, 2026 -HC-

En defensa de El Alto y de la gran mayoría de los alteños


Sábado 28 de Febrero de 2026, 12:45pm




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En estos tiempos, en que es mucho más fácil juzgar que preguntar, cuando el otro es visto con rechazo, se ha extendido la opinión de que los alteños son unos saqueadores y seres humanos insensibles tras el accidente provocado por un avión Hércules. Las imágenes de miles de personas en busca de dinero desparramado tras el accidente han llevado a muchos a considerar que eso es El Alto.

Hay que decirlo sin ambages. Es cierto que hubo personas que no dudaron en romper las mallas del aeropuerto para hacerse de billetes y hasta hubo quienes se enfrentaron a las fuerzas del orden para proseguir con su plan y otros, más delincuentes aún, atacaron las ambulancias que fueron hasta el lugar para apoyar con las tareas de rescate. Contra ellos, solo está la aplicación de las leyes.

Sin embargo, con esos datos, hubo personas, y entre ellas líderes de opinión, que han señalado a esta urbe como una ciudad de saqueadores. Con esa mirada prejuiciosa, uno ha escrito:  “¡El Alto de pie, nunca de rodillas!… a menos que sea para escarbar y robar dinero entre muertos y heridos de una tragedia aérea”.

“Se vive momento de descontrol y caos cerca del lugar donde se accidentó el avión militar en El Alto. La aeronave transportaba dinero del Banco Central de Bolivia y los pobladores intentan ingresar para sustraer los billetes”, señala un mensaje de El Deber, incurriendo en la generalización y en el prejuicio. Me pregunto si el diario líder usaría el término pobladores para hablar de los cruceños.

Y hasta quienes a partir de este amargo episodio optaron por señalar a esta ciudad, como una marcada por una enfermedad social. “Es una sociedad con un problema de valores, con una mentalidad de excepcionalidad. Que cree que todo le está permitido con la excusa de la pobreza”, dice mi colega y amigo Robert Brockmann.

Las redes fueron el escenario ideal para que reflote ese racismo que nos tiene enfrentados a los bolivianos, ese que tiene siglos sin solución. Allí abundan los mensajes que, desde el complejo de Adán, señalan a los caínes de El Alto. Como también, hubo seres miserables que, con sus dosis de visión político-partidista, salieron a justificar el saqueo de anoche.

Es obvio, esos predicadores que juzgan y condenan no se han fijado que las más de 50 familias afectadas por la tragedia del avión Hércules son o viven en El Alto. La indignación por el saqueo ha sido más grande que la sensibilidad humana. El luto que hoy duele a la enorme mayoría de los bolivianos golpea directamente a las familias alteñas.

Pero antes de hablar de El Alto, el saqueo ocurrido anoche es un asunto que refleja la pérdida de valores y principios en familias de diferentes clases sociales y condiciones económicas. Eso de hacerse de dinero fácilmente no tiene identidad étnica ni regional, es un fenómeno que avanza sin freno por el mundo.

Ahora vamos a El Alto. Esta ciudad es una de las capitanas del crecimiento económico nacional, a pesar de la crisis. Esta urbe tiene mujeres y hombres, que llevan muy bien esa trilogía: No hay que ser flojo, no hay que robar ni hay que mentir.

Esa mirada reduccionista y prejuiciosa de que esta una ciudad conflictiva, que se maneja como una comunidad colectiva parte del desconocimiento de la realidad alteña. Esos críticos no conocen la esencia liberal de los vecinos de la segunda ciudad más poblada del país y se dejan llevar por la mirada parcial de que en la ciudad de las alturas, se impone la visión comunal. No. Que no se sorprendan esas personas cuando la ciudad de La Paz sea la urbe dormitorio de una pujante El Alto.

Por cierto, sí hay una visión orgánica para cuestiones vecinales, para movidas solidarias o para reivindicaciones sectoriales, muchas veces mal usadas por dirigentes, como ocurren en diferentes puntos del país. Por otro lado, habrá que informar que los alteños no se ocupan de hacer relaciones públicas ni de marketing de lo que hacen, porque trabajan como solo ellos. Apenas se ocupan de celebrar a lo grande algunos fines de semana.

Y ¿la pobreza? Pues no está concentrada como en las favelas de Brasil o como en las villas miserias de Argentina. Y cada familia pobre hace lo suyo por salir adelante, como puede, pues el Estado ha hecho poco frente a este problema, en El Alto y en el resto del país, al margen de dar algunos bonos que se acaban en un dos por tres.

Al fin de cuentas, quizás esa visión tendenciosa termine como un tiro por la culata, pues mientras tanto, los alteños estarán ocupando espacios económicos protagónicos y, pronto, reclamarán espacios políticos.

No se trata de sostener una mirada romántica de las personas o de las cosas. El Alto tiene grandes problemas que resolver, pero tampoco se puede admitir las sentencias prejuiciosas.

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