Marzo 30, 2026 -HC-

El verdadero poder


Lunes 30 de Marzo de 2026, 10:30am




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Cuando hablamos de poder, suelen venir a nuestra mente ideas como el control sobre otros, la capacidad de influir en decisiones o de moldear situaciones a nuestro favor. También lo asociamos al estatus, a cargos de autoridad o al poder adquisitivo. Al dinero.

Si bien estas formas de entender el poder son comunes —es decir, son ideas socialmente vinculadas a él—, están ampliamente extendidas y, en muchos casos, son fomentadas desde la formación en el hogar e impulsadas por los sistemas educativos formales, al asociarse con una vida exitosa.

Ejemplos de un poder mal concebido hay muchos. El ámbito político y empresarial son, sin duda, espacios que nos brindan historias de personas que han ocupado cargos importantes, han determinado la vida de muchos y han acumulado grandes cantidades de dinero, pero que hoy están en la cárcel, acusadas de enriquecimiento ilícito, corrupción, abusos de poder e incluso abusos de índole sexual. El caso de los últimos dos presidentes es un triste ejemplo: atraídos por un poder mal encauzado, lo tuvieron todo, lo perdieron todo y no dejaron un legado digno de reconocer o recordar.

Estas formas de ejercer el poder en un país no son casuales. Son el resultado directo de cómo se educa a los niños que hoy están en las aulas escolares y mañana ocuparán espacios de liderazgo. Cuántas veces hemos escuchado —y nosotros mismos hemos manifestado— frustración frente a la pregunta de por qué nuestro país parece estar en un bucle de inestabilidad política, con liderazgos no sólo intrascendentes para su destino, sino también nocivos, en cuanto perpetúan una dinámica de estancamiento.

Revertir esta realidad pasa necesariamente por diseñar una nueva manera de entender y ejercer el poder: no desde fuera, sino desde dentro. Comprender que tener poder no se trata de dominar a los demás, sino de gobernarse y formarse a uno mismo.

Este no es un camino sencillo. Implica una mirada clara y distinta sobre cómo encaminar el destino de nuestro país. Padres y educadores deben incorporar ciertos hábitos que permitan desarrollar formas más sostenibles y armónicas de ejercer el poder y que pasa por desarrollar un carácter moral.  En el libro de Rosa Rabbani, Buen Carácter, se proponen ocho aspectos que bien podrían contribuir a alcanzar un poder significativo y trascendente.

Entre ellos se encuentran la capacidad de altruismo y el espíritu de servicio, el afán de superación constante, la creatividad para generar soluciones, la confianza en uno mismo y en los demás, la gratitud, la capacidad de perdonar y la fortaleza interior.

Todos estos aspectos son fáciles de enumerar y pueden ser difíciles de practicar, no porque requieran capacidades extraordinarias, sino porque exigen reconceptualizar ciertas ideas, desarrollar estrategias efectivas y sostenerlas en el tiempo. El poder trascendente no surge de manera espontánea: es el resultado de un proceso educativo con un estándar ético sólido que comienza en el hogar.

Nuestro país merece un amplio listado de personas que ejerzan un verdadero  poder capaz de transformar.

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