Junio 19, 2024 [G]:

El traje nuevo del Emperador


Lunes 6 de Mayo de 2024, 11:45am






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Cuenta Hans Christian Andersen (1805-1875) que había un poderoso emperador que gobernaba su país con inteligencia y justicia. Sin embargo, era muy vanidoso y le gustaba vestir elegantemente y a la moda. A diario sus sastres satisfacían su apetito con un traje diferente que despertaba la admiración de sus ministros y cortesanos. Un tanto receloso de tanto halago fácil, el emperador decidió presentarse en el salón del reino como Dios lo trajo al mundo. La primera reacción de los presentes fue de perplejidad; luego, uno de ellos, quizás el más obsecuente de los lametraserillos arrimados al poder, no tuvo reparos en decirle a su majestad:

-Qué elegante os veis hoy, mi señor.

El cuento publicado en 1837 es uno de los grandes clásicos del escritor danés, pero, al mismo tiempo, me permite hacer una directa referencia a la situación actual en la Casa Grande del Pueblo, el palacio donde Lucho I gobierna con impúdica estulticia un país que se contenta con una lucha de cocineros y cocineras en horario de máxima audiencia o los avatares erráticos de nuestro fútbol de patio de colegio y las últimas travesuras tiktokeras de Albertina, en vez de reflexionar sobre una realidad lo bastante preocupante como para admitir que nos está yendo como la mona. Sí, es mejor tomarse la pastilla azul y mantenernos al amparo de la matriz de la realidad virtual que apostar por la píldora roja y enfrentar los problemas derivados de la tormenta perfecta que el Gobierno trata de capear sin vergüenza y con un par de narices a falta de cerebro. No es extraño, por lo tanto, que los lambiscones que rodean al Presidente hablándole dulcemente al oído repitiendo por activa y por pasiva que vamos bien y seguimos adelante, se hayan convertido en una reproducción criolla de la corte de los milagros. Ellos, algunos ministros, pero sobre todo los representantes del Pacto de Unidad que están dispuestos a vender cara la piel antes de perder sus pegas, no tienen reparo a la hora de denostar las evidentes variables de la crisis económica y la inestabilidad social producto de la misma, mientras se enfrascan en una guerra intestina (para el caso podría ser intestinal) en el Movimiento Al Socialismo con Evo Morales en el centro de la diana.

Lo triste (por no decir patético) es que los alcahuetes de toda la vida, hábiles chupópteros del poder,  no sean conscientes de que la guerra masista nos va a llevar a todos al despeñadero. Ninguno de ellos, infames, oportunistas y egoístas, tiene la decencia de apostar por la paz social  que permita el desarrollo de proyectos tendientes a reconducir la deriva de la economía; lo suyo es medrar y, en consecuencia, drenar la sangre de un Estado débil, ineficiente, ineficaz y corrupto. Estos merodeadores del desastre que tanto se llenan la boca con la palabra “Patria” serán los primeros en abandonar la nave cuando las cosas vengan mal dadas. Entonces, esa caterva de infelices volverá a sus cuarteles de invierno a esperar una nueva oportunidad de meter la mano en la lata. Por Dios, tienen sobrada experiencia. Llevan doscientos años en lo mismo y aún no aprendemos la lección.

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