Se prevé en la medida en que se actúa y, si no se dice ni se hace nada contra los usos y abusos del poder como un juego sucio no hay posibilidad de construir democracia como sentido común que fortalezca la unidad, la convivencia y la amistad entre todos los que apuestan por un Estado radicalmente plurinacional. El léxico de Antonio Gramsci nos ha legado que la ciencia política es análisis de las situaciones y relaciones de fuerza concretas y su interprete Giuseppe Vacca (2022) agrega que la política es representación no sólo decisión y que está hecha de comunicación entre gobernantes y gobernados, dirigentes y dirigidos. En esa perspectiva analicemos la desdemocratización de la democracia representativa en el país y sus consecuencias deletéreas.
En la actual coyuntura donde arden las redes y hay un sentimiento de ira popular no solamente se debe develar una posible confabulación detrás de bastidores en torno a la gobernación de La Paz, sino que también hay que dar cuenta de la vieja política que opera con un lenguaje esópico que debe ser descifrado con nuevas categorías, nuevas redes de pensamiento y de prácticas políticas renovadas alrededor del viejo ideal del bien común. Si se quiere que lo viejo de una vez por todas termine de morir y que nazca una nueva política y un nuevo sistema político, ello dependerá de una nueva fase de la lucha política ciudadana, de una nueva idea de reforma moral e intelectual.
Sin embargo, en Bolivia no existe interés de reformar las instituciones ni los defectos de la Constitución, no existe interés en reformar la crisis del sistema judicial, no existe interés en reformar la estructura corrupta y sin autoridad del gobierno, tampoco existe voluntad política para transparentar y restituir la confianza en el Órgano Electoral Plurinacional que se ha consolidado como una caja negra. El resultado de esta indecisión es la producción de una democracia defectuosa y carente de legitimidad donde a la clase política no le preocupa pisotear el derecho ciudadano a elegir gobiernos y ser elegido gobernante con el voto popular. La decisión controvertida y precipitada de la autoridad electoral de cancelar la segunda vuelta para la gobernación de La Paz atenta con derechos fundamentales que hacen a la vida democrática. Solo enumeremos los principios constitucionales de la democracia representativa: ART 7: La soberanía reside en el pueblo; ART 11: la democracia representativa, por medio de la elección de representantes por voto universal, directo y secreto; ART 26 Derechos Políticos: Garantiza el derecho a participar en la formación, ejercicio y control del poder político; ART. 208: El Tribunal Supremo Electoral garantizará que el sufragio se ejercite efectivamente, conforme a lo dispuesto en el articulo 26 de la Constitución; ART. 242.10: (Control Social) Apoyar al órgano electoral en transparentar las postulaciones de los candidatos para los cargos públicos que correspondan; ART. 272: La autonomía implica la elección directa de sus autoridades por las ciudadanas y los ciudadanos; ART. 285: Referido a los requisitos y prohibiciones de los candidatos abiertamente violado en la primera vuelta. Además del articulo 64 de la Ley 026 que instituye la segunda vuelta electoral entre las dos CANDIDATURAS más votadas.
La decisión del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de declarar gobernador en el departamento de La Paz sin que exista segunda vuelta como manda la Constitución y las leyes no es el problema es apenas el síntoma de un sistema político ademocrático (sin democracia) que juega con el poder de manera sucia, que fragua en el imaginario colectivo la presunta existencia de una confabulación entre el gobierno, el TSE, una franquicia política (NGP) y el candidato oficialista a gobernador, poniendo en evidencia una vez más que los poderosos aplican los valores y las reglas de la democracia al revés, es decir, que juegan a conveniencia con la certidumbre de las reglas y se burlan de la incertidumbre de los resultados electorales que debe existir en una democracia competitiva, para favorecer a los candidatos progubernamentales. No se trata de corruptelas aisladas, el sistema político en su conjunto está corrompido y pervertido, las mismas castas, las mismas familias, la misma manipulación electoral (sin importar que el credo sea de izquierdas o de derechas) los de arriba hacen lo que quieren con la Constitución, con las leyes y con las instituciones públicas. El Estado ha sido reducido a la endogamia donde solo las clientelas y las parentelas tienen derecho al trabajo y a vivir bien.
Nos encontramos los bolivianos ante una bifurcación, o seguimos el camino de la vieja política oscura o la renovamos transparentándola. Los italianos tienen una frase que la aplican en la política y más allá “I vecchi non mollano” (los viejos no sueltan) una expresión que refleja la terca manera de aferrase al poder a como dé lugar de los viejos políticos, de la vieja casta que no suelta los privilegios del poder inventando relatos y procedimientos escandalosos para reproducir el poder por el poder. Los recientes actos bochornosos para tomar la gobernación de La Paz a como dé lugar evidencia que estamos frente a arribistas profesionales que se preparan para asaltar las arcas públicas, para la compraventa de cargos públicos y para “recuperar” sus inversiones mediante prácticas corruptas que configuran una nueva cleptocracia acorazada de un cínico realismo por el cual se graba a fuego en el imaginario colectivo que “así nomás es la política”.
Esta es la “renovada” política de los opositores hoy oficialistas que reproduce la vieja politiquería del pasado republicano y del tan criticado masismo con el que se rasgaban sus vestiduras. El fracaso en la gestión pública, el apropiarse de recursos públicos en sectas familiares y grupusculares no le cuesta el cargo ni la carrera política a la llamada clase política; los sistemas de poder al servicio de la casta intocable está intacto; pero lo que viene no es muy halagador, pues estas arbitrariedades están reflotando la polarización y los sentimientos de discriminación de los de arriba a los de abajo, los bancos de ira comienzan a capitalizarse políticamente y serán las movilizaciones populares las que definan si los bolivianos quieren un gobernador elegido por la gente o aceptan un dictador impuesto por el gobierno. Querer gobernar en contra de la voluntad popular es tiranía y, los tiranos caen con la ira de la gente. ¡Se prevé en la medida en que se actúa!
Sostuve en un reciente articulo (Urgernte.bo y ANF) que el gobierno estaba apostando por un peligroso solucionismo burocrático al régimen político por encima de la Constitución y al margen de la legitimidad popular y que habíamos ingresado a una onagrocracia, o lo que es lo mismo un gobierno de burros rebuznantes y pateadores (el burro noble animal no es culpable de estos atropellos), sin embargo, el proverbio árabe dice “la repetición enseña hasta el burro” ¿No se aprendió de la caída de los gobiernos antes de cumplir su mandato constitucional?.
Es necesario recordar en contra de la gerontocracia y de sus viejas mañas lo que el filosofo italiano Norberto Bobbio afirmaba hace 50 años “La democracia es subversiva. Y lo es en el sentido más radical de la palabra, porque, allí donde llega, subvierte la concepción tradicional del poder, tan tradicional como para ser considerada natural, según la cual el poder -político, económico, paterno o sacerdotal- va de arriba abajo” (1976, p. 28.). Es hora de subvertir la democracia y acabar con las mismas caras y dar paso a un cambio generacional en la política y en los asuntos de Estado, aunque todos sabemos que el cáncer de lo viejo y de lo feo no es fácil de extirpar, pero hay esperanza en el cambio, en una nueva manera de hacer y de pensar, pues como decía Ernst Bloch, pensar es traspasar.
Politólogo y abogado, Docente UMSA.
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