En una reciente entrevista (Véase https://www.youtube.com/watch?v=qZAv-ehVNGQ), el economista Mauricio Ríos sostiene que el principal problema de la economía boliviana es el “gasto público estructural”, por lo que la solución a la crisis económica actual pasa por el recorte del mismo. En este artículo, tengo a bien discrepar con él, argumentando que, en realidad, no atina en identificar el problema central de la economía. Por eso, su solución se sale por la tangente. En mi opinión, con el recorte de lo que él denomina el "gasto público estructural", no se resolverá la crisis económica imperante en el país debido a que el problema central de la economía nacional está ubicado en otra parte. Atribuyo la falta de comprensión de esta problemática a la miopía de la mayoría de los llamados economistas libertarios que creen que pueden resolver todos los problemas económicos con medidas monetaristas.
Pero, ¿cuál es el problema central de la economía boliviana hoy en día, más allá de los efectos perniciosos sobre la misma derivados de la crisis política que estamos viviendo? Para muchos, podría seguir siendo la inflación; más aún, teniendo en cuenta el hecho de que los bloqueos que en este momento asfixian a las ciudades de La Paz y El Alto ya han ocasionado un alza en muchos precios que es altamente probable que conduzca a niveles insospechados de inflación hasta fin de año. Sin embargo, en economía existe una diferencia fundamental entre los factores coyunturales (temporales o circunstanciales) y los factores estructurales (o permanentes), donde los primeros se caracterizan por tener un impacto momentáneo, a partir de los cuales es difícil establecer un análisis económico plausible, en tanto que los segundos se refieren a aquellos cuyo efecto no desaparece al levantarse, por ejemplo, un bloqueo general de caminos, y cuya solución demanda la adopción de medidas económicas de parte del gobierno. En este sentido, si bien hay una parte de la inflación que se puede llamar estructural y que viene desde el gobierno anterior, derivada entre otras cosas del déficit fiscal, la inflación ocasionada por los actuales bloqueos no será controlada reduciendo el "gasto público estructural", sino a través del despeje de los caminos, es decir mediante una solución política a un problema esencialmente político. Por cierto, una vez solucionada la crisis política, seguiremos con inflación, pero ésta, en mi opinión, podrá ser controlada de mejor manera que ahora, con las medidas que propone el economista Mauricio Ríos, lo que, sin embargo, no terminará de resolver la crisis económica. Por tanto, está claro que la inflación no es el problema central de la economía, razón por la cual la reducción del déficit fiscal no resolverá la crisis económica boliviana. No obstante, que no se entienda, entonces, esta apreciación mía como una invitación a aumentar el déficit fiscal o a continuar el manejo ambiguo del presupuesto general del Estado en el que se ha introducido el actual gobierno.
Esta introducción, más larga de lo que pensaba, me conduce a plantear la siguiente hipótesis - casi de Perogrullo, por cuanto ya está en la cabeza de la mayoría del pueblo trabajador de nuestro país. El principal problema de la economía boliviana en la actualidad es la falta de dólares para comprar los combustibles fósiles que siguen moviendo la economía de nuestro país, agravada por la caída de nuestra producción y exportación de gas natural y por la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel que ha más que duplicado los precios del petróleo desde cuando se levantó la subvención a los hidrocarburos en Bolivia. Este problema tiene dos soluciones, una de cortísimo plazo y otra de corto y mediano plazo.
La primera consiste en adoptar las medidas necesarias para asegurar que el gobierno cuente con los dólares suficientes para importar los combustibles que requieren los diferentes sectores económicos para continuar produciendo bienes y servicios en el país. Al respecto, en un artículo publicado en agosto de 2025 (https://www.urgente.bo/noticia/potosi-nuevo-lider-exportador-y-generador-de-divisas-de-bolivia), ya sugerí que el nuevo gobierno nacional estableciera los incentivos (por ejemplo, impositivos y no impositivos) necesarios para que los más de 3 mil millones de dólares a ser generados por Potosí en 2025 no continúen saliendo hacia países vecinos para agudizar la escasez de dólares, contribuyendo más bien al desarrollo de nuevos emprendimientos económicos en el país que aumenten el valor agregado de los productos minerales potosinos y sienten las bases de un genuino proceso de transformación industrial en el nuevo pivote del progreso nacional. Asimismo, en un segundo artículo sobre el tema hice notar el carácter estructural del cambio en la economía boliviana que habría convertido a Potosí en su principal motor (https://www.urgente.bo/noticia/potosi-el-nuevo-motor-de-la-economia-nacional). Finalmente, en una entrevista concedida al medio digital Urgente.bo (https://www.urgente.bo/noticia/zuleta-potosi-es-el-principal-generador-de-dolares-en-bolivia-y-con-la-paz-exportan-mas-del), he reiterado mis planteamientos anteriores, a tiempo de proponer algunas medidas adicionales que podrían contribuir a resolver este problema.
La segunda solución ataca a la causa del principal problema económico que aflige al país en la presente coyuntura. Se refiere a la necesidad de transformar la matriz energética nacional de manera tal que el conjunto de plantas termoeléctricas que operan en el país generando alrededor del 70% de la energía eléctrica del país sea reemplazado por sistemas de energías renovables solar y eólica para que ese gas natural liberado se canalice hacia proyectos de desarrollo industrial vinculados a la generación de valor agregado en la minería, convertida hoy por hoy en el factor clave de desarrollo del país. Como he manifestado en la entrevista citada anteriormente, aquí las oportunidades son enormes y no se limitan a proyectos de desarrollo industrial aguas abajo, sino también aguas arriba, incentivando proyectos de producción de insumos para la minería que actualmente son importados. Por último, como no podría ser de otra manera, esta solución deberá ser complementada con un plan nacional de electrificación del parque automotor del país que permita sustituir la totalidad de los vehículos a combustión interna en los próximos cinco años. Esta medida deberá alcanzar no sólo a autos livianos de pasajeros sino también a buses, camiones de alto tonelaje y maquinaria pesada como la que se utiliza en las minas más grandes del país y en el sector agroindustrial cruceño. Todo esto es posible y solo se debe ver la experiencia exitosa reciente de un grupo creciente de países que ha emprendido este camino para validar su viabilidad técnica y económica.
* Economista.



