Julio 28, 2026 -HC-

201 años después: La mayoría de edad pendiente de Bolivia


Martes 28 de Julio de 2026, 8:00am




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Dentro de pocos días Bolivia cumplirá 201 años de vida independiente.

Como cada agosto, volveremos a vestir de rojo, amarillo y verde nuestras plazas, escucharemos el Himno Nacional con la misma emoción de siempre y recordaremos a quienes imaginaron un país libre cuando ese sueño parecía imposible.

Pero mientras se acerca un nuevo aniversario, una pregunta no deja de rondarme.

¿Qué ocurre cuando una persona cumple dieciocho años?

La ley dice que alcanzó la mayoría de edad. Sin embargo, todos sabemos que cumplir años no garantiza la madurez. Madurar no consiste solo en soplar más velas. Consiste en aprender de los errores, asumir las consecuencias de las propias decisiones y comprender que la vida deja de avanzar cuando siempre buscamos un culpable para todo.

¿Y si con las naciones ocurriera exactamente lo mismo?

Hace 201 años Bolivia obtuvo su certificado de nacimiento como República independiente. Pero la historia nunca prometió que también alcanzaría automáticamente la madurez como Estado. Esa debía construirse, no con el paso del tiempo, sino con la fortaleza de sus instituciones y la capacidad de aprender de sus propios errores.

¿Esa, es la pregunta más importante que deberíamos hacernos antes de celebrar un nuevo aniversario patrio?

Cumplir años tiene poco mérito.

Aprender de ellos cambia la forma en que construimos nuestro futuro.

Bolivia ha aprendido a sobrevivir. Ha resistido guerras, pérdidas territoriales, dictaduras, crisis económicas y conflictos sociales. Pero sobrevivir no es lo mismo que madurar.

Una persona madura no es la que nunca cae; es la que deja de tropezar con la misma piedra.

Con demasiada frecuencia esperamos que falten dólares para hablar de productividad, que escaseen los combustibles para discutir soberanía energética o que las instituciones entren en crisis para defender la independencia de poderes.

Administramos consecuencias.

Pero rara vez planificamos las causas.

Esa es la diferencia entre un país que envejece y un país que madura.

Hace diecisiete años dejamos de llamarnos República de Bolivia para convertirnos en Estado Plurinacional de Bolivia.

Más allá de las razones que motivaron ese cambio, hoy corresponde evaluar sus resultados.

¿Ese cambio nos ayudó a dar el salto hacia una mayor madurez como Estado?

¿O profundizó una lógica donde el reproche reemplazó al diálogo y la confrontación desplazó a los acuerdos?

Bolivia cambió de nombre antes de cambiar de comportamiento. Y ningún Estado alcanza la madurez si transforma su identidad jurídica sin transformar primero su cultura institucional.

Los Estados no maduran porque cambian de nombre.

Maduran cuando fortalecen sus instituciones; cuando el poder acepta límites; cuando la justicia es independiente; cuando las reglas valen más que la ideología y cuando el mérito pesa más que la militancia.

La adolescencia necesita héroes.

En ocasiones, incluso caudillos.

La madurez necesita instituciones.

Durante demasiado tiempo discutimos quién debía gobernar Bolivia y muy poco cómo debía funcionar Bolivia.

La confianza, probablemente el recurso más escaso del país, no nace de los discursos. Nace de la certeza de que la ley será igual para todos y de que el Estado pertenece a todos los bolivianos, no al proyecto político que circunstancialmente administra el poder.

Dentro de pocos días volveremos a cantar el Himno Nacional.

Volveremos a decir, con orgullo: “Bolivia, te amo”.

Pero el mejor homenaje a quienes fundaron la República no consiste en repetir esa frase una vez al año.

Consiste en demostrar que, después de 201 años, hemos entendido que la verdadera mayoría de edad de un país no se mide por el tiempo transcurrido, sino por su capacidad de aprender, corregir y no volver a cometer los mismos errores.

Solo entonces dejaremos de preguntarnos qué país heredamos y comenzzaremos a construir el país que tendremos el coraje de legar a las próximas generaciones.

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