Noviembre 02, 2026 -HC-

Carta de un jubilado al poder


Lunes 2 de Noviembre de 2026, 8:15am


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Durante más de 25 años de mi propio sueldo que percibía de forma mensual aportaba para mi fondo de jubilación entre Bs. 1.400 a 1.600. Claro con esta suma tenía la esperanza de que, llegado el momento de retirarme del trabajo, tenía asegurada una pensión de jubilación digna y acorde a la realidad socio económica.

Pero no fue así. Por decisión propia y luego de protagonizar una vida activa en el periodismo, en el sindicalismo y en la lucha por los derechos humanos, nos acercamos a la entonces a la AFP Previsión, con la sonrisa de oreja a oreja, manteniendo la esperanza de una buena jubilación, hasta pensaba en los militares que son felices, porque reciben el total de sus salarios cuando están en el servicio activo. Este es uno de los sectores privilegiados por todo gobierno que pasa.

Nos atendió una señora amable. Y directo al grano: Usted recibirá una pensión de Bs. 2.800, así está establecido y si quiere lo toma o lo deja, además si quiere aumentar un poco tiene que ir a SENASIR, porque ahí tiene aportes de sus anteriores trabajos.

Golpe bajo, mortal, delicado. El mundo se venía abajo. Preguntas e inquietudes. Miradas furibundas. ¿Por qué es injusta la vida, por qué nos engañaron de esa manera a los trabajadores, por qué juegan con nuestros sueños, por qué nos joden así en la recta final de nuestras existencias?

Tantas otras preguntas que podría hacerme. Por más que le argumentaba a la señora de la AFP, ella solo confirmaba el cálculo de mi jubilación: Bs. 2.800, sin reclamo alguno, ni aunque sea al Papa ni a Supermán.

Después de los trámites que tardan semanas. Llegamos a la jubilación, que según la Constitución nos garantiza una vejez digna y alegre. Pero es un drama recibir una pensión de Bs. 3.100, la misma que no ha sido incrementada hace seis años y mucho más ahora se anuncia que el PGN del 2027 congela nuestras rentas miserables, condenándonos a los millones de jubilados a sobrevivir el día y con cuyas pensiones no llegamos a fin de mes.

No se puede gobernar de esa manera: con indolencia, con injusticias, con discriminación hacia nosotros, que en nuestras vidas activas aportamos con nuestros sueldos para la jubilación y lo hicimos con las esperanzas de que, en la recta final del paso por este mundo, el Estado iba a ser más cálido y amable con cada uno de nosotros. Pero no es así.

El Estado está mostrando su peor rostro inhumano y cruel, lo cual no puede ser aceptado, por lo menos por este jubilado no está dispuesto a quedarse de brazos cruzados en estas circunstancias y seguir esperando la buena voluntad de ustedes del poder.

Siempre hay fuerzas para la lucha, para la resistencia, para estar de pie, antes de rodillas pidiendo limosnas. El que no lucha es esclavo. El que no busca no encuentra. El boliviano es un guerrero, valiente lo ha demostrado en cada periodo histórico, pues ahora nos tocará a los jubilados armarnos de valor y con los años que nos quedan a iniciar las acciones de protesta.

Maquiavelo decía en su Tratado para radicales: “El primer paso es que el pueblo crea en la posibilidad de hacerlo, porque si la gente no siente que tiene el poder de cambiar una mala situación, no pensará en ella”. Pues claro, esta situación de injusticia que se arrastra hace años, ya ha calado bien hondo en los jubilados, que son parte del pueblo.

Ojo que ustedes que ahora son diputados, senadores, ministros, viceministros, fiscales, jueces, alcaldes, concejales, gobernadores, Presidente y Vicepresidente del Estado, que si bien perciben un lindo sueldo, que así como tienen el poder ahora que es pasajero, así dejarán de percibirlo y llegará el día de su vejez, aunque tendrán sus “ahorros”, pero sentirán vergüenza por la renta miserable que les darán para su jubilación.

En Bolivia llegar a viejo es doloroso, ingresar a esta etapa conlleva una serie de dificultades en todos los campos: acceso a la salud, falta de medicamentos, abandonos, seguir trabajando para sobrevivir, incomprensiones, privaciones de muchas cosas, a lo que el Gobierno debe anotar y concretar medidas a favor de las personas adultas mayores, quienes con su bono Dignidad de Bs. 350 les alcanza para algunos días.

Apelo, y me atrevo a hablar por miles miles de jubilados que están en la misma o peor situación que el que escribe esta carta. Porque afrontamos las mismas dificultades con las rentas miserables de jubilación y si de verdad ustedes son democráticos y dicen defender al pueblo, pues les exigimos tengan una dosis de sensibilidad, justicia y respeto por nuestros años vividos y por el aporte que hicimos al país y a la sociedad en todo momento.

Les recuerdo que Aristóteles decía: “La buena organización política es aquella que permite a todos los ciudadanos prosperar más y llevar una vida más feliz”, eso es lo que deben hacer ustedes y están a tiempo, no dejen que se siga alimentando el volcán, que podría erupcionar muy pronto.

Las pensiones de jubilación están congeladas, no así los precios de todos los productos alimenticios, medicamentos, transporte urbano, interdepartamental, bebidas, tarifas de electricidad o ¿acaso el jubilado no come, no bebe, no se transporta, no se enferma?

Es un ser humano como ustedes señores del poder.

 

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