4 de enero (Urgente.bo).- Cilia Flores es la esposa del presidente Nicolás Maduro y denominada oficialmente como “primera combatiente” y es considerada por analistas como “una de las mujeres más poderosas de Venezuela”. Nacida en 1956 en Tinaquillo, estado Cojedes, Flores creció en sectores populares del oeste de Caracas. Abogada especializada en derecho laboral y penal, se involucró en la política durante los años noventa, cuando brindó asesoría legal a Hugo Chávez y a los militares que participaron en el fallido golpe de Estado de 1992. Fue en ese entorno donde conoció a Nicolás Maduro, entonces dirigente sindical y militante movimiento chavista.
“Ella tiene todo un trabajo político. Cuando llega a primera dama, pasa a un segundo plano. Pero para muchos, es el poder detrás del trono o una asesora de primera línea”, dijo a CNN Carmen Arteaga, doctora en Ciencia Política y profesora asociada de la Universidad Simón Bolívar. “Cuando se casan, bajó muchísimo el perfil, casi no hace declaraciones públicas, no compite por el espacio, da un paso atrás”, agregó.
La relación entre Flores y Maduro se consolidó durante el ascenso del chavismo. Mientras Nicolás avanzaba en la estructura política, Cilia desarrollaba una carrera propia. Fue diputada electa en 2000 y reelegida en 2005. En 2006 se convirtió en la primera mujer en presidir la Asamblea Nacional, cargo desde el cual tomó decisiones “cuestionables”, como restringir el acceso de la prensa al hemiciclo, y enfrentó denuncias por la contratación de familiares, que siempre calificó como campañas de desprestigio.
Su influencia se extendió al partido de gobierno. Entre 2009 y 2011 fue vicepresidenta del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y en 2012 Hugo Chávez la designó procuradora general de la República. En los últimos meses de vida del líder bolivariano, Flores acompañó a Maduro en visitas a Chávez en Cuba, afianzando su lugar en el círculo más cercano del poder.
Tras la muerte de Chávez y la llegada de Maduro a la Presidencia, Flores pasó formalmente a un segundo plano público, aunque analistas coinciden en que mantuvo un rol clave como asesora política. “Es el poder detrás del trono”, señalaron politólogos y destacaron su influencia en momentos críticos, especialmente durante los desacuerdos internos por el liderazgo del chavismo.
A diferencia de otras figuras femeninas en el poder regional, su rol nunca fue institucionalizado. Su influencia, señalan expertos, se ejerce “tras bambalinas”, sin responsabilidades formales de gobierno, lo que dificulta medir su peso real en la toma de decisiones.
En 2015, dos de sus sobrinos fueron detenidos y posteriormente condenados en Estados Unidos por narcotráfico, aunque ella calificó el hecho como un “secuestro”. Flores fue sancionada en 2018 por Canadá y por el Departamento del Tesoro de EE. UU., que la señaló como parte del círculo cercano que sostiene a Maduro en el poder.
Actualmente, Flores es diputada de la Asamblea Nacional y mantiene presencia en actos políticos clave, acompañando a su esposo en campañas y eventos públicos. Aunque no lidera una agenda feminista ni protagoniza el discurso oficial, su figura sigue siendo inseparable de la del presidente. Para la opinión pública, aseguran analistas, Maduro y Flores funcionan como una sola entidad política, un binomio que concentra tanto el respaldo como el rechazo hacia el chavismo.
Actualmente, tanto Nicolás Maduro, como Cilia Flores fueron capturados por el Gobierno de Estados Unidos y trasladados a Nueva York, donde enfrentarán juicios por narcotráfico y corrupción.



