Agosto 16, 2026 -HC-

El eslabón perdido: visión de Estado y reforma constitucional


Domingo 16 de Agosto de 2026, 8:45am




...

Bolivia no demanda otra Asamblea Constituyente, necesita una reforma constitucional técnicamente rigurosa, políticamente pactada y conducida por personas con liderazgo, autoridad moral y capacidad de negociación. El problema constitucional no es solamente jurídico, sino, sobre todo, un problema de liderazgo político e institucional. La Constituyente boliviana de 2006 tuvo legitimidad electoral y una enorme expectativa histórica, pero la representación no produjo, automáticamente, capacidad constituyente.

Una Constituyente necesita tres cosas: a) liderazgo para ordenar el conflicto; b) capacidad técnica para convertir demandas políticas en normas constitucionales; y c) capacidad de negociación para construir acuerdos que sobrevivan a la coyuntura. En Bolivia, el conflicto terminó desplazando a la deliberación constitucional. En el año 2009, la Asamblea se convirtió, progresivamente, en el escenario donde se disputaba el poder político nacional. Lo que faltó fue un sólido liderazgo político. Un buen líder no es quien impone su proyecto; es aquel que consigue que los adversarios políticos acepten convivir bajo las mismas reglas. Este es el verdadero liderazgo constitucional.

Ejemplos históricos

Sudáfrica es el mejor ejemplo. La transición posterior al apartheid no se resolvió simplemente mediante una Asamblea que votara una Constitución. El proceso estuvo basado en negociación, reglas de consenso y una conducción política capaz de incorporar a los adversarios. El texto definitivo requirió una mayoría de dos tercios y se construyó sobre la búsqueda explícita del mayor consenso posible.

El líder negro, Nelson Mandela, entendió que construir una Constitución no significaba que el vencedor escribiera las reglas para los vencidos; significaba crear reglas bajo las cuales, vencedores y vencidos pudieran seguir viviendo juntos. Esto fue un verdadero liderazgo constitucional.

Brasil, en el periodo 1987-1988, ofrece otra lección exitosa. Su Asamblea Constituyente tenía enormes diferencias ideológicas, pero consiguió producir una Constitución aceptada porque hubo estructuras partidarias, negociación y mecanismos de coordinación. Una investigación comparativa reciente precisamente contrasta esa experiencia con Chile y encuentra que Brasil logró mejores resultados mediante negociación estructurada y mecanismos de liderazgo. Y aquí aparece una advertencia extraordinariamente pertinente para Bolivia.

Chile intentó reemplazar su Constitución mediante una Convención Constitucional elegida democráticamente entre 2021-2022. El resultado fue rechazado por el electorado. No basta decir “hagamos una nueva Constitución porque la actual tiene problemas”. Chile demuestra que un proceso constituyente puede fracasar por fragmentación, falta de coordinación, actitudes maximalistas y deficiencias de liderazgo. La literatura comparada encuentra precisamente una diferencia entre el proceso brasileño, más estructurado y el chileno, mucho más fragmentado. La lección es contundente: la crisis de una Constitución no se soluciona necesariamente escribiendo otra Constitución. El ex presidente Boric fracasó completamente al tratar de reproducir las falencias del proceso boliviano y contratar al Álvaro García Linera como asesor fallido; por fortuna, el pueblo no se hizo engañar y rechazó la Constitución nueva.

Colombia hizo una transformación constitucional profunda en 1991 y desarrolló, posteriormente, una Corte Constitucional que tuvo un papel muy importante en la protección de derechos y en la transformación institucional positiva, en medio de un conflicto armado. La experiencia colombiana y sudafricana son consideradas ejemplos centrales del llamado constitucionalismo transformador. Sin embargo, no se necesita, necesariamente, refundar el Estado, sino cambiar aquellos mecanismos que no funcionan. Por ejemplo: justicia e independencia judicial; Tribunal Constitucional; sistema electoral; régimen de autonomías;

relación Ejecutivo-Legislativo; carrera administrativa; Ministerio Público; sistema de selección de magistrados; y mecanismos de reforma constitucional.

El liderazgo político y visión de Estado

Las instituciones no funcionan únicamente gracias al buen diseño de sus normas. Todo marcha bien por las personas que ocupan esas instituciones. Una mala dirigencia puede destruir una buena arquitectura constitucional, pero un liderazgo responsable puede hacer funcionar incluso las instituciones más imperfectas.

Esto es particularmente importante para Bolivia porque existe una tendencia recurrente a pensar que cambiar las reglas resolverá, automáticamente, los problemas políticos y no es así. Se puede cambiar toda la Constitución y continuar teniendo corrupción; clientelismo; improvisación; captura institucional; incompetencia; ausencia de meritocracia;

judicialización de la política y concentración de poder.

Bolivia tiene un déficit constitucional, pero sobre todo tiene un déficit de liderazgo. Un liderazgo democrático significa tener capacidad de construir instituciones que sobrevivan al propio líder. No necesitamos juristas brillantes, ni tampoco políticos populares, sino líderes probos con cuatro características: competencia, conocimientos constitucionales, institucionales (el funcionamiento eficaz de la gestión pública) y económicos. Ser probo quiere decir que no utilicen la reforma para obtener ventajas personales. Deben expresar autoridad moral con la fuerza de pedir sacrificios porque ellos mismos están dispuestos a asumirlos, entendiendo, además, que una Constitución es un pacto de convivencia, no un programa de gobierno.

Bolivia no necesita otra Asamblea Constituyente, sino una reforma constitucional técnicamente bien construida, identificando qué instituciones están funcionando mal para corregirlas. Las experiencias internacionales lo confirman. Sudáfrica consiguió construir una Constitución después del apartheid porque hubo liderazgo político para negociar entre adversarios y buscar consensos. Brasil logró aprobar su Constitución de 1988 mediante una negociación política compleja y estructuras de coordinación mirando los próximos 50 años.

Chile ofrece la lección contraria: dos procesos de reemplazo constitucional fracasaron, mostrando que las tendencias extremistas y populistas autoritarias se autodestruyen. El oportunismo y la conciencia comunista antidemocrática de García Linera, hicieron que Boric tropezara como un ingenuo. No se requieren nuevos caudillos; sino verdaderos líderes constitucionales que logren que las personas con un pensamiento diferente acepten vivir bajo las mismas reglas.

Asimismo, una Constitución no puede sustituir la política ni la ética pública. Podemos escribir una Constitución extraordinaria, y si después colocamos personas incompetentes, corruptas o sin visión al frente de las instituciones, volveremos a fracasar. La reforma constitucional debe ir acompañada de una visión estratégica del Estado, la justicia, los mecanismos de control del poder y la carrera pública. Tener visión de Estado significa: reformar el Estado sin destruirlo y defender la idea donde el ejercicio del poder es una responsabilidad y no un privilegio.

Las constituciones se hunden cuando, quienes tienen que hacerlas funcionar carecen de liderazgo y ética. En Bolivia, el problema central no es solamente constitucional, sino la relación entre instituciones, visión de Estado, liderazgo y responsabilidad política.

///