Agosto 16, 2026 -HC-

Ícaro, Nerón y nosotros los bolivianos


Domingo 16 de Agosto de 2026, 10:00am




...

Muchísimos artículos escritos o audiovisuales se refieren, desde hace mucho tiempo ya, a la profunda crisis boliviana. Reconocidos expertos visualizan un difícil camino para los bolivianos, que en ningún caso puede asemejarse a esperanza. Los huecos son económicos, políticos, sociales, institucionales, éticos, ambientales y de inseguridad creciente. La vía de la transición hacia un nuevo periodo se pone cuesta arriba.

Precisamente porque la tarea es colosal, los bolivianos, según diversos estudios de opinión, esperan certidumbre. No, no esperan soluciones de la noche a la mañana, sino la certeza de que el país va por el camino correcto y que sus líderes transitan por él con la mayor urgencia y compromiso. Pero el ciudadano número uno no busca el imprescindible pacto.

El conflicto de los 53 días ha sido un tsunami para la gran mayoría de los bolivianos, con réplicas que continúan hasta ahora. Los bolivianos de a pie, los comerciantes minoristas, los transportistas, los emprendedores, los empresarios y todos tienen facturas adversas por tal convulsión. Pese a ello, no vemos a los líderes del país actuar en consecuencia.

Aquel capítulo se suma la misteriosa crisis de los combustibles en el país que, desde hace ya casi tres años, no halla un derrotero de alivio. No solo es un problema estructural ni únicamente de disposición de recursos. Por el contrario, parece que la discrecionalidad es la que reina. A ambos debemos sumar los problemas generados por el prolongado periodo de quienes estaban seguros de gobernar en Suiza, como lo soñaban, y no en Bolivia. Y llegaron a gastar hasta las joyas de la abuela.

En ese contexto, nuevamente, los bolivianos vemos a los lideres bolivianos en los escenarios del espectáculo o sobre las tarimas del discurso optimista o exacerbando desde la declaración mediática o desde el post para X o Facebook. No los vemos juntos, que ya sería mucho logro, pero ni siquiera muestran la intención de coincidir sobre las grandes urgencias del país.

Por el contrario, los dirigentes políticos del país caen en el juego de quien precisamente ha sido el responsable del dispendio económico, por decir lo menos, y se ponen en el lado de su cancha. Como él mismo diría, ellos son sus mejores jefes de campaña. Es espeluznante. Los políticos hablan de procesos electorales, de acortar mandatos, de conspiretas, cuando la prioridad debería ser encarar ahora las enormes necesidades del país.

Si hay algo en común en la enorme mayoría de los líderes bolivianos es que actúan como Ícaro, ese personaje humano de la mitología griega que, embriagado por la emoción del ascenso hacia el sol, terminó con las alas quemadas y cayó al mar para perder la vida.

La combinación de soberbia, exceso de confianza y pérdida de sentido de realidad les hace creer a unos que tienen el suficiente margen de maniobra política para avanzar en sus planes de gobierno y a otros en apostar por el bloqueo político o el rechazo por qué sí pese a las urgencias nacionales u ante las medidas que ellos mismos planteaban como necesarias.

Cuando un dirigente llega a creer que solo él representa al pueblo, cualquier discrepancia puede interpretarse como una agresión. Y eso es porque en su entorno recibe menos contradicción.

Estamos en días cruciales para Bolivia. El primer proyecto de las llamadas leyes estratégicas, la de Inversiones, ya está listo para su tratamiento. Es tiempo de que la Asamblea Legislativa Plurinacional recupere su majestad, aquella que permitió a Bolivia no caer en el bloqueo. Y, ese precisamente es el sentido de este artículo, que en el futuro mediato no tengamos a líderes como Nerón, quien vio en persona el incendio de Roma sin haber medido el peso de sus acciones u omisiones.

//