Julio 27, 2026 -HC-

¡Que se joda el cáncer!


Lunes 27 de Julio de 2026, 8:15am




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Aunque para algunos el título pueda sonar fuerte o incluso soez, ese es el nombre del podcast creado por Mónica Oblitas, quien, desde su propia experiencia, decide gritar desde el primer episodio: Que se joda el cáncer. Mónica es una amiga, una colega, una compañera de colegio y una persona con la que comparto la pasión por los animales y la experiencia de haber sido diagnosticada con cáncer.

He visto con mucha atención, cariño y admiración los cuatro capítulos de este podcast, que busca convertirse en un espacio para hablar de esta temida enfermedad desde distintas miradas, acompañar a quienes la enfrentan y generar las reflexiones tan necesarias en torno al cáncer en nuestro país.

No puedo imaginar a otra persona que no sea Mónica, con esa determinación y esa pasión que siempre la han caracterizado, tomando el toro por las astas y llevando adelante este proyecto mientras enfrenta un cáncer de pulmón en estadio IV.

Este espacio pone sobre el tapete aspectos tan duros como reales de los que pocas veces se habla y que llegan junto con el diagnóstico. Primero está el shock de aceptar una realidad que jamás imaginaste. En medio del miedo, debes comenzar a conversar sobre temas que, de un segundo para otro, pasan a ser urgentes: revisar los seguros médicos vigentes, decidir dónde atenderte, qué tratamiento seguir y cómo contarle a tu familia lo que comienzas a vivir. De hecho, la pena más grande termina siendo ver sufrir a quienes te rodean y a quienes amas.

En mi caso, esa experiencia ocurrió hace dos años. El tipo de cáncer que me diagnosticaron tenía un buen pronóstico. Requirió una operación y comenzar a aceptar el tamoxifeno como un compañero de vida durante los cinco años siguientes.

Mónica plantea la dureza de esta enfermedad sin adornos. Habla de los tratamientos, de la incertidumbre que trae consigo, de su impacto económico, de los proyectos de vida que se interrumpen, de las emociones que se remecen y del profundo efecto que provoca en el entorno. Porque el cáncer no afecta únicamente al paciente; también alcanza a su familia, a sus amigos y a todos quienes lo acompañan en el camino.

Hay que decirlo con claridad: no es lo mismo enfrentar la enfermedad con respaldo económico que sin él. No es lo mismo hacerlo en un país que en otro. No es lo mismo vivir un cáncer en un sistema de salud que cuenta con políticas públicas capaces de acompañar al paciente que hacerlo en uno donde ese apoyo resulta insuficiente. Tampoco es igual atravesar este proceso rodeado de una sólida red de afectos que hacerlo en soledad. Ni contar con un equipo médico que combine excelencia profesional con calidad humana que sentirse tratado como un número más.

En mi caso, Alejandra, mi doctora, una persona de enorme calidad humana, me dijo en nuestra primera consulta: "Anota mi número, porque desde ahora estaremos en contacto permanente. Escríbeme si tienes cualquier consulta". No fue una frase de cortesía. Lo cumplió. Hasta el día de hoy mantenemos una comunicación cercana y abierta. Ese gesto hizo una enorme diferencia.

Sé que, en muchos casos, la historia es distinta. Por eso pongo un acento especial en que los profesionales de la salud, además de una sólida formación académica, deben cultivar sus habilidades humanas. Los pacientes no son estadísticas; son personas que atraviesan uno de los momentos más difíciles de sus vidas. Un médico no solo trata una enfermedad; también acompaña, contiene y, muchas veces, ayuda a sanar el alma.

Otro aspecto fundamental fue mi fe. Mis oraciones diarias adquirieron un sentido y un sabor distintos. Mi conversación con Dios buscaba fortaleza, serenidad y sabiduría para recorrer este nuevo camino. Las reflexiones sobre la vida y la muerte cobraron una profundidad que nunca antes habían tenido. Comprendí, con mayor claridad, la importancia de vivir cada día procurando ser una buena persona y valorando aquello que realmente importa. En términos espirituales, afrontar una enfermedad transforma nuestra manera de comprender la vida. Sin duda, esa transformación, aunque dolorosa, también puede ser profundamente enriquecedora.

Los datos son elocuentes. El cáncer continúa creciendo como uno de los principales desafíos de salud pública en el mundo. Las nuevas estimaciones de la Organización Mundial de la Salud advierten la necesidad de acelerar y fortalecer las estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, esa urgencia muchas veces contrasta con la realidad de países como Bolivia, donde miles de pacientes y sus familias siguen enfrentando enormes dificultades para acceder de manera oportuna a una atención integral.

En Chile, por ejemplo, el actual presidente, José Antonio Kast, declaró una alerta sanitaria oncológica pocas semanas después de asumir el cargo e impulsó un plan especial de 90 días para reducir las listas de espera de más de 27.000 pacientes con cáncer. Son decisiones que demuestran que, cuando existe voluntad política, es posible transformar la realidad de quienes enfrentan esta enfermedad. Vale la pena preguntarse qué estamos haciendo nosotros en Bolivia.

Cierro diciendo que contenidos como los que nos ofrece Mónica son profundamente necesarios. Todos necesitamos aprender más sobre el cáncer. Porque, tarde o temprano, cualquiera de nosotros puede recibir un diagnóstico. Porque un familiar, un amigo o un ser querido puede necesitar de nuestro apoyo. Y porque hablar del cáncer no le da más fuerza a la enfermedad; por el contrario, nos permite enfrentarla con más información, más empatía y, sobre todo, con más humanidad.

Por eso, me sumo a las palabras de Mónica: que se joda el cáncer.

 

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