Mayo 25, 2026 -HC-

Si yo fuera presidenta…


Lunes 25 de Mayo de 2026, 9:45am




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¡Tremenda pretensión la mía! Tremendo momento para querer habitar un cargo tan complejo en uno de los países más inestables y con serias señales de inviabilidad; una realidad que no hace más que desmoralizar a un sector de la población que, de una vez por todas, quiere salir de los puestos más desaventajados en todo tipo de estadísticas a nivel mundial.

Estas últimas semanas, la crisis por la que atraviesa Bolivia hizo que me preguntara qué haría si yo fuera presidente: ¿qué hacer?, ¿por dónde comenzar?, ¿qué políticas priorizar?, ¿con qué equipo trabajar?, ¿a quién pedir ayuda?

En busca de algunas ideas, escuché voces de ciudadanos de a pie que daban cuenta de sus posturas. Unos querían paz; otros, alimentos; otros, medicinas; otros, libertad para movilizarse. También estaban quienes desean trabajar y estudiar. Los más radicales y subversivos pedían la renuncia del Presidente.

De pronto, se me vino a la mente un área que, en medio de la crisis, nadie nombra. Es como si no existiera. Como si no sirviera para salir del estancamiento permanente en el que vivimos. Me refiero a la educación.

Soy consciente de que todos deseamos soluciones inmediatas. No para mañana, sino para hoy. Sin embargo, los resultados de un sistema educativo transformador no se verán de inmediato. Necesitaremos más de una generación para reconocer y evidenciar que una buena educación era, quizá, lo que más necesitábamos.

Es triste, pero evidente, que ningún gobierno haya apostado seriamente por educar a la población, que es la esencia misma de un país. Nunca hemos contado con un modelo educativo que trascienda a los gobiernos. Contentarse con decir que Bolivia ha superado el analfabetismo no solo es un error; es, además, una forma muy limitada de entender lo que significa realmente educar.

Una población educada, con habilidades desarrolladas, con conocimiento, con capacidad de emprender, con criterio y con el hábito de leer constantemente para autocultivarse e investigar libremente la verdad, es una población difícil de manipular y movilizar.

Una persona educada no usa la violencia para solucionar problemas ni para manifestar sus demandas. Una persona educada es capaz de convivir con quienes piensan diferente. Una persona educada entiende y respeta el sistema democrático. Una persona educada jamás lastimaría a otra persona ni destruiría su ciudad.

Una persona educada vislumbra la paz y la confianza como condiciones necesarias para que todos los bolivianos vivan, se desarrollen y construyan un país distinto al de ahora.

Como verán, cuando hablo de una persona educada no me refiero a alguien con un cúmulo de títulos, sino a una persona con un elevado sentido de lo que éticamente es necesario para vivir en comunidad.

Pregunta: ¿recuerda algún modelo educativo en Bolivia que haya priorizado verdaderamente una formación humana? Yo no lo recuerdo. Siento que una crisis profunda no se resolverá únicamente con medidas inmediatas, sino con una transformación educativa de largo plazo.

Cierro confesando que no quiero ser presidenta. Solo quiero que Bolivia salga de esta espiral de inestabilidad. De allí que sugiero no postergar una educación que transforme la mente y el corazón de los bolivianos, como raíz de la estabilidad democrática y social que tanto anhelamos.

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