Mayo 25, 2026 -HC-

Los hilos invisibles del poder


Lunes 25 de Mayo de 2026, 9:45am




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Mientras la población paceña hace filas para conseguir lo poco que aún queda en los mercados y evita pasar por el centro para no terminar atrapada entre gases, marchas y bloqueos, en Plaza Murillo el ambiente tiene otro ritmo. La tensión se siente en el aire. No es para menos: devolverle estabilidad a un país en crisis se volvió una tarea cada vez más difícil para el gobierno de Rodrigo Paz.

La estrategia del desgaste, tan utilizada en conflictos regionales, parece no estar funcionando igual a escala nacional. La Paz todavía no es un campo de batalla, pero el cansancio económico, político y social empieza a sentirse con fuerza en cada rincón de la ciudad.

En ese clima de incertidumbre aparecen también los nombres que operan lejos de las cámaras. Uno de ellos es el argentino Fernando Cerimedo, a quien muchos ya llaman el “monje negro” o el “rey susurrante” del presidente. Medios internacionales, entre ellos El País, ya hablaron de su influencia en Bolivia. Pero en medio de semanas de conflicto y presión permanente, el debate sobre quiénes toman realmente las decisiones parece haber quedado en segundo plano. Todo es urgente. Todo debe resolverse de inmediato.

Cerimedo, sin embargo, no sería el único actor con peso dentro del entorno presidencial sin un cargo formal claramente visible. Alrededor de Paz se habría consolidado un círculo de figuras que forman parte de la verdadera arquitectura del poder. Ahí aparecen nombres como Mauricio Zamora Liebers, José Gabriel Espinoza y Leyla Medinaceli, exviceministra durante el gobierno de Evo Morales, además de un par de hermanos, operadores vinculados a las familias Medinaceli y Ávila. En ese mismo entorno también vuelve a aparecer el nombre del exministro Manuel Canelas.

Todo esto deja al descubierto una realidad incómoda: el recambio político prometido nunca terminó de concretarse. Lo que antes se conocía como la “masacre blanca”, ese cambio total de funcionarios entre gobiernos, hoy parece haberse congelado. Dentro del aparato estatal existe molestia porque muchos funcionarios que llegaron hace apenas seis meses siguen compartiendo oficinas y espacios de decisión con operadores de las gestiones de Evo Morales o Luis Arce. Cambian los discursos, cambian las alianzas, pero varios nombres permanecen intactos.

No queda claro si esto responde a una estrategia de gobernabilidad, a pactos silenciosos o simplemente a la imposibilidad de desmontar estructuras enquistadas durante años. Pero mientras el tiempo avanza, crece la sensación de que Bolivia vive bajo una especie de poder híbrido, donde las decisiones no siempre parecen nacer desde el poder formal, si no un reflejo de sobrevivencia.

Y ahí aparece la pregunta de fondo: ¿quién gobierna realmente? Porque mientras el ciudadano común intenta sobrevivir entre filas, incertidumbre y miedo al futuro, en las alturas del poder parece librarse otra disputa, una mucho más silenciosa: la de los grupos que pelean influencia detrás del escenario.

Cuando los gobiernos comienzan a depender más de operadores invisibles que de instituciones transparentes, la democracia no se debilita únicamente en las calles. Empieza a vaciarse desde adentro.

Lic. Miroslava Fernandez Guevara

Periodista y politóloga

www.miroslavafernandez.com

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