Marzo 10, 2026 -HC-

Bolivia y el "escudo" de Trump


Lunes 9 de Marzo de 2026, 11:00pm




...

El presidente Rodrigo Paz viajó a Miami con las valijas plenas de expectativas y ahora las regresa llenas de compromisos en el marco de la estrategia estadounidense de construir un escudo —como el del Capitán América— contra el crimen organizado.

Donald Trump quiere que Estados Unidos vuelva a pisar fuerte en América Latina, después de un largo período en el que cedió influencia al frente cubano-venezolano, a Rusia y, más recientemente, a China.

En el tablero geopolítico regional, rusos y chinos movieron sus piezas con extraordinaria facilidad. En poco tiempo lograron presencia en puntos estratégicos como el Canal de Panamá y realizaron millonarias inversiones en infraestructura de conexión comercial, como el puerto de Chancay, en Perú.

En el caso de Rusia, varios estudios han demostrado que en América Latina también se llevaron adelante “operaciones especiales”, aunque —obviamente— sin la envergadura bélica y expansiva de la emprendida en Ucrania.

Con menor “torpeza”, pero con igual efectividad, la diplomacia rusa consiguió, por ejemplo, el alineamiento diplomático de Bolivia en votaciones de las Naciones Unidas relacionadas con la guerra en Ucrania.

La presencia rusa en Bolivia se manifestó no solo en la transferencia tecnológica para la construcción del Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología Nuclear en El Alto, sino también en el poco disimulado interés por alcanzar acuerdos favorables para participar en la explotación del litio y en otros negocios estratégicos.

Entre las cartas jugadas por Vladimir Putin con Bolivia figura también el envío de combustibles en barcos tanqueros con banderas de terceros países, una maniobra destinada a burlar las sanciones que pesan sobre las exportaciones rusas desde 2022.

En paralelo, durante los últimos años China orientó su inversión hacia la construcción de caminos, hidroeléctricas y plantas de tratamiento de agua. De hecho, varias de las escasas obras camineras importantes realizadas en la última década llevan sello asiático y representan hoy una porción significativa de la deuda externa bilateral del país.

Pero estos son otros tiempos.

Con Marco Rubio al frente de la diplomacia estadounidense, Donald Trump busca asumir el papel de Capitán América y reunir a un grupo de aliados continentales —algo así como los Vengadores— para enfrentar una mafia de múltiples cabezas —no solo narcotráfico—, contener el avance de otras potencias y garantizar que los intereses estadounidenses sean asumidos, por la fuerza, la diplomacia o la presión comercial, por países con orientaciones políticas tan diversas como Argentina, Venezuela o México.

En los vaivenes de la política internacional y en los inesperados reacomodos del orden mundial, hay países protagonistas y otros que, de una u otra manera, deben adaptarse a las reglas del juego e intentar sacar el mayor provecho posible de cada coyuntura.

La imagen del presidente Trump rodeado de líderes latinoamericanos que encabezan gobiernos de centro derecha o derecha, mientras firma el acuerdo para la creación del escudo contra el crimen, resulta elocuente respecto del rumbo que podrían tomar las relaciones entre Bolivia y Washington, al menos por ahora.

///

El orden mundial no es algo estático, y mucho menos en la actualidad. Los cambios registrados en los últimos setenta años han sido dramáticos y la duración de cada ciclo parece acortarse cada vez más.

Las piezas se mueven con rapidez inusitada y ningún poder se prolonga más allá de lo que finalmente deciden los pueblos, independientemente de cuán predominante parezca una “narrativa”. A la Bolivia de Rodrigo Paz le toca ser parte de un capítulo, porque, a fin de cuentas, toda construcción política —incluida la de los Vengadores— tiene un principio… y también un The End.

///