Febrero 02, 2026 -HC-

Reconceptualizar la felicidad en la crianza


Lunes 2 de Febrero de 2026, 6:45am




Hace unos días observaba cómo una niña —de no más de diez años— insistía a su madre para que le comprara una bicicleta. La madre, al principio, le explicaba que era un poco cara y que sería mejor esperar. Sin embargo, ante la insistencia constante de la niña, terminó cediendo y le dijo: “Si esto te hace feliz, te la compraré”.
 Al momento de pagar, la madre justificaba su cambio de opinión ante la vendedora diciendo que lo más importante era que su hija fuera feliz, sin importar nada más.

Esta situación me hizo reflexionar sobre cómo los padres transferimos significados acerca de lo que es la felicidad. Partiendo de la certeza de que todo padre y madre, de manera natural, busca la felicidad de sus hijos, resulta necesario detenerse a definir qué entendemos por ella y cuáles son los aspectos esenciales que guían la crianza.

Considerando que, en el proceso formativo, una responsabilidad vital de los padres es generar conversaciones significativas —especialmente en pareja— en torno a qué se entiende por felicidad, dónde se encuentra y cómo se estimula a los hijos a alcanzarla.

Sobre este tema, es importante reconocer que algunas corrientes de la psicología y del autodesarrollo, a través de una gran cantidad de libros, videos y conferencias, promueven ideas positivas en torno a la felicidad. Sin embargo, también existen planteamientos algo extremos, que instalan una noción de felicidad ilimitada, individualista y desvinculada del deber, del otro y del bien común. Ejemplo de ello son premisas como: “Todo lo que te haga feliz es válido”, “Si no te hace feliz, aléjate” o “Tú eres tu prioridad absoluta, por lo tanto busca todo lo que te haga feliz”.

Siento que una sociedad más sana y estable sería aquella que no base la felicidad en tener todo lo que se desea, sino aquella que funda y estimula comportamientos espirituales, es decir, acciones trascendentes y elevadas.

En este punto, resulta útil considerar lo que plantea Daniel Goleman en su libro Inteligencia emocional, donde afirma que una de las fuentes más profundas y duraderas de bienestar emocional no es el placer inmediato, sino las conductas prosociales: dar, ayudar y contribuir al bien de otros.

Desde esta perspectiva, y volviendo al ejemplo de la madre cuya prioridad es la felicidad de su hija, cabe preguntarse si la felicidad de esa niña está realmente en la posibilidad de tener, o más bien en el aprendizaje del dar.

No me cabe duda de que el tema de la felicidad da para mucho. Sin embargo, en esta ocasión solo he querido reflexionar sobre cómo los padres pueden transmitir un concepto distinto de felicidad y una fuente diferente para alcanzarla. Si comprenden e incorporan lo propuesto por Goleman, muchas de las actividades familiares podrían pensarse desde actos concretos de servicio. Por ejemplo, planificar una vez al mes actividades en familia orientadas a la comunidad: visitar hospitales, hogares de ancianos, orfanatos u otros espacios similares, no sólo para dar cosas materiales, sino para dar momentos especiales con quienes pueden estar necesitando algo.

Estas ideas de planes familiares pueden parecer poco habituales, pero vale la pena que los padres se atrevan a probar, junto a sus hijos, esta fuente de felicidad.

Este desafío resulta aún más pertinente si consideramos que, según el World Happiness Report 2025 de Naciones Unidas, Bolivia se ubica en el puesto 74 entre 147 países evaluados, lo que invita a reflexionar no solo sobre cuánto buscamos la felicidad, sino también sobre cómo la estamos construyendo y transmitiendo.

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