El conflicto aún irresuelto por el decreto 5503 pone en evidencia algunos puntos que deben ser encarados por el gobierno de Rodrigo Paz para evitar que el mismo se descontrole, para contener el descontento social, contribuir a constituir un escenario político más ceñido a la realidad que la que se ve ahora y, lo más importante, llevar a Bolivia hacia lo que la mayoría de la población espera.
Sin embargo, antes es imperativo señalar que una medida tan importante como la del 5503 pudo haber naufragado a las horas de su promulgación si es que el gobierno del MAS no se hubiera empeñado en descuartizar a las organizaciones sociales, si en estas décadas tanto izquierdistas en el poder como derechistas en la comodidad de la oposición no hubieran vaciado el proyecto de país.

Articulación y negociación política. Quizás este sea uno de los puntos más débiles del gobierno de Paz Pereira. ¿Quién o quiénes son responsables de la articulación política entre el Ejecutivo, el Legislativo, las organizaciones sociales, grupos ciudadanos, entidades cívicas del país? Y quienes tengan esa responsabilidad deberían tratar con igualdad de condiciones a las diferentes representaciones sociales, regionales y ciudadanas, en busca de un acuerdo nacional para sacar al país de la crisis.
Imprescindible comunicación. El rechazo a la política comunicacional del masismo no significa que no haya lugar espacio para la comunicación política, desde el Estado. El mismo presidente del Estado ha disminuido el contacto con la ciudadanía, desde las redes sociales. Hoy, en pleno desarrollo del conflicto, el formato voz a voz desde los movimientos sociales, los guerreros digitales y los políticos que crecen en las protestas, son más eficientes y potentes.
El descontento de la población. La población boliviana, la que vive en las grandes urbes, las ciudades intermedias y los municipios rurales, está molesta con el masismo que ha buscado aprovecharse del Estado a favor de algunos pocos. Esa ciudadanía optó por elegir un cambio político que se ha diluido en pocas semanas por las tempranas disputas en el oficialismo. Y ese descontento se ha transformado en confusión pues en el actual conflicto los agoreros ganan la batalla frente a quienes deben dar certidumbre.
Pequeños grandes problemas. Hoy la mayoría de la población está preocupada por salir de la crisis económica. Y quiere dejar atrás al masismo y sus consecuencias. Así, hay asuntos que son de enorme importancia para el bolsillo: la provisión oportuna, rápida y segura del GLP en todo el territorio nacional, el respeto a las tarifas del transporte público contra el abuso de los choferes o, en otro caso, el freno al alza constante de los precios de alimentos básicos, como la carne de res.
Visión de país. Es posible impulsar una visión de un país inclusiva, que es lo que se trabado en los últimos 20 años. Es posible escuchar para gobernar, no para imponer. Y eso significa hacer una verdadera política del Estado. ¿Quié se va a oponer al desarrollo del país? O ¿atraer capitales para proyectos de inversión? Pero también para dar una verdadera oportunidad a los emprendedores o a los trabajadores? ¿Al igual que para los empresarios nacionales?
Bolivia eligió el camino del cambio. Y transcurrir por él no es y ni ha de ser fácil. Lo que es espera es que los líderes del país sean consecuentes con la población. Si no ocurre aquello, el conflicto podría desbordarse peligrosamente. Así, la semana que se inicia es una oportunidad para intentar algo más allá de lo tradicional y rancio. Que surja una estrategia frente a un conflicto atípico.
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