En días recientes se ha conocido la opinión de un consultor en minería y energías limpias y un abogado corporativo experto en arbitrajes sobre los contratos del litio firmados por el anterior gobierno con el consorcio chino Hong Kong CBC y el grupo ruso Uranium One.
Advierto a mis lectores que no se trata de expertos en litio, razón por la cual sus argumentaciones son demasiado débiles como para persuadir a nadie acerca del supuesto imperativo de preservarlos y adaptarlos a la nueva ley del litio.
Arranco indicando que su enfoque, claramente identificado con los intereses de las compañías extranjeras, gira en torno a muy pocas ideas, todas ellas carentes de asidero conceptual y/o técnico. La primera, se refiere al aparente plazo fatal (año 2030) para el desarrollo del litio boliviano. La segunda es que el consorcio chino y el grupo ruso no sólo son socios tecnológicos de primera línea, sino que brindarían la oportunidad más importante en la historia del país para industrializar el litio. La tercera, constituye el ilusorio potencial del Salar de Uyuni y el Salar de Coipasa para desarrollar proyectos de litio en Bolivia. La cuarta es que habría consecuencias de una eventual ruptura contractual. Y, la quinta, es que los contratos podrían adaptarse a la nueva ley del litio. A continuación, paso a evaluar cada uno de estos puntos de vista.
En primer lugar, sin duda, es necesario que Bolivia se introduzca en el mercado global del litio a la brevedad posible, pero no es cierto que, en este momento, el año 2030 constituye un “horizonte limitado” o algo parecido. La evaluación de este criterio se puede abordar desde una perspectiva general y otra específica. A nivel general, el comentarista en minería y energías limpias no sospecha que justamente para ese año se terminarán de consolidar lo que yo he denominado los “shocks de demanda de litio”, lo que generará una presión sostenible, aunque limitada, hacia la suba de los precios del recurso crítico. Le invito a seguirme en X.com (@jczuleta) para enterarse de este concepto y sus implicaciones. Por tanto, 2030 no es el año tope para que Bolivia ingrese con pie firme en el mercado del litio sino más bien el punto de inflexión, a partir del cual el metal estratégico empezará a reinar en materia energética en el mundo. A nivel específico, el plan acotado para desarrollar el litio estaría vinculado a la posible reconfiguración del mercado, de 2030 en más, en función de nuevas tecnologías, fuentes alternativas y competencia creciente. Conviene que el experto en cadenas de valor se informe mejor en relación con nuevas tecnologías que podrían desplazar al litio, entre las cuales cita al hidrógeno y al sodio. En efecto, el hidrógeno no viene a ser competencia alguna para el litio debido a dos razones fundamentales: Su bajísima densidad energética volumétrica y las dificultades que aún existen en su óptimo almacenamiento. Esto explica por qué la mayoría de las fábricas de automóviles del mundo o han dejado en suspenso sus programas de desarrollo de esta alternativa energética o los han descartado de manera total. En cuanto al sodio, se conoce que sólo contribuirá a complementar la oferta de sistemas de almacenamiento energéticos, explotando fundamentalmente nichos de mercado, pero sin posibilidades de desplazar al litio de manera significativa de los diferentes segmentos del mercado, principalmente debido a dos factores: El precio de las baterías de litio, que crecerá pero no de manera desenfrenada y la disponibilidad de materiales, particularmente para el ánodo de estos sistemas de almacenamiento energético. Respecto a otros minerales críticos, me parece que el experto tuvo un lapsus calami ahí, en la medida en que no veo a cuáles otros minerales críticos podría referirse como posibles sustitutos del litio. De otro lado, el reciclaje del litio como fuente alternativa de litio es un espejismo por cuanto las baterías actuales ya tienen prácticamente la misma vida útil de un vehículo promedio, razón la cual, las baterías que entren en operación hoy, por ejemplo, se podrán reciclar recién dentro de 10 a 15 años, mientras que las de dentro de unos años podrían durar incluso más tiempo, convirtiendo el reciclaje en una fuente alternativa de litio prácticamente irrelevante en la actualidad, además de que todavía constituye un proceso relativamente caro, esencialmente inviable desde una perspectiva económica debido a los precios relativamente moderados del litio proyectados para los próximos 10-20 años. Por último, en torno a la competencia creciente que podría amenazar el ingreso tardío de Bolivia al mercado, le hago notar al “experto” que, tal como se explicará a continuación, ninguno de los socios estratégicos que tanto pondera ofrece solvencia técnica suficiente para competir en los siguientes años, por lo que este punto carecería de todo sentido.
En segundo lugar, que quede claro que ninguno de los socios estratégicos tiene trayectoria alguna en proyectos de litio en salmuera. Empecemos por el primero. Hong Kong CBC Investment Limited Sucursal Bolivia es un consorcio chino conformado por tres compañías: Contemporary Amperex Technology Co. Ltd. (CATL), una fábrica de baterías de litio, Guangdong Brunp Recyccling Technology Co. Ltd. (BRUNP), una empresa subsidiaria de CATL y CMOC Group Ltd. (anteriormente denominada China Molybdenum), una empresa minera. Como ya se indicó, ninguna de estas empresas posee experiencia en extracción de litio a partir de salmueras. CATL sí posee minas de litio en Yichun City, Provincia Jiangxi, China, pero son de mineral de lepidolita que no tiene ninguna relación con la producción de litio en salares. Un dato super interesante aquí es que todo parece indicar que el costo de producción de ese tipo de minerales excedería al precio de los mismos en el mercado spot chino y que CATL sólo operaría estas minas para nivelar el precio del metal en el mercado mundial. De hecho, la suspensión de la operación de estas minas en agosto de este año por razones regulatorias habría contribuido a una reciente alza del valor de litio en el mercado spot chino, en los últimos tres meses, mientras que el anuncio de que muy pronto se reabrirán, habría empezado a generar en los últimos días presiones hacia la baja o estancamiento del mismo. Lo que el experto en cadenas de valor no parece entender es que ni su renombre en la fabricación de baterías de litio, al poseer la mayor cuota parte del mercado global de tales dispositivos, ni sus minas de lepidolita, convierten a CATL en un socio estratégico de primera línea para extraer litio del Salar de Uyuni. Es más, la posibilidad de que CBC pueda contribuir de manera efectiva a la transformación de materias primas (carbonato de litio) en bienes diferentes (baterías de litio) vía industrialización del metal sólo se limita a un período de reinversión, después de los primeros 10 años de operación del proyecto, sujeto a un estudio de factibilidad. O sea que no es correcto decir que este contrato es sobre industrialización del litio. Por su parte, Uranium One, subsidiaria de Rosatom, una de las más grandes empresas de producción de energía nuclear en el mundo, tampoco posee trayectoria relevante alguna en litio y mucho menos en extracción de litio a partir de salmueras. La única referencia que se tiene de esta empresa en esta materia es que, en 2022, intentó desembarcar en el negocio del litio en asociación con la empresa canadiense Alpha Lithium para desarrollar el Salar Tolillar en Salta, Argentina. Sin embargo, a raíz de la invasión de Rusia a Ucrania, la minera del norte decidió suspender su acuerdo de sociedad con la cuarta empresa productora de uranio de la tierra, según datos para 2018. Por último, con base en información de la propia empresa y fuentes oficiales, se puede verificar que Uranium One no produce un solo gramo de litio en ninguna parte del planeta. Por tanto, cuando nos referimos al consorcio chino y al grupo ruso, mencionados anteriormente, pregunto a los grandilocuentes “expertos” ¿de qué socios estratégicos de primer nivel en el tema del litio podemos hablar?
En tercer lugar, dudo que el Salar de Uyuni tenga más potencial que los 60 proyectos ejecutados en la actualidad en Argentina porque, entre otras cosas, los recursos de litio del salar más extenso del mundo solamente alcanzan a 21 millones de toneladas de litio de contenido metálico, de los cuales, el 90% corresponden a recursos inferidos, que tienen pocas probabilidades de convertirse en reservas, mientras que, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, los salares argentinos ya cuentan con 4 millones de toneladas de litio de contenido metálico en reservas. Asimismo, es ampliamente conocido que, en promedio, los salares argentinos tienen mejores concentraciones de litio que el Salar de Uyuni. Respecto a los 15 a 20 proyectos de litio en Uyuni y los 2 a 3 proyectos en Coipasa que se podrían ejecutar, sin especificar dónde, parecería que el conocimiento del experto en minería y energías limpias no alcanza para entender que, más allá de los recursos existentes en el sur y el norte del Salar de Uyuni, la concentración promedio de litio en el resto del lago de sal más alto del mundo y Coipasa es demasiado baja como para competir con Chile y Argentina, a no ser que se aplique nuevas tecnologías de extracción directa integral, sugeridas por el autor de este artículo, que aún requieren un proceso de experimentación y desarrollo, aspecto sobre el cual no dice nada. En este sentido, su aseveración de que, para implementar todos esos proyectos, primero debemos demostrar que somos capaces de ejecutar los acuerdos con los chinos y rusos sólo demuestra su falta de criterio técnico y su clara parcialidad con las empresas extranjeras.
En cuarto lugar, la advertencia del abogado corporativo y experto en arbitraje internacional de que la ruptura de los contratos podrían tener consecuencias “en un momento en que el país necesita inversión, estabilidad y credibilidad”, cuestionando inclusive la prohibición de concesiones mineras y el control estatal del 51% establecidos en nuestra Constitución, no hace otra cosa que reforzar los argumentos del otro comentarista, pasando por alto todos los argumentos presentados en los párrafos precedentes, rematando su posición con un comentario muy parecido: “Preservar lo avanzado es una señal de seriedad”. Después de leer estas frases, uno se queda pensando si todas estas elucubraciones solo son el resultado del conocimiento limitado de los comentaristas o si responden a otras motivaciones.
En quinto lugar, en un intento por dar la impresión de que sus intenciones se identifican con la defensa de los intereses de Potosí, se atreven a sugerir que, una vez, se apruebe la Ley del Litio, los contratos vigentes se ajusten a sus disposiciones, en particular en relación con la participación regional, distribución de beneficios y estándares ambientales, olvidándose de que en los mencionados contratos existen cláusulas expresas que impiden la modificación del contrato precisamente en esos aspectos. En efecto, el inciso c de la cláusula 24 del contrato con CBC establece que “si durante la etapa de operación y mantenimiento existe algún cambio legislativo o tributario en las leyes aplicables, que impida a viabilidad económica del proyecto, las partes podrán extinguir el presente contrato a solicitud del operador”, en cuyo caso “YLB deberá reembolsar al operador el monto invertido en la implementación de la planta”. En consecuencia, la pregunta que salta a continuación es si entendieron lo que leyeron en los contratos.
Concluyo respondiendo al primer “experto” con relación a que el litio sería más importante para Bolivia que para el mundo que el sesgo de sus argumentos no tiene límites al obviar de plano todo el lado de la demanda en la ecuación de mercado del metal más estratégico de la historia mundial reciente, condenando a Bolivia a aceptar términos de contratos claramente desventajosos que nunca debieron ser suscritos y que deben merecer el rechazo inmediato y definitivo por parte de la Asamblea Legislativa Plurinacional.
* Analista de la economía del litio



