Como sucede cada cambio de ciclo histórico en el país, todo el campo político está en proceso de reconfiguración. Los partidos, las instituciones, las organizaciones sociales, las empresas y también los medios de comunicación atraviesan transformaciones, a veces drásticas, que reflejan el nuevo escenario nacional. Con el fin del ciclo del MAS y el surgimiento de un nuevo momento histórico se han abierto una serie de debates sobre la configuración y las mutaciones de estos campos, y uno de los escenarios que necesita un debate urgente es el de los medios de comunicación.
Hay varias continuidades en el campo mediático, pero hay también muchas rupturas. Hoy tenemos en Bolivia un campo mediático complejo y diverso. Pero también desigual y polarizado. Los medios “tradicionales” como la prensa escrita, radios y TV se mantienen vigentes pese al explosivo avance de los medios digitales y las redes sociales. No ha sucedido lo que hace una década se temía: que el internet iba a reemplazar a todos los medios. No ha pasado ni en países avanzados ni en los de este lado del mundo.
Eso sí, no todos los medios han sobrevivido y los que sí lo han hecho se han reconfigurado totalmente de acuerdo a las exigencias tecnológicas que impuso el avance del Internet. Esto implicó una serie de transformaciones en el modelo de negocios, la formación del personal, la administración y la mirada editorial, cambios que han tenido que imponerse en el campo mediático a veces de formas traumáticas.
Hoy la principal competencia de los medios no son solo otros medios, sino los influencers, los creadores de contenido y otros más que cada cierto tiempo aparecen y desaparecen, convirtiéndose a veces en parte de los medios tradicionales y a veces en contendientes. Las audiencias ya no esperan la información en las franjas de los noticieros, ahora van por ellas en las redes, a veces convirtiéndose en protagonistas y reporteros.
La revisión bibliográfica nos muestra que estaríamos en una nueva etapa en la que las redes y el internet ya no solo son la normalidad, sino que se abrió paso a otra época donde las IA y los chatbot, que hace 15 años eran solo un sueño, dominan el escenario.
En Bolivia el proceso de adopción tecnológica ha sido, históricamente, más lento que en el resto de las regiones. La radio llegó a Argentina en 1920 y ocho años después se dio la primera emisión en Chuquisaca y La Paz. La TV llegó a Brasil en 1950, a Argentina en 1951 y Uruguay en 1956. En Bolivia la primera señal, de Televisión Boliviana, salió al aire en 1969. El Internet llegó a Chile en 1980, Argentina en 1988 y Bolivia en 1990. El país vio salir su primer portal noticioso en 1996, siendo uno de los primeros de la región, pero con poco desarrollo hasta la década de los años 2.000. Durante el periodo del “proceso de cambio” hubo un intento de centralización estatal hegemónica de los medios, vía cooptación o presiones, pero que no coaguló nunca. Tras la Pandemia de Covid 19 el 2019 - 2022 la digitalización avanzó a pasos acelerados y hoy tenemos una diversidad casi inescrutable de medios digitales de diverso tipo y fin, un tema que merece otro capítulo.
La propiedad de los grandes medios no ha sufrido cambios significativos. En la década de los 80 y 90 del siglo pasado, durante la explosión de medios privados de la época ‘neoliberal’, los medios tradicionales se concentraban en pocas familias. Hoy eso no ha cambiado, aunque la proliferación de portales digitales ha ampliado significativamente la base de medios y de propietarios, que tienen una amplia capacidad de difusión, lo que puede generar cierto ‘contrapeso’. Aquí el acceso a la publicidad, tanto privada como estatal, es otro ámbito de debate.
La calidad del trabajo periodístico también ha sufrido cambios. Los reporteros hoy son cuestionados desde diversos sectores de la sociedad, muchas veces con razón. Las nuevas audiencias, la desinformación, los discursos de odio, la polarización y la configuración de “burbujas de pensamiento” en las redes, además de las no pocas fallas de la prensa, han minado la credibilidad de los medios.
Este escenario se complejiza más cuando gran parte de los trabajadores de la prensa tienen condiciones poco favorables para desarrollar su trabajo. Con sueldos extremadamente bajos, sin seguros ni equipos, y también bajo constante asedio de los distintos grupos de poder, los trabajadores de este sector están entre los peores tratados del mercado laboral, según un estudio de Cedla (2024).
Pero nada ha desanimado a la pléyade de informadores, que ponen sus mejores oficios ante estos complejos desafíos. Y el interés cada vez más creciente de la ciudadanía por obtener información creíble, contrastada y verificada es un aliciente para continuar con esta labor pese a los riesgos y las decepciones.
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