Cada vez hay más evidencias, sobre todo en modelos animales, de que la diversidad y composición de la microbiota intestinal (el conjunto de microorganismos que viven en nuestro intestino) puede influir de alguna manera en la actividad cerebral y el comportamiento.
Ahora acaban de salir a la luz dos estudios que confirman que la diversidad de la microbiota intestinal está involucrada de alguna maneraen trastornos del estado de ánimo.
Es una buena noticia teniendo en cuenta que la depresión es uno de los trastornos mentales más comunes en todo el mundo. Se ha sugerido que entre un 11-15 % de la población mundial ha sufrido depresión en algún momento a lo largo de su vida.
En muchos países incluso ha aumentado recientemente como efecto secundario de la pandemia de covid-19. Sin embargo, la causa de la depresión sigue siendo en parte desconocida, su diagnóstico es complicado y las opciones de tratamiento limitadas.
Hasta enero de 2023, las sospechas de que la microbiota y la depresión podían estar relacionadas se basaban en experimentos en los que la transferencia de microbiota intestinal de pacientes humanos deprimidos a ratas libres de gérmenes inducía conductas depresivas en los animales receptores.
Por otro lado, había estudios que mostraban que el consumo de prebióticos y probióticos podía afectar al estado de ánimo y a la ansiedad en humanos.
La cosa empezó a cambiar cuando, a principio de 2019, se publicó un macroestudio con más de 1 000 pacientes en el que se correlacionaba la composición de la microbiota intestinal con la calidad de vida y la depresión.
Los investigadores encontraron que las bacterias Faecalibacterium y Coprococcus, productoras de butirato, se asociaban de forma consistente con indicadores de una buena calidad de vida. Por otra parte, las bacterias Dialister y Coprococcus estaban disminuidas en las personas con depresión.
Aunque los mecanismos biológicos subyacentes no han sido aún suficientemente estudiados, se sabe que muchas de estas bacterias están involucradas en la síntesis de glutamato, butirato, serotonina y ácido gamma aminobutírico (GABA), que son neurotransmisores claves en la depresión.
El glutamato es un neurotransmisor excitador y el butirato ha demostrado ser antidepresivo. La serotonina puede ser el neurotransmisor clave del eje intestino-cerebro y GABA es el principal neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso central que contrarresta la acción del glutamato.
Quizá la producción de neurotransmisores por la microbiota intestinal puede alterar la química cerebral y, por lo tanto, influir en el estado de ánimo y el comportamiento.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos estudios se basan en datos de secuenciación del ADN de las heces para conocer la composición de las bacterias, y que a partir de ese dato se infiere la función que podrían tener esas bacterias.
(El Comercio)


