El acceso a agua segura y de calidad es un tema pendiente en numerosas regiones de Bolivia. En los últimos tres años, 78 comunidades rurales y barrios periféricos de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz encontraron el camino para tener un grifo o un baño en su domicilio, lo que derivó en mejores condiciones de vida y salud, además de fortalecer su gestión comunitaria y permitir el empoderamiento de las mujeres, en un proceso que las convirtió en protagonistas del desarrollo de sus comunidades.
Estos son parte de los logros del proyecto #Cerrando brechas: agua y saneamiento para barrios periurbanos en Bolivia” YAKU, una iniciativa de agua, saneamiento e higiene financiada por JTI y ejecutada por Hábitat para la Humanidad Bolivia, que benefició a más de 249.000 personas, superando con creces la meta inicial de 78.420 personas.
En Bolivia, casi cuatro de cada diez personas no tienen saneamiento básico y entre el 30 y 35 por ciento del agua potable se pierde debido a las tuberías en mal estado. Por ello, el trabajo se inició con la identificación de comunidades y barrios vulnerables en el eje central del país, donde “las familias carecían de acceso digno al agua y al saneamiento, lo que impactaba directamente en su salud, su calidad de vida y sus prácticas de higiene. En muchos barrios las personas no tenían un lugar cercano para acceder al agua o un baño adecuado dentro de sus viviendas; eso hacía que prácticas básicas, como el lavado de manos, no fueran frecuentes”, reseña la memoria del proyecto.
Al evaluar el trabajo realizado durante tres años, el gerente de Asuntos Corporativos de JTI, Christian Morales Romero, expresó que “el proyecto YAKU-WASH ha impactado positivamente a más de 249 mil bolivianos, lo que representa casi el 2% de la población del país, mediante soluciones concretas que mejoran el acceso al agua potable y el saneamiento en comunidades periurbanas de Santa Cruz, La Paz y Cochabamba”.
Destacó que Bolivia es parte de los diez países que han sido beneficiados por este proyecto en diferentes regiones del mundo, donde la población necesita acceder a agua segura y saneamiento básico. A nivel global, el proyecto busca impactar positivamente en la vida de un millón de personas.
Japan Tobacco International, miembro del Grupo JT, es una empresa internacional, apasionada por la calidad y la innovación. Comercializa sus productos en más de 130 mercados, con el objetivo de ofrecer experiencias excepcionales de tabaco y nicotina a sus consumidores adultos. La compañía es propietaria global de las marcas Winston y Camel, la segunda y tercera marcas de cigarrillos más grandes del mundo, respectivamente. Con sede en Ginebra, Suiza, y herencia japonesa, la compañía emplea a más de 46,000 personas y es reconocida como Global Top Employer.
El director ejecutivo de Hábitat para la Humanidad Bolivia, Julio Aramayo, expresó que el proyecto ha permitido llevar “dignidad, salud y esperanza” a las comunidades beneficiadas. “YAKU ha dejado huella, con innovación en la vida real. Hemos instalado sistemas de cosecha de agua de lluvia que desafían la escasez; estaciones de lavado de manos, que hoy son la primera barrera contra las enfermedades; y baños con sistemas de reciclaje de agua, que hoy son ejemplo de eficiencia hídrica”, agregó.
Por su parte, el Embajador de Japón en Bolivia, Shigeharu Orihara, afirmó que el Proyecto Yaku “ha cambiado la imagen de los barrios, pero lo más importante es que ha enriquecido vidas y facilitados sus actividades diarias” y destacó el impacto que tiene la inversión de JTI como parte de su responsabilidad social empresarial.
Un enfoque integral
En Santa Cruz, el trabajo se concentró en más de 20 comunidades de los municipios de Warnes y Porongo. En Cochabamba, las acciones llegaron a la zona sur y a localidades como Arbieto, Arani, Villa Rivero y San Benito. En La Paz, el proyecto se desarrolló principalmente en los municipios de Palca y Achocalla.
En este período, JTI invirtió 1,5 millones de dólares, los que fueron destinados a mejorar el acceso al agua, implementar soluciones de saneamiento y fortalecer las capacidades de las comunidades para gestionar estos servicios. En cada región se trabajó en función de las necesidades, características y costumbres de los pobladores.
Uno de los elementos distintivos de Yaku fue su enfoque integral. El proyecto no se limitó a la construcción de infraestructura, sino que combinó soluciones domiciliarias, obras comunitarias, capacitación y generación de oportunidades económicas.
En los domicilios se instalaron lavanderías, grifos y sistemas de cosecha de agua de lluvia, además de baños con biodigestores y áreas de secado que permiten convertir los lodos en abono. “Para muchas familias, estas instalaciones representaron el primer acceso a un baño digno dentro de sus hogares”, afirmó Hábitat para la Humanidad para Bolivia.
A nivel comunitario, se construyeron tanques de almacenamiento, redes de interconexión de agua potable y plantas de tratamiento de aguas residuales. También se mejoraron baños y se instalaron estaciones de lavado de manos en unidades educativas y centros de salud, espacios clave para promover hábitos de higiene.
Fortaleciendo la organización social
El proyecto también apostó por fortalecer las estructuras comunitarias existentes. En muchas de las zonas intervenidas ya existían los comités de agua, que habían logrado acceso al líquido, pero no en las condiciones adecuadas para el consumo humano. Allí requerían apoyo técnico y administrativo.
Por ejemplo, a través de talleres y procesos de acompañamiento, se trabajó en la definición de tarifas que permitan cubrir el mantenimiento de los sistemas, en la capacitación técnica para su operación y en la inclusión de más mujeres en la toma de decisiones. Este modelo de trabajo se convirtió en un ejemplo y muchos barrios pidieron sumarse al conocer los resultados de las primeras experiencias.
Hoy varios comités han comenzado a gestionar sus propios recursos y pueden buscar financiamiento adicional con municipios, cooperativas o instituciones públicas. Además, las familias beneficiarias participaron activamente en el proceso y convirtieron su mano de obra en la contraparte necesaria para avanzar en la construcción de la infraestructura.
Innovación en terreno
Una de las principales características de Yaku fue generar soluciones técnicas adaptadas a cada territorio. Por ejemplo, en Achocalla en los últimos días se puso en marcha una planta de tratamiento de aguas residuales descentralizada, una experiencia piloto que puede marcar el rumbo en ese departamento, donde sólo existe una planta de estas características en el municipio de El Alto, con el impacto ambiental que esto tiene en los cursos de agua.
La coordinadora del proyecto YAKU, Corina Céspedes explicó que pensar en grandes plantas resulta muy costoso, por lo que este tipo de plantas pueden ser una alternativa viable para atender el problema de saneamiento. El próximo paso, junto a la cooperativa de agua, será evaluar el destino de las aguas tratadas, que -eventualmente- podrían destinarse al riego.
Biodigestores y agua de calidad
En Cochabamba, el proyecto instaló biodigestores en las viviendas de 46 familias que no podían construir cámaras sépticas convencionales. Estos sistemas permiten procesar los residuos y reutilizar los lodos esterilizados como abono; una solución especialmente útil en áreas rurales con producción agrícola.
En Santa Cruz, donde muchas comunidades ya contaban con pozos y redes, el enfoque se centró en mejorar la calidad mediante sistemas de filtración y cloración para garantizar agua segura. En la comunidad de Taperas, en el municipio de Porongo, los pobladores relatan que hace aproximadamente 15 años se perforaron pozos para la provisión de agua y contaban con sus redes, pero el líquido no era apto para el consumo humano.
Desde abril de 2025, la situación es diferente. Cuentan con agua tratada y segura, mientras en las casas se instalaron grifos y baños con todas las condiciones para cubrir las necesidades de las familias. Como en otras comunidades de la zona, cuentan con cámaras sépticas frente a la falta de alcantarillado.
Rompiendo las barreras de género
Yaku también marcó un punto de inflexión en el rol de las mujeres frente a la gestión del agua. 204 fueron capacitadas como plomeras, la mayoría en los municipios cruceños de Cotoca y Porongo, y en Arani, en Cochabamba.
La coordinadora explicó que esto ayudó a romper barreras de género en un oficio tradicionalmente masculino. Para muchas participantes, la capacitación se tradujo en una oportunidad de empleo y en una vía para alcanzar mayor independencia económica. Además, en algunos casos, las mujeres expresaron que su nuevo oficio les permitió salir de contextos de violencia familiar al contar con ingresos propios.
Ellas son las encargadas de administrar los sistemas de agua y han probado que pueden realizar el trabajo a la par de sus colegas varones.
Un modelo replicable
A medida que el proyecto avanzaba, nuevas comunidades comenzaron a solicitar intervenciones similares. Comités de agua, cooperativas y barrios periurbanos han identificado necesidades similares en distintas regiones del país.
Aunque el proyecto Yaku llega a su final, deja las bases para buscar alianzas con municipios, gobernaciones y el Gobierno central, además de aportes privados, demostrando el impacto que las soluciones comunitarias pueden tener para garantizar el acceso al agua y mejorar las condiciones de vida de amplios sectores
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