En el corazón del Valle de Cinti, en Chuquisaca, se ha forjado una de las historias más ricas del país. La bodega de Singani San Pedro, con 476 años de vida, no solo produce esta bebida con sello boliviano, sino que resguarda una herencia que atraviesa generaciones y define la identidad de Bolivia.
“Somos calidad, tradición e historia”, afirma Javier Calvo, presidente de Singani San Pedro, una marca con casi cinco siglos de historia, consolidada como ícono nacional y que hoy apunta a fortalecer su presencia en mercados internacionales.
DESDE LA COLONIA HASTA LA ACTUALIDAD
La historia de Singani San Pedro se remonta a 1550, en plena época colonial, cuando los primeros cultivos de vid —planta de la que se obtienen las uvas— fueron introducidos en el Valle de Cinti, ubicado aproximadamente a 350 kilómetros al sur de Sucre, en el departamento chuquisaqueño.
María Angélica Kirigin, periodista, investigadora y madre de Calvo, destaca que el origen del Singani San Pedro está estrechamente ligado a este territorio. “Es una historia fabulosa de casi cinco siglos”, sostiene.
Los dominicos —predicadores que llegaron a América durante la colonización española— introdujeron las primeras cepas de vid en la región, dando inicio a una tradición que evolucionó del vino al aguardiente de uva —como se lo conocía en sus inicios— hasta consolidarse como el singani.
“En sus inicios, el singani era conocido como aguardiente de uva”, explica Kirigin, esposa de Carlos Calvo Galindo (1940–2007). Él fue uno de los presidentes históricos de Singani San Pedro.
A lo largo del tiempo, al menos cinco generaciones familiares han conducido Singani San Pedro. En el siglo XVII, el capitán portugués Alonso de Fonseca Falcon impulsó la producción de aguardiente. En 1658, la propiedad pasó a manos de Antonio López de Quiroga, uno de los principales industriales mineros de la época virreinal.
Durante la Guerra de la Independencia de Bolivia (1809-1825), Indalecio González de Socasa sostuvo la producción y llegó a elaborar miles de litros de vino y aguardiente en medio de los conflictos. El rol de mujeres fue clave también en la historia de San Pedro. María Josefa Lizarazu de Linares, vinculada a la Casa de la Moneda y a la causa independentista, y Lucrecia Linares de Calvo, quien impulsó la modernización y el embotellado del producto en las primeras décadas del siglo XX.
Durante el siglo XX, la propiedad vivió un proceso de modernización clave bajo la influencia de Simón I. Patiño, el legendario “Barón del Estaño” y uno de los hombres más ricos del mundo en su tiempo, cuya visión industrial marcó un punto de inflexión en la evolución productiva de la región.
En 1973, Carlos Calvo Galindo asumió la conducción empresarial y abrió una etapa de diversificación. “Podríamos decir que la época de oro de consolidación del singani ha sido la década de los 80 y 90”, dice María Angélica.
CALIDAD QUE NO TIENE COMPARACIÓN
Para Calvo, la calidad del Singani San Pedro responde a tres factores: la uva, el territorio y el conocimiento humano. La uva moscatel de Alejandría, cultivada en Cinti adquiere características únicas.
“No es casualidad. La uva cinteña es particularmente noble, muy dulce y aromática. En apariencia es más tostada, pero cuando uno la prueba se da cuenta de la diferencia. Además, el maestro destilador decide el momento exacto para cortar las cabezas y las colas y quedarse con el corazón del destilado”, destaca el presidente de San Pedro.
Incluso San Pedro conserva un manual de producción de más de 200 años, evidencia del conocimiento transmitido de generación en generación.
UNA HISTORIA QUE SIGUE ESCRIBIÉNDOSE
Javier Calvo, quien lleva en su espalda una herencia familiar ligada a San Pedro, cuenta que este singani tiene al menos seis líneas de productos.
En la gama clásica destacan el “Singani San Pedro Bicentenario”, “San Pedro de Oro”, “San Pedro Tradicional”, “San Pedro Azul” —este último pensado como mezclador—; además de la línea Colibrí, en latas listas para consumo, y la línea premium con “Illimani”.
La marca ya exporta a países como Japón, Estados Unidos y Brasil. “Justamente, uno de los enfoques a finales del año pasado, este año y el próximo es la apertura de mercados internacionales”, manifestó el titular de San Pedro.
Las destilerías más antiguas del mundo incluyen referentes históricos como Old Bushmills Distillery (licencia de 1608), Mount Gay Distillery (1703, considerada la más antigua en la producción de ron) y La Rojeña (1812).
“Illimani” lidera la apuesta premium de Singani San Pedro
El “San Pedro de Oro” se mantiene como el producto más emblemático y vendido de esta casa de singanis, reconocido por su botella clásica conocida como “la bailarina”, un símbolo tradicional dentro del mercado.
Sin embargo, la gran apuesta de Singani San Pedro en la línea premium es “Illimani”, una edición especial lanzada en homenaje al Bicentenario de Bolivia. Tiene más de 10 años de reposo y de una sola viña.
Las botellas son fabricadas por proveedores internacionales que también trabajan con reconocidas casas de destilados de alta gama. “Son los mismos que producen botellas para casas de coñac en Francia. Al inicio no querían trabajar con nosotros por el volumen, pero cuando conocieron la historia de San Pedro, decidieron ser parte de ella”, revela Calvo.
La empresa impulsa una línea especial inspirada en los departamentos del país. Según su presidente, se prevé lanzar una edición por año: en 2025 correspondió a La Paz, mientras que en este año se espera continuar con Chuquisaca, al próximo Santa Cruz, Potosí y el resto, hasta completar los nueve departamentos de Bolivia en 9 años.


